Un momento inesperado

Capítulo 29: Alberto

Miró a Lucas y se mostró contrariado. No solo era el impacto de la noticia que le daba, además parecía que había algo más con Mariana, conocía bien al que fue su amigo porque se criaron juntos, fueron amigos demasiado tiempo como para no notar que Lucas vivía un conflicto. Alberto desvió la mirada, suspiró y regresó la vista a él con un poco más de compasión.

—Lucas. No voy a disculparme por lo que pasó.

—No espero que lo hagas —respondió con frialdad, sin mirarlo.

—Sé que las cosas entre nosotros no volverán a ser iguales, pero elegí hacer lo correcto, lo que yo creía que era lo correcto, lo que resonaba con mis valores, lo que me hizo sentir en paz conmigo.

—Y verme a la cara todos los días como si nada —respondió con tono sarcástico.

—Lo sé, no fue fácil, pero eras cada día el hombre del que Mateo quería mantener alejada a su familia. Si él estuviera vivo y hubieses conocido a Mariana, ¿la tratarías como ahora? —preguntó Alberto.

Lucas levantó por fin la cabeza y abrió los ojos sorprendido. Desvió de nuevo la mirada, estaba sentado al borde de la silla con los ojos fijos en el piso.

—No sé, Alberto.

—Quisiera que entendieras que no tienes que quedarte con la custodia total del niño.

—La verdad, todo esto ha sido muy difícil. Mi familia quiere que tome la custodia del niño, ahora que he conocido a Mariana creo que ella podría criarlo y yo pudiera ayudarla, pero no será fácil convencer a mi familia de lo contrario. Debe hacerse.

—Lucas, siempre has hecho lo que te han pedido, siempre que las cosas implican sacrificios personales lo has hecho, pero esta vez es diferente, no te sacrificas tú, la sacrificas a ella y al niño, a mí —expresó con tono de súplica—. Lucas, por favor. Sé que puedes enfrentarlos y me siento muy feliz de saber que dudas de hacer esa atrocidad, la buena persona que eres sé que está ahí en el fondo y puede ganar.

—Mi familia perdió mucho.

—Mariana también, Biel perdió a sus padres, no sean egoístas. Él no es un humano de repuesto, a Mateo lo perdieron, no lo reemplazarán con su hijo.

Lucas cerró los ojos y algunas lágrimas salieron, se las secó y se levantó dándole la espalda a Alberto.

—Si ya no tienes nada más que decir…

—¿Te gusta Mariana?

Lucas giró su cabeza sin voltearse completamente.

—Claro que no, ¿cómo crees? Es solo una chica.

—Entonces déjala en paz y limítate a visitar al niño, no a ella.

—¿Te ha dicho algo?

—Es demasiado inocente, cree que quieres ser su amigo, que de verdad puede ser tu amiga…

—Termina de irte, Alberto.

Alberto negó y se dirigió a la puerta. Sabía que algo pasaba con Lucas, al menos comprobó que dudaba y sabía que no mentía, su conflicto era real, solo debía confiar en que tomaría la mejor decisión, y que no se dejaría influir como siempre por las presiones e ideas absurdas de su familia. Logró convencerlos de ser él quien llevara adelante la petición de custodia si conseguían al niño, podría convencerlos de más.

No podía contar con que Mariana lo ayudara a cambiar de opinión. Prefería que se mantuviera alejado de ella. La no respuesta de Lucas le confirmó lo que sospechaba: Mariana le atraía. Conocía bien a Lucas, esperaba que no quisiera utilizar eso para ganarle la custodia y aprovecharse de ella.

Llegó a casa y encontró a Mariana llorando con la mano llena de sangre en su rincón, Biel estaba junto a ella sosteniéndole el brazo. Alberto corrió hacia ella y la miró impactado.

—¿Qué pasó?

—Me clavé la aguja, me distraje llamando a Biel, que estaba montándose en un banco en la cocina, y me agarró el dedo la aguja, me lo atravesó —dijo sollozando.

—Vamos a la clínica —dijo.

—No, ya saqué el dedo y…

—¡Vamos!

Alberto esperó que atendieran a Mariana. Biel se quedó dormido. La vio salir con el dedo curado, tenía expresión triste.

—¿Todo bien?

—Este es el dedo que uso para trabajar, es decir la mano —explicó casi susurrando y bajó la cabeza.

—Te curarás pronto, debes reposar supongo. Todo va a estar bien.

Ella se lanzó sobre él y lo abrazó, lloró un poco. Alberto cerró los ojos y sobó su espalda con gesto cariñoso. Aspiró su olor y sintió cómo se formaba algo dentro de él que se quedaba atorado en su corazón, un nudo que no terminaba de desatarse La apartó un poco de él y retiró sus cabellos, ella le sonrió de medio lado y dibujó un «gracias» con sus labios.

Pensó que él también estaba sintiéndose diferente junto a Mariana. No era algo que se podía permitir, podía controlarlo. Salieron de la clínica y Alberto aprovechó para hablar claro con Mariana.

—Hablé con Lucas.

—¿Sobre qué?

—Sobre ti.

—¿Sobre mí? ¿Por qué?

—La forma en la que se está acercando a ti, no quiero que te vayas a confundir.




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