Un momento inesperado

Capítulo 23: Lucas

Lucas se sintió en una nube. Se dio cuenta de que sonreía como tonto cuando se miró en el espejo del ascensor. Suspiró y cerró los ojos, no iba a negar lo bien que la pasó, no quería que el día terminara, también sabía que no había sido solo por el niño, disfrutó mucho la compañía de Mariana. Fue un día bonito, como no recordaba haber tenido uno antes, y todo fue tan sencillo: solo la carrera de autos, comer helados, pasear por un parque. Se sentía vivo y eufórico, lleno de energía.

Se subió a su auto y manejó con música alegre a todo volumen. Recordaba las ocurrencias de ella y se reía, su conversación era muy fresca y espontánea, estaba libre de malicia, era muy dulce, y en sus ojos había un peso de vivencia y sabiduría que él comprendía bien, le pesó ese tiempo que ella estuvo sola. Ella no se parecía a nadie que hubiese conocido, y con ella podía ser un poco más él.

Llegó a su casa y lanzó las llaves sobre la mesa de centro, se recostó en el sofá sonriendo, recordando el día tan genial que tuvo, y de la sensación que aún tenía de abrazar a su sobrino y alzarlo en brazos. Se sobresaltó cuando escuchó unos tacones, abrió los ojos y se incorporó en el sofá. Bárbara salía de su cocina.

—Amor. Acabo de llegar. No tengo mucho rato. ¿Tanto estuviste con el niño? —preguntó ella bebiendo algo que se había servido.

—Sí. La pasamos muy bien, fuimos a las carreras, a comer helado, a pasear en el parque.

—Qué lindo, amor. ¿Él se da contigo no?

—Sí, le agrado mucho.

—¿Y tú chaqueta?

—¿Qué?

—¿La chaqueta con la que saliste?

—¡Ah! Eso sí, cubrí a Biel con ella y la olvidé en el auto.

Lo besó en la mejilla y le sonrió.

—Descansa. Te ves agotado —dijo ella.

—¿Cómo va lo del cumpleaños de Biel?

—Bien. Ya contratamos a los mejores músicos de la ciudad, tendrá el mejor entretenimiento, el problema es que no tiene amigos, lo presentaremos con los de nuestro círculo, así tendrá amigos.

—Cierto, no había pensado en eso. Gracias, Bárbara. —Le sonrió y acarició su brazo—. Me alegro de que mi madre y tú se estén ocupando, no quiero que Mariana y Alberto critiquen nada.

—¿Los vas a invitar? Supongo que no, sería una locura, tus padres se pondrán furiosos.

Él la miró incrédulo, pero después sopesó que quizás ella tenía razón.

—Quiero llevar la fiesta en paz, quizás no quieran asistir, pero los voy a invitar.

—Ella se presentó en la casa, muy descarada, no debiste llevarla, no lo hagas por segunda vez, respeta la casa de tus padres, si quieres traerla aquí, que es tu casa, es otra cosa. No la invites —insistió.

Afirmó. Bostezó, se echó hacia atrás en el sofá. La atrajo hacia él y besó su frente.

—Voy a darme un baño, quedé muy agotado.

—Bien. Te espero.

Lucas daba vueltas en la cama, ya Bárbara se había dormido. Él no podía, se tentó y le escribió a Mariana.

22:23 PM Lucas: «Lo siento, sé que es tarde. ¿El niño no se despertó?».

22:25 PM: Mariana: «¡No! Sigue dormido, sus párpados bailan mucho, seguro está soñando. Tuvo un día agitado, mañana no parará de hablar del genial día que tuvo».

22:25 PM Lucas: «¡Qué bueno! Yo también la pasé genial. Dale un beso en la frente por mí».

22:25 PM Mariana: «Seguro que sí, qué duermas bien».

«¿Por qué haces esto, Lucas?», se cuestionó. Él niño no iba a responder a esa hora. Claramente esperaba hablar con ella, y leyó el «genial día que tuvo» como si fuera ella quien la pasó genial. Sacudió la cabeza.

La imagen de sus ojos se quedó grabada en su pupila, se dijo que hasta esa noche lo permitía, al día siguiente debía olvidarse de esas tonterías, pero esa noche se las permitía porque se sentía feliz como no se había sentido feliz en muchos años y ese sentimiento le gustó, sonrió con los ojos cerrados pensando que así se sentía ser feliz, y recordó también que la felicidad es solo eso, momentos que se van, por lo que dormiría tarde reviviendo todo porque ese momento ya se había ido. Y supo que quería más momentos así.

Cuando despertó, revisó su teléfono enseguida, tenía varios mensajes de Mariana, sonrió y se sentó en la cama, los abrió, había una nota de voz en la que Biel le explicaba que la pasó muy bien, y le pedía que se acordara de buscarle trabajo como corredor de autos, que el necesitaba ayudar a su mamá, que les dijera que su papá corría motos, para que le dieran el trabajo. Lucas rio a carcajadas con el audio.

En otra nota Mariana le decía que el niño despertó eufórico y no paraba de correr por todo el apartamento, que quería verlo de nuevo, que apenas despertó quería llamarlo. Le gustó el sonido de su voz y quedó risueño mirando el teléfono.

—¿Y ese escándalo? —preguntó Bárbara ya vestida, se mantenía de pie junto a la puerta de la habitación.

—El niño, quedó feliz por el paseo de ayer.

—Sí, pero oí la voz de ella —dijo seria.




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