Durmió poco, se levantó temprano y se arregló como pudo con las pocas cosas que tenía en casa de sus padres, hacía tiempo que no se quedaba allí, menos a dormir en la habitación de Mateo, se quedó dormido sobre un sofá en el que su hermano se lanzaba horas a jugar videojuegos cuando era un adolescente, la noche anterior se durmió llorando, con el solo recuerdo, Biel despertaba mucho y lloraba, extrañaba su cama, a Mariana.
Lo despertó una chica de servicio, el niño se mostró sobresaltado, como si hubiese olvidado donde durmió y donde estaba. Hizo mueca de querer llorar, Lucas se acercó enseguida y le sonrió, alborotó su cabello.
—Buenos días, Biel, vamos a desayunar al jardín y a jugar en el parque, para luego llevarte con Mariana.
—Está bien, tío —dijo con más aplomo.
El jardín estaba decorado con globos y muñecos inflables, el desayuno de él venía en juguetes con globos y mucha parafernalia, sus padres estaban felices, incluso Claudio y Jonás pasaron a desayunar con el niño, quien se mostró de nuevo feliz. Hablaba mucho y contó lo de la carrera a la que lo llevó Lucas, todos reían entretenidos hasta que el niño mencionó a Mariana, su madre le lanzó una mirada acusatoria a Lucas, que él prefirió ignorar.
—Eso es un deporte que sirve de entretenimiento, Biel, pero no es una profesión como para que pienses ser eso, estás muy chico, ya veremos qué profesión te va más —dijo Vincenzo.
—Quiero correr, abuelo.
—Correrás, hoy mismo te compraré un coche de carrera —le ofreció.
—¡Sí! —gritó.
Después de desayunar y jugar en el parque, Lucas lo alistó para llevarlo a casa de Alberto. El niño se veía más tranquilo. Llegaron y, al tocar la puerta, esta se abrió, Alberto lo miraba con reproche, saludó al niño y salió sin siquiera dirigirle la palabra a Lucas. En la sala estaba Mariana, Biel corrió hacia ella, se colgó de su cuello y la abrazó. Él miró risueño la escena.
—¿Mejor?
—Bastante —dijo ella sonriendo.
—Ya no tienes la cara tan hinchada —comentó Lucas.
—Me tomé lo que me mandó Isabel.
—¿Se llevan bien ahora?
—Es muy profesional. ¿Cómo se portó Biel?
—Bien, te extrañó mucho.
—Lo sé, yo también lo extrañé.
—¿Vas a salir? —preguntó Lucas al notar su bolso junto a ella en el sofá.
—Sí, esperaba a Biel y a que Alberto se fuera, porque si no me regaña.
—¿A dónde vas? Te puedo llevar —ofreció. Aunque sabía que no debía si quería mantener su palabra a Bárbara.
—Prefiero no molestarte, está bien.
—Te llevo, ¿cómo te irías?
—En autobús.
—Yo te llevo.
Ella accedió, pero su rostro reflejaba algo de dudas. Lo siguió y cuando estaban en el auto se puso muy seria.
—Voy al mercado de telas…
—Al de la calle, está bien, no hay problema, allí iremos.
—Pero quería pasar por un sitio primero.
—Está bien.
Cuando ella le dio la dirección, supo a dónde quería ir. Era su casa, la casa de sus padres. Aspiró aire y sonrió. Condujo conociendo bien la dirección, muchas veces pasó por allí para ver si conseguía alguna pista, consiguió que le dijeran una verdad que no se atrevía a confesarle a Mariana, sintió lástima de ella, ella quería ver a sus padres, buscarlos.
—Aquí es. ¿Te molestaría esperar? Te aviso si me quedo para que no tengas que esperar —dijo ella visiblemente nerviosa.
Él moría por decirle que le lanzarían la puerta en la nariz y no tardaría allí más de dos minutos, pero se calló. Se sorprendió cuando vio que bajaba a Biel.
—¿Vas con el niño?
—Sí, son unos amigos, solo quiero ver si están en casa, si están quiero que conozcan a Biel —dijo con una mezcla de emoción y nervios que lo conmovió, porque él sabía cómo la recibirían. Esperaba que ellos hubiesen cambiado de actitud, pero lo dudaba.
La vio caminar a pasos apurados hasta la entrada de la casa, tocó la puerta y movía el pie derecho como señal de nerviosismo, el niño mantenía su mano apretada y miraba con curiosidad alrededor. La puerta se abrió y se asomó la que era su madre. La miró con expresión de extrañeza, la mujer miró al niño y regresó la vista al rostro de Mariana, su expresión era seria, miró hacia atrás y negó con un gesto, habló de forma rápida y parecía alterada.
Lucas, desde el asiento del auto, distinguió un «vete de aquí». Mariana suplicaba y lloraba, ella la empujó un poco, él quiso bajarse, tomarla de la mano y subirla al auto, pero la mujer lo reconocería, dudó. Vio que la mujer propinó otro empujón ligero a Mariana y el niño gritó un «mami» asustado, no se aguantó y bajó. Lucas corrió hacia ellos, cargó al niño y tomó a Mariana por el brazo.
—¡Vámonos! —espetó sin mirar a la mujer.
—¿Tú? ¿Qué haces aquí? —preguntó la mujer con soberbia.
Mariana lo vio con los ojos llenos de lágrimas, parecía confundida. Asintió y caminó con él, miraba hacia atrás hasta que escuchó que la mujer azotó la puerta con fuerza. Biel lloraba asustado, Lucas lo recostó de su hombro y lo consoló. Lo colocó en la parte de atrás y, antes de abrirle la puerta a Mariana, le pidió que tratara de calmarse por el niño, ella estuvo de acuerdo.