Un momento inesperado

Capítulo 25: Lucas

Entró a la sala de estar donde estaban reunidos todos. Su padre se levantó y lo recibió con un abrazo, luego él se sentó frente a ellos con un gesto de cansancio.

—Y bien, hijo, cuéntanos cómo va todo —dijo Vincenzo.

—Ya recabamos toda nuestra evidencia, nuestros papeles están completos. Vamos adelante.

—Escuché que el abogado de ella es bueno, parece que tiene a Marta convencida de ciertas cosas.

—Nada de eso importa. La evidencia es la evidencia —afirmó Lucas.

—Igual hablaré con Marta y su esposo este fin de semana —aseguró Vincenzo.

—Me gustaría hacer las cosas sin influencias, Alberto sabe que es nuestra amiga. Se lo dijo a ella el día de la audiencia.

—Qué importa que ellos sepan. No seas tonto, Lucas. Tenemos cómo influir y vamos a usar esa influencia.

—Papá, prefiero que no. Las cosas saldrán bien sin necesidad de usar influencias.

Vincenzo hizo un gesto de burla y tomó su té con calma. Lo miró de forma reprobatoria.

—Bárbara me dijo que pensabas compartir la custodia con esa chica. ¿Cómo se te ocurre, Lucas? —preguntó su madre.

—Mamá. Es su tía, es con quien se ha criado.

—Tú mismo dijiste que era una ladrona, que se robó al niño y no quería dejar que lo vieras.

—Estaba asustada y yo estaba molesto. No veo cómo pueda sacarla de la vida del niño de forma brusca.

—Sacándola, es solo ella en la vida y el traidor de Alberto, el niño está pequeño. No le hará falta. Ni sus abuelos maternos se han querido ocupar de Biel, porque no quieren saber nada de esta chica, como no querían saber nada de la otra. Por algo no las quieren, Lucas. Piensa en el niño.

—Eso hago.

—¿Crees que para el cumpleaños del niño ya tengas la custodia? —preguntó su madre.

—No lo sé.

—Vincenzo, sería bueno que para esa fecha ya el niño estuviera bajo el cuidado de Lucas y Bárbara —comentó su madre.

—Mamá, no sé si pedirle a Bárbara que se ocupe del niño, es mucho pedirle y no…

—Va a ser tu esposa, serán una familia, ella está encantada, siempre te ha apoyado.

—Esperaba que tú me ayudaras con el niño más bien.

Su madre sonrió y asintió.

—Sí, hijo, puedo hacerlo, estaré feliz claro que sí, igual creo que Bárbara debe asumir esa responsabilidad, cuando se case contigo serán una familia.

—Pues sí, pero no quiero presionarla.

—¡Familia! —saludó Claudio.

—¿Cómo estás? —preguntó Lucas agradeciendo mentalmente que llegara tarde a la discusión.

Reconoció para él que extrañaba a Alberto, era con quien hablaba y tenía siempre una visión más clara y objetiva de las cosas, era su cable a tierra y su conexión con el mundo fuera de su familia. Alberto ahora formaba parte del bando contrario, opinaba totalmente lo opuesto, además, le había mentido.

—Me voy. Hoy me toca visitar al niño —dijo Lucas.

—¿Te deja sacarlo? —preguntó su madre.

—Sí.

—Tráelo. Quiero verlo, hijo, es mi nieto, el hijo de mi hijo que no vi más. Quiero verlo.

—Claro, madre. Lo traeré.

Condujo hasta la casa de Alberto, le dejó un mensaje a Mariana avisándole que pasaría por el niño y que quería sacarlo a pasear. Ella le respondió que estaba bien, le habían sacado las cordales y estaba de reposo. Alberto e Isabel la ayudaban con el niño. Lucas pensó que sería buena ocasión para que el niño durmiera fuera de la casa por primera vez, con ellos. Mariana no le respondió.

«Lo va a consultar con Alberto» pensó.

Tocó a la puerta y Alberto fue quien abrió. Le dio un frío buenos días y volteó la cara. Le hizo espacio para que pasara, él niño salió corriendo en su dirección a saludarlo. No vio a Mariana, Isabel salió de la cocina con un delantal.

—Hola, Lucas. ¿Cómo estás? —preguntó ella intrigada, y miró a Alberto.

—Bien. Vengo a ver al niño. Mariana me dijo que podía llevármelo.

—Sí, ella se acostó un rato, pero dijo que querías llevarlo a dormir fuera, no cree que sea lo mejor —explicó Isabel.

Lucas se sintió un poco intrigado por la presencia de ella allí, desde que Mariana vivía con Alberto, ella no había querido ir más a su apartamento, ahora era la mediadora.

—Bueno, ¿no puedo hablar con Mariana para aclararlo?, si es mejor que descanse, yo puedo quedarme con el niño, aunque sea por hoy, mi madre quiere verlo.

—Ella ha dicho que no —espetó Alberto.

—Alberto, es mi sobrino, mi mamá quiere verlo.

—No es un juguete —replicó Alberto.

—Es mi familia, me siento extraño teniendo que darte explicaciones a ti. Claro, te crees…

—Lucas —lo interrumpió Isabel señalando al niño, quien los miraba con atención.




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