Un momento inesperado

Capítulo 30: Mariana

Consiguió mudarse a un apartamento en el mismo edificio que Alberto, el alquiler era costoso, pero él insistió. Ella accedió para evitar que la siguiera regañando, se acercaba la fecha de la audiencia y lo mejor que podía hacer era ir cambiando su situación con respecto a la primera vez que vio a la juez, además de que no quería estar ya bajo el mismo techo que Alberto. Tenía ingresos regulares, lo de la campaña no lo tocó para dejarlo como ahorro, más los fondos que dejó Mateo, y sacaba sus estados de cuenta con cuidado. Pagó seis meses del apartamento y pagó los servicios.

El apartamento estaba amueblado, así que ella pensó que en lo que la visitara una empleada de servicios sociales encontraría un pequeño apartamento de sesenta metros cuadrados sala comedor integrados, con dos habitaciones y dos baños, y una pequeña cocina, el lugar era pequeño, pero acogedor. Mariana miró todo satisfecha, aunque en el fondo le preocupaba cómo iba a pagar después de esos seis meses.

—¿Por qué estás tan pensativa? —preguntó Alberto.

—Me preocupa el dinero, pero sé que como ya tengo pagado seis meses, durante ese tiempo, ahorraré para el resto de los meses. No habrá gasto innecesario. Nada de eso —respondió con una mueca en la boca, revisaba con la mirada todo a su alrededor.

—Eres toda una ama de casa, te manejas muy bien, no tendrás problema, estoy segura —comentó Isabel, quien la ayudaba a decorar la habitación de Biel.

—Gracias, Isabel, así espero que sea.

—El verdadero problema que veo aquí —comentó Alberto con una media sonrisa y tono de misterio—, es: ¿Biel Mateo querrá dormir solo en esa habitación?, porque yo lo dudo.

—Ni me lo digas, pero el abogado me dijo que se vería bien que el niño tenga su propia habitación y sea independiente —explicó Mariana.

—Me hace muy feliz que accedieras a quedarte en el edificio, Mariana —dijo Alberto.

—Debo estar loca por hacerte caso. Pude comprar algo propio en otra zona por lo que pago aquí para solo estar alquilada seis meses.

Isabel se rio.

—Pero tienes piscina en el área común, parque infantil que Biel adora. Puesto de estacionamiento.

—Qué gracioso, Alberto, no tengo auto, Biel usa el parque, sí.

—Y la piscina deberíamos, un día de estos, nos apoderamos de la piscina los cuatro —propuso Isabel.

—Sí, sería bueno, Mariana, solo trabajas y cuidas al niño. No veo que te distraigas —comentó Alberto.

Mariana pensó que las pocas veces que salía con Lucas y el niño se distraía. Pero era mejor que se olvidara de eso. Y mucho menos podía comentarlo delante de Alberto.

—Isabel me regaló tres meses de suscripción a unas plataformas de streaming. Una para Biel y una para mí. Con eso nos distraemos —respondió Mariana.

Alberto le guiñó el ojo a Isabel y la abrazó a él, besó sus cabellos y ella sonrió. Mariana bajó la mirada y siguió acomodando sus pocas cosas en el apartamento. Alberto siguió instalando su zona de trabajo en una esquina de la sala.

—Procura no herirte con la máquina cuando estés sola —le advirtió Alberto entre risas.

—¿Cuándo es la audiencia? —preguntó Isabel.

—En dos días viene la visitadora social y la semana que viene es la audiencia.

Después de que la ayudaron, Alberto ordenó pizza y comieron los cuatro en el pequeño apartamento de Mariana, se sacaron fotos, Mariana se dio cuenta de que Alberto era diferente junto a Isabel, se veía más relajado. Compró el anillo y esperaba la mejor oportunidad para pedirle que se casara con él, lo supo porque la administradora del edificio le contó que él cambiaría su apartamento por uno mucho más grande y llevaría a Isabel a vivir con él, que ya tenía anillo. Ella se sintió un poco dolida porque Alberto no le contara, pero entendía perfectamente.

Sonó la puerta, todos se miraron con extrañeza. Mariana se levantó a abrir la puerta. Era Lucas, con algunas bolsas y una planta, Mariana arqueó una ceja al verlo y tragó grueso, él pasó sin ser invitado. Ella cerró la puerta y se colocó junto a él, Biel corrió a saludarlo y Alberto e Isabel intercambiaron miradas, Alberto negó y bajó la cabeza.

—¡Felicidades por tu nuevo hogar! Mucho mejor que el anterior —expresó Lucas. Colocó la planta sobre la barra del desayuno y le extendió las bolsas, Mariana dudó y miró a Alberto, quien asintió. Lucas chasqueó la lengua. Ella tomó las bolsas.

—¡Gracias! —dijo ella sin mirarlo.

—Increíble que hagas todo lo que te dice. ¿Si no te deja, no tomas la bolsa? —preguntó Lucas—. Son cosas para el niño, no para ti, Mariana —dijo en voz alta mirando a Alberto.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Alberto.

—Ella me dijo que se mudaban, que ahora estaría aquí, y quise ver si necesitaban algo. ¿Necesitas algo, Mariana?

—¡No! —respondió ella con nerviosismo.

—¡Vamos! A cargar algún mueble o algo.

—Llegas tarde, ya hemos hecho todo —dijo Isabel.

—Así que tú también. Estoy impresionado, claro, debes estar feliz de que ella saliera de la casa de tu novio.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.