Un momento inesperado

Capítulo 28: Lucas

Al colgar la llamada con Mariana se quedó sonriendo. Admitió para él que aquello se sentía bien, aunque se sentía culpable. No solo eran los celos de Bárbara, sino también la presión de su familia. «Mariana es una chica dulce y buena», pensó. Toda la situación es muy desgraciada. «Todo sería más fácil si ella fuera otra clase de persona».

«Podemos ser amigos, no tenemos que estar en guerra», se repetía ese pensamiento en su cabeza, pero la verdad era que sabía que las cosas eran más complicadas que eso. Miró a la tortuga y sonrió, creyó recordar que las tortugas podían transmitir enfermedades, le parecía que una tortuga no debía ser la mascota de nadie. Ningún animal, pero estaba feliz de tener ahora una. Sonreía como bobo y no podía evitarlo, aparcó el auto y bajó la caja con él. Algunas personas lo miraron con extrañeza en el ascensor, él les sonrió y saludó con amabilidad, lo que no era usual, pero quería sonreír.

El ascensor se abrió y desde allí podía ver a su asistente, cotilleando con otra de las empleadas, ella abrió mucho los ojos cuando lo vio y se incorporó con expresión seria.

—Señor Lucas. No sabía que venía. Lo han buscado mucho, no sabía qué decirles.

Lucas rodó los ojos y negó. Le tendió la caja con la tortuga, ella la miró con extrañeza, pero la tomó, abrió la tapa e hizo un gesto de asombro y desagrado arrugando la nariz.

—Susana, averigua qué comen las tortugas y cómo se cuidan, compra lo que sea necesario.

—Como diga, señor.

—Me buscaban con urgencia, pero no me llamaste nunca —le dijo con burla.

—Señor, usted sabe que no me gusta molestarlo. Solo eso.

Él le guiñó el ojo y se sentaron a revisar la agenda que tenía.

—¿Interrumpo? —dijo Vincenzo.

—Señor —lo saludó Susana y salió sin esperar que se lo pidieran.

—Padre.

—Lucas, quiero que estés más acá conmigo, necesito que asumas la presidencia de la compañía pronto.

—No sé si es el momento, o si estoy listo, padre, yo…

—No acepto excusas, no te estoy preguntando, te lo estoy exigiendo, ya tuve que lidiar con que Claudio se dedicara a su firma de abogados y no quisiera nada con la compañía de forma directa, a duras penas Jonás aceptó estudiar administración y ya está por graduarse, tú no me has decepcionado, prepara todo para la transición, todo es perfecto, tu boda, Biel, la presidencia de la compañía. —Sonrió satisfecho.

Lucas asintió sonriendo. Eso siempre fue la meta, ahora se sentía extraño con respecto a todo, de lo único que estaba medianamente seguro era de Biel; quería estar en su vida, pero ahora dudaba de quitárselo a Mariana, aunque se lo había prometido a su familia. Del resto se sentía vacío y comprometido, totalmente infeliz, incluso se cuestionaba su relación con Bárbara.

Con casi dos años de noviazgo, ella había estado durante gran parte del tiempo mientras buscó a Biel, siempre lo apoyó y hablaban por horas de cómo sería cuando el niño llegara a sus vidas. Siempre le pareció comprensiva y atenta.

—Claro, padre. Ya me ocuparé.

—Bien, Lucas, hijo, estoy muy orgulloso de ti, amo a todos mis hijos, pero tú. —Su voz se quebró ligeramente—. Tú eres mi mayor orgullo.

Lucas lo vio salir de su oficina, cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, se llevó los dedos al entrecejo y aspiró aire con fuerzas. Nada de lo que le pedía su padre representó un gran sacrificio antes, salvo cuando dejó el automovilismo, pero ahora sentía que debía hacer mucho para complacerlo. Siempre quiso complacerlo, ahora no estaba seguro.

No pudo evitar recordar el momento simple y vacío que compartió con Mariana mientras conversaban por teléfono. Hablando tonterías y bromeando, era una chica linda e inteligente, muy divertida, lo hacía sentir bien, le gustaba cómo lo hacía sentir.

—Señor. Alberto está aquí. Ha pedido hablar con usted.

—¿Alberto? Sí, que pase, vamos a ver qué quiere. ¿Averiguaste lo de la tortuga?

—Sí, estoy haciendo una lista.

—Bien, dile a Alberto que pase.

Miró la puerta expectante, se dijo mentalmente que debía controlarse, le molestaba mucho la presencia de Alberto, pero debía soportarla.

—Hola —saludó Alberto con tono parco.

—¿Qué quieres? Es raro tenerte por aquí. Mucho descaro el tuyo, pero ves, te recibo.

—Necesito hablar contigo de algo muy serio.

—Siéntate, dime. ¿Qué será?

Alberto tomó asiento frente a él y lo miró con recelo.

—Es sobre Mariana, no sé qué pretendas, pero no creas que es una chica que está sola en la vida, yo estoy con ella, yo la respaldo.

Del rostro de Lucas se borró su expresión de burla y se mantuvo serio, desvió la mirada y regresó la vista a Alberto.

—No entiendo de qué hablas.

—Claro que sabes de qué hablo. Las llamaditas, los paseos, pretender ser muy amable con ella, desprecias a todo el mundo, ¿por qué con ella sería diferente? Ella no es de tu precioso círculo, no te vas a aprovechar de ella, ni la vas a manipular para quitarle la custodia de Biel.




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