Un momento inesperado

Capítulo 17: Lucas

Miraba a Mariana, no sabía cómo conectar con ella, la chica miraba a la nada y se mantenía seria. Observó al niño jugar en el parque, ordenaba unas piedras e invitaba a otros chicos a hacer lo mismo, lo seguían, era muy activo y feliz como cualquier niño. Lucas no sabía cómo explicar esa necesidad que sentía de cuidarlo, de tenerlo bajo su protección como si de Mateo mismo se tratara. Cerró los ojos y suspiró, recordó a su hermano y lo extrañó como siempre, mentalmente le pidió que le diera una señal de si estaba haciendo bien o no. 

Casi todas las noches antes de dormir recreaba en su mente las palabras que oyó a través de la línea: «Mateo está muerto, se mató, en un accidente horrible, se mató». Sintió que un pedazo de su corazón se lo arrancaron de forma brusca, pero luego las palabras: «Tuvo un hijo, Mateo y esa chica tuvieron un hijo», sanó un poco parte de ese dolor inicial que sintió. Gritó en medio de la desesperada situación: «¿Mateo, qué puedo hacer?». Y una frase se vino a su mente: «Mi hijo», desde ese día se propuso conseguir al niño, muchas noches no durmió pensando qué penurias pudiera estar sufriendo. Le pesaba el tiempo que se estaba tardando en conseguirlo.

Allí por fin estaba: un niño hermoso, sano, inteligente y vivaracho. Con una personalidad muy peculiar, falto de una figura paterna, pero sano, con sus dientes bien cuidados, su ropa limpia y bien alimentado, amado, cuidado por una chica que le transmitía más bien una sensación de necesidad, de protección y cuidado, que parecía frágil y humilde, aunque parecía esconder más fortaleza y sabiduría de lo que aparentaba. Con unos pocos días tratándola comenzó a ver las cosas un poco diferentes. Sin embargo, le costaba conectar con ella, ella lo veía con desprecio y recelo. Él lo entendía.

—Me cuesta entender porqué no ves que estoy siendo bueno contigo.

—No necesito que sea bueno conmigo.

—Ya deja de hablarme de usted —le dijo con tono severo. La miró de soslayo y ella asintió.

Mariana mantenía su rostro sobre sus manos, con una expresión de tristeza, ya no se veía nerviosa, estaba triste, él se sintió mal, pero sabía que sus padres o Claudio serían mucho más duros y ella ya no tendría al niño, quizás nunca se lo dejarían ver de nuevo, en cambio él estaba dispuesto a dejar que ella siguiera en su vida porque sabía que era lo justo.

—Hablaré con Alberto para suministrar los datos de mi abogado.

—No hay necesidad de llegar a eso. Mariana. Escúchame —insistió.

Ella lo miró con sus grandes ojos color marrón. Lucas se sintió conmovido por su mirada, suspiró frustrado.

—No hay necesidad de que intervengan abogados. La custodia será mía. Negociemos ahora…

Ella se levantó mirando a los lados, estaba incómoda, y él se dio cuenta, se acomodó el cabello y fue a buscar a Biel. Lo tomó de la mano, el niño protestó, zapateó y se cruzó de brazos, pero caminó tras ella, a mitad de camino ella le limpió las manos con un pequeño pañuelo y él le aceptó que lo tomara de la mano.

—Le pediré a Alberto que me recoja aquí.

—Te llevo.

—No. No te acerques más. —Bajó la mirada y cerró los ojos por unos segundos.

—Mariana, no querrás hacer esto así. Te estoy dando una oportunidad.

Ella lo miró a los ojos, tenía las mejillas rojas, negó con la cabeza.

—Te crees muy bueno.

—No me creo nada, manejo los hechos. Me quedaré aquí hasta que se vayan, si no quieres que los lleve.

Mariana le habló a Alberto y esperó sentada en la parte externa del Restaurante, Biel jugaba con Lucas, conversaban mientras ella se quedaba de pie en un rincón. Lucas la miraba de vez en cuando, pero ella mantenía la misma expresión y la misma posición. Alberto llegó y ella tomó al niño sin despedirse y se subió al auto de Alberto, con quien él cruzó una mirada tensa.

Lucas llegó a su oficina, donde lo esperaban su padre, Claudio y los abogados. Se sentó frente a los hombres y se sirvió un té frío. Todos lo miraban expectantes.

—Alberto renunció —comentó su padre.

—Sí. Me dijo que lo haría —respondió Lucas.

—Es lo mejor —opinó Claudio—. ¿Cómo te fue con la chica?

Lucas se encogió de hombros.

—No entiende de razón.

—Te lo dije, quieres tenerle mucha consideración. No la merece —espetó Claudio.

—Le ofrecí una carrera, un apartamento, mantenerla prácticamente, no sé qué quiere.

—¿Querrá dinero? ¿Querrá manejar al niño por el dinero? —preguntó Claudio.

Lucas hizo un gesto que dejaba ver que desconocía la respuesta.

—¡Quítaselo ya! Y que vaya presa, por secuestro —dijo Vincenzo.

—No hay necesidad de eso —respondió Lucas.

—Presa no tendrá al niño, no hay nada que hablar con ella —replicó Vincenzo.

Lucas le hizo seña al abogado y afirmó con gesto.

—Ni casa tiene, ahora está arrimada en la casa de Alberto, no tiene trabajo, no tiene nada, y ahora Alberto tampoco tiene trabajo —dijo Lucas.




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