No quiso dejar al niño solo la primera noche. Improvisó una colchoneta en el piso del cuarto de Biel y se echó allí. Supo que se pasó con Bárbara, pero lo llevó a límite con lo de Mariana. Su insistencia en que él quiere a Mariana lo puso de mal humor, «no puedo quererla», se decía, «es absurdo», «no me gusta, es solo que le tengo lástima», se repetía.
Llamó a Bárbara. No le contestó, pero le dejó un mensaje.
—Bárbara, lo siento mucho, podemos hablar mañana, estoy alterado, tampoco te mereces que te trate así, he pasado por mucho y no es excusa, aunque no me lo estabas haciendo fácil, te amo, cuídate, hablamos mañana. —Colgó.
Biel se despertó. Lloró de inmediato mirando a los lados, Lucas se incorporó y se sentó en la cama junto a él.
—¿Qué pasó? Estabas muy cansado, Biel, este es tu nuevo cuarto, te lo mostré temprano, te quedaste dormido en el mueble.
—¿Y mi mamá?
—En su casa, vamos a esperar a que se sienta mejor. Vas a pasar uno días aquí mientras mejora. Te voy a buscar un colegio cerca. ¿Quieres estudiar? Mariana dice que te gusta mucho estudiar.
Lloró más.
—Quiero a mi mamá. Búscala.
—A esta hora no puedo buscarla, mañana la llamaré para saber cómo está.
—No, mi mamá —chilló.
—¿Te acuerdas cuando te quedaste en casa de tu abuela? Es igual.
—¿Por qué traje muchas maletas? Ayer nos íbamos y no nos fuimos, ¿ahora sí nos vamos?
—¿Se iban? ¿A dónde?
—A Bahía, a nuestra casa, nuestra verdadera casa. Yo quiero ir allá, cuando éramos mi mamá y yo solos.
—Biel, ¿no nos quieres?
—Sí, pero mi mamá estaba bien, ahora no está bien.
—Va a estar bien.
—¿La vas a cuidar?
—La voy a cuidar.
—¿Me vas a llevar a la casa?
—Biel, es muy tarde. Duerme.
El niño lloró como no lo había visto llorar, con escándalo y zapateando. No lo había visto hacer una pataleta, no supo qué hacer. Lloraba con grandes lágrimas. Lo abrazó.
—Mañana la buscamos, tu padrino me dejó la llave de tu casa para que te lleve cuando quiera, pero ahora ella está mal, es de noche, mañana vamos. ¿Te parece? Bárbara se fue, mañana me ayudas a hacer el desayuno tú, ¿quieres?
—¿Y vamos para donde mi mamá?
—Sí.
Le costó calmarlo, debió sacar la consola de videojuego e instalarla para entretenerlo, no era algo que pensaba permitirle, pero el niño estaba inconsolable y solo así logró calmarlo, jugaron hasta tarde, se quedó dormido con el control de la consola en la mano sentado en la cama.
Lucas lo terminó de acomodar y apagó todo, se sentía muy cansado y trató de dormir. Pensó que sería más fácil, pero al día siguiente no fue mejor, Biel insistió en bañarse y ponerse un pijama para andar en la casa y no se quiso peinar, él había visto lo delicado que era para peinarse y cuidar su apariencia y vestir, no le gustaba andar con el pijama mucho tiempo, que no quisiera ahora lo entendió como una señal de rebeldía.
—¿No te importa si viene visita y estás así en pijama? —le preguntó Lucas.
—No, no quiero ver a nadie, que no vengan.
—¿Pero y si vienen?
—Que me vean en pijama —dijo con altanería y se encogió de hombros.
Lucas no había visto esa faceta de él.
—¿Qué es esto tío? —preguntó entre dientes cubriéndose la boca con ambas manos.
—Huevos con tocineta.
—Qué asco, no me gusta.
—Biel, te he visto comer eso.
—Sí, lo prepara mi mamá.
—En casa de tu abuela lo comiste.
—Bueno, entonces llévame para allá para que me lo den, allá sí sabía bien.
—Biel, es un huevo y una tocineta, sabe igual aquí y en cualquier parte.
—El tuyo no sabe bien. —Puso cara de desagrado y sacó la lengua como si fuera a vomitar.
Lucas suspiró, debía armarse de paciencia. Lo contempló un instante y sintió una punzada en el pecho al reconocer en Biel gestos y rasgos de Mateo. Cómo arrugaba la nariz para mostrar desagrado, aunque el de Biel era fingido. Se dio cuenta.
—Tienes que comer.
—No, puedo comer cuando quiera, mi mamá me deja. Esto sabe feo.
—Pero ella no está aquí, y mientes, te he visto que no te deja hacer eso. Come.
Biel jugó con la comida todo el rato. Sabía que lo hacía por protestar porque había visto siempre que se portaba muy bien en la mesa.
—Vamos al colegio del que te hablé ahora. Para que te conozcan.
—No quiero ir.
—Tenemos que ir. Vamos a ir. Soy adulto, tú un niño, yo decido y tú obedeces.
—Tú no eres mi mamá.