El día de la audiencia.
Lucas salió de casa y se dirigió con Bárbara a casa de sus padres, allí tomarían el desayuno juntos y partirían al juzgado. Él estaba ansioso, impaciente, pero confiaba en que todo se resolvería bien para todos. Los días previos al juicio visitó menos a Biel, le hacía llamadas telefónicas. Evitaba ver a Mariana y aún le costaba admitir para él porqué, por qué le afectaba verla los días previos al juicio, no quiso ahondar en esos pensamientos.
—Al menos el juicio salió rápido —comentó Vincenzo.
—Hubiese salido más rápido si Lucas me hubiese dejado manejar su petición —comentó con amargura Claudio.
—No eres experto en asuntos de familia, contraté a tus colegas, a los de tu firma. Estarás ahí. ¿Qué más querías? —preguntó Lucas molesto.
Claudio se encogió de hombros y le lanzó una mirada reprobatoria. Jonás rio y bajó la cabeza.
—Creo que has sido blando con esa chica —dijo su madre—. Ella debe creer que tendrá derechos sobre el niño. Quiero que insistan en que no. A mí no se me olvida lo del secuestro, tú no deberías olvidarlo, Lucas.
—No fue secuestro —respondió con fastidio.
—Antes decías que lo era —acotó Bárbara.
Él no respondió y se levantó de la mesa, haciendo un gesto con las manos indicando que había terminado, mientras lo hacía, miró a Bárbara con algo de recelo, ella lo ignoró. Salieron todos hacia el juzgado, Lucas iba en su auto con Bárbara.
—¿Crees que esto tarde mucho? O ¿crees que se decidirá rápido? —preguntó ella.
—No lo sé. Trabajamos para que la custodia me la den hoy mismo de ser favorable la decisión del juez.
Lucas se aferró al volante con fuerza. Respiró con profundidad y trató de calmar los tics faciales que lo delataban nervioso. Dudó, sintió preocupación y después trató de calmarse, si la custodia se la daban a él, dejaría que Mariana lo visitara, incluso dejaría que se lo llevara con ella de vez en cuando, si la custodia se la daban a ella, las cosas seguirían igual, supuso. No había nada por lo que preocuparse, se dijo.
Entraron al juzgado en grupo, su padre, madre, Claudio, Jonás, Bárbara, sus abogados y asesores, al llegar y caminar unos cuantos pasos, vio a Mariana con Alberto y su abogado, supuso que Isabel se quedaría cuidando al niño. Mariana llevaba zapatos de tacón, camisa manga larga de seda color rosa y pantalones blancos de vestir, una cola de caballo, e iba ligeramente maquillada, nunca la había visto así vestida, parecía mayor y se veía muy hermosa. Le sonrió con disimulo y movió ligeramente la cabeza para saludar. Él le sonrió de medio lado y apartó la vista, se giró en dirección a Bárbara, quien ya lo miraba con atención y los brazos cruzados sobre su estómago.
Entraron al lugar, se sentó en la sala donde se celebraría el juicio. Alberto estaba junto a Mariana, toda su familia lo miraba con recelo, ella parecía tranquila y relajada, pero se tocaba mucho la cola del cabello, se acomodaba hacia adelante, hacia atrás y torcía sus labios en una mueca parecida a una sonrisa de vez en cuando. Estaban sentados separados unos del lado derecho y otros del lado izquierdo, el juez y el resto de los empleados del juzgado en el centro del salón al fondo.
—Pase al frente la señorita Mariana Montenegro, acérquese al estrado —dijo la juez Marta.
Mariana miró con nerviosismo a Alberto, quien asintió con un gesto y se levantó para que ella pasara, caminó dubitativa hacia el centro del lugar, se veía frágil e inocente, Lucas pensó que, aunque se viera mayor con la ropa, no dejaba de ser una chiquilla asustada y sola.
—Tome asiento —le indicó el secretario. Ella se sentó en la pequeña silla y esperó a que ajustaran el micrófono.
—Bien. Estamos revisando la demanda de custodia, guardia y custodia del menor Biel Napolitano, su sobrino. ¿Su sobrino no? —preguntó la jueza, Mariana asintió nerviosa.
—Responda —le indicó el secretario.
—Sí. Mi sobrino.
La jueza la miró por encima de las gafas y sonrió ligeramente.
—Ya está clara con ese asunto, que bueno. El señor Lucas Napolitano ha solicitado la guardia y custodia del menor Biel. ¿Ha tenido oportunidad de leer la demanda y sus peticiones?
—Sí.
—Bien, y entiendo según notificación de su abogado que usted no está de acuerdo, usted quiere la guardia y custodia del menor.
—Así es. Sí.
—Veo que la entrenaron mejor, ya no habla por hablar, se queda callada, eso es bueno. Le explico señorita: nuestro trabajo aquí, como se lo expliqué antes, en vista de que hay un desacuerdo, es decidir en el mejor interés del menor, para eso recabamos evidencia para ayudarnos a tomar esa decisión, durante todo este tiempo desde que el señor Napolitano solicitó la custodia.
La mujer la miró por encima de las gafas, se las acomodó sobre el rostro y asintió, se acomodó el cabello y colocó ambas palmas hacia abajo.
—El señor Lucas Napolitano ha solicitado la custodia con régimen de visita para usted, ¿sabía?
—Sí.
—¿Está de acuerdo?