Un momento inesperado

Capítulo 15: Mariana

No supo a dónde ir, recordó el camino por donde Lucas la guio desde el recibidor al comedor, pero era una casa enorme, miró a los lados sin saber a dónde ir, se topó con una mujer delgada de expresión seria que la miró con extrañeza, con tanta distancia que Mariana tuvo miedo de preguntar algo y siguió derecho, sintió unos pasos tras de ella y se giró, solo para encontrarse con la figura de Lucas Napolitano tras de sí.

—¿Te perdiste? —preguntó con una mueca de burla, ella trató de disimular el hecho de que en efecto estaba perdida.

—Es solo que…

—Entiendo si no te sientes cómoda, pero puedes volver a la mesa.

—Prefiero no hacerlo.

Él le hizo señas con la cabeza al abrir una puerta lateral, ella lo siguió y quedaron en el jardín, cerca había unos muebles blancos para exteriores en un ambiente como para pasar un domingo en familia con parrillera y piscina cerca. Le hizo un gesto para que se sentara, ella tomó asiento en uno de los sofás individuales y él se sentó en el grande diagonal a ella, cruzó sus piernas y se abrió el traje que llevaba puesto.

—No me voy a disculpar por el comportamiento de mi familia, estarás de acuerdo en que es comprensible. Todos estos años sin saber del niño. No actuaste de forma correcta, están resentidos y yo los entiendo.

—Si me crucifican en el jardín sería más rápido: acaban con mi vida, se vengan y se quedan con el niño, pero que el niño no vea. ¡Por favor! —dijo Mariana con la cara roja y tono altivo. A ella le parecía increíble la actitud de ellos, quienes hicieron sufrir tanto a su hermana y al mismo Mateo siendo sangre de su sangre.

Lucas rio y se acomodó en una posición más relajada.

—Ya sé de dónde sacó Biel su dramatismo. Es una reacción natural la que tienen. Yo he sido amable al dejar que vengas…

—Pues me voy. —Se levantó—. Y me llevó al niño. No necesito que sea muy amable conmigo.

—No tienes moral para hablarme en ese tono. Tú, tú que te quedaste con el niño…

—Un niño del que no sabrían hoy si Mateo aún viviera. No los quería cerca de su hijo, porque fueron malos con él, ahora se presentan con muchas ínfulas de señores agraviados, se les olvida porqué Mateo los excluyó de su vida, no fue mi culpa, fueron ustedes quienes lo alejaron —gritó Mariana dejándose ganar por la rabia, las lágrimas recorrían sus mejillas y su voz se quebró. Se cubrió el rostro y se sentó de nuevo en el sofá a llorar.

—No tienes que irte. Esta no es mi casa ya, es la casa de mis padres, pero eres bienvenida, te han invitado, eres familia del niño, eso no lo vamos a negar —comentó Lucas con voz apagada.

—La única. Soy su única familia.

—Espero que entres en razón Mariana. Tú no puedes darle la misma calidad de vida que puedo darle yo.

Ella levantó la cara y, aun las lágrimas inundaban su cara, lo miró a los ojos y se encogió de hombros.

—¿Lujos? Yo los tuve. No vivimos mal, solo no tengo los lujos de antes y no me importa. Uso transporte público cuando antes solo viajaba en auto, Biel también lo ha usado, le gusta. Los lujos no hacen la diferencia en la vida de una persona.

Mariana se secó las lágrimas y Lucas la contemplaba serio.

—No es solo lujos, es acceso a la mejor educación, al mejor sistema de salud.

—Lo tendría si no le hubiesen quitado el dinero a Mateo —arguyó Mariana.

Él asintió y suspiró, echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos por un instante, cuando los volvió abrir después de unos segundos, la miró.

—Eso está en un fondo para Biel. Ya arreglaré todo a su nombre en lo que finiquitemos lo de la prueba de filiación y me entregues los papeles originales del niño.

Ella negó.

—¿No van a reconocer que hicieron que Mateo se alejara de ustedes y no les importó sino hasta que estuvo muerto? Le quitaron su dinero, sus cosas, empezó de cero, sin ustedes, sin lo que le quitaron. Cuando nació su hijo fue el mejor día de su vida y no los necesitó, al menos no lo dijo.

Lucas se echó a llorar, cubrió su rostro y bajó la cabeza, la mantuvo así entre sus manos por unos segundos mientras lloraba, Mariana solo lo observaba, se sintió mal por decirle esas cosas, pero no entendía cómo ellos se presentaban tan soberbios y altivos cuando ella sufrió junto con Mateo y Ana las consecuencias de sus acciones.

—Lo siento —dijo Mariana. Él negó. Se incorporó y secó sus lágrimas.

—¿Qué día nació? —preguntó Lucas con la mirada fija en el piso.

—Un jueves 14 de abril al medio día —respondió ella.

—Estaba muy feliz, me imagino.

—Sí. A Ana la tuvieron que intervenir antes de lo que se había planificado, él había cancelado todo por si nacía antes, yo manejaba sus redes sociales y me tenían abrumada con la cantidad de mensajes. Él estaba muy feliz cargando al niño en sus brazos, no dejaba que nadie lo tocara o lo viera, así estuvo los primeros días.

—¿Y ese nombre?

—Lo eligió Ana, él quiso que le pusieran Mateo, como segundo nombre. —Sonrió Mariana.




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