Un momento inesperado

Capítulo 41: Mariana

Mariana observaba divertida a Biel, quien bailaba en círculos en medio del apartamento cantando sobre no bañarse y quedarse cochino.

—Ahora eres un puerquito —se burló ella mirándolo con ternura.

—Sí me voy a bañar, pero me gusta la canción.

Sonó el teléfono y Mariana lo tomó, era Lucas.

—¿Todo bien? —preguntó Mariana con tono de preocupación.

—Sí, necesito llevar al niño a una cena con mis padres, pensé en dar una excusa para no llevarlo, pero la verdad no puedo, además, Bárbara no está conmigo, es mal día para dar explicaciones.

—¿Te lo quedarás hasta mañana?

—No, te lo devolveré al salir de casa de mis padres, insistirán en que nos quedemos y ahí sí podré dar una excusa.

—Bien, ya hago que se bañe y se vista —respondió resignada. Un pensamiento preocupante le cruzó ligeramente por su cabeza, después se aseguró que no, Lucas no le quitaría al niño de nuevo.

—Biel, vamos a bañarte y vestirte, vas con tu tío Lucas a una cena en casa de tus abuelos.

—Quieres decir vamos.

—¡Vas! Tú.

—¿Pero él me va a regresar aquí?

—Sí, claro.

—Está bien —dijo encogiéndose de hombros.

El niño eligió qué vestir y Mariana lo ayudó a peinarse, él se mantenía quieto con las manos apoyadas en sus piernas.

—Listo. Estás muy guapo, hijo, te amo mucho. Eres hermoso e importante para mí —le dijo y lo abrazó.

Lucas tocó a la puerta. Mariana se levantó a abrirle, al verlo se quedó sin aliento por un instante, llevaba una ropa más informal, pero con su respectiva ropa elegante, se sonrieron y miraron por segundos sin decir nada.

—Ya está listo el niño.

—Gracias. Después te explico. Estoy hecho un lio.

—Tranquilo.

—Pero guapo y elegante, Biel.

—Gracias, Lucas —respondió Biel con expresión seria.

—Él me quitó el «tío» así porque quiso de un día para otro —le comentó Lucas a Mariana sonriendo, ella asintió sonriéndole de vuelta y se encogió de hombros.

—¿Podemos llevar a mi mamá? —preguntó Biel.

Lucas miró a Mariana con un gesto de evaluación y ladeó la cabeza.

—Puede ser. ¿Quieres Mariana?

—No, ¿qué le diríamos a tus padres?

—Que el niño te invitó.

—Sí, mami, yo te invitó.

—No es loco, ya has estado allí —dijo Lucas.

—No fue agradable —recordó ella.

—Vamos —insistió Lucas sonriéndole.

—Me voy a sentir incómoda.

—Controlarás a tu sabes quién para que no hable de más —susurró Lucas cerca de su oído, ella necesitó tragar grueso con disimulo, los vellos de su cuello se erizaron ante la cercanía de él y el roce de su aliento.

Asintió con un gesto.

—¿Bárbara no estará?

—No.

—Bien. Espérenme.

Biel y Lucas chocaron las manos y gritaron satisfechos. Mariana estaba temblando, sentía un nudo en la boca del estómago y consideró que era una locura meterse a esa casa, pero ella controlaría mejor a Biel para que no revelara dónde vivía realmente.

Tomó una de las bragas modelos que hizo para vender, una con combinación de negro y blanco, sin mangas y de corte holgado y muy elegante. Se maquilló ligeramente y se ató el cabello. Sentía nervios por Lucas, a la vez que sentía que podía confiar en él y que estaría protegida. «Tal vez sea una locura ir», pensó.

Salió a la sala y Lucas no disimuló una sonrisa y lo mucho que abrió los ojos sobre ella al verla, como si el tiempo se hubiese congelado, ella notó que sus pestañas no se movían y tragó grueso, sintió que sus mejillas ardieron, se sintió indefensa y vulnerable ante la mirada de él. Lucas tragó grueso y sacudió la cabeza con disimulo.

—¿Eso lo hiciste tú?

—No, lo compré en París. —Rio ella para disimular su turbación.

—Pues te creería —dijo él sonriendo.

—Gracias. Sí lo hice yo.

—¡Ah! ¡Ah! Ya vámonos. Otra vez como tontos los dos —se quejó Biel.

—Biel, basta de usar esa palabra —lo regañó Mariana. Lucas disimuló una risa.

De camino a la casa de los padres de Lucas, ella le confesó su temor.

—No te preocupes —dijo y sacó su teléfono—. Madre. Hoy le tocaba a Mariana ver al niño, la llevo conmigo, Bárbara no viene, así que no necesitas poner un lugar más.

Ella lo miraba con la boca muy abierta, él le guiñó un ojo.

—Sí. Sé lo que hago. Hay que llevar la fiesta en paz o quiere que le diga al niño. ¿Qué? Bien. Nos vemos en unos minutos. Ya llegando. —Colgó.




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