Un momento inesperado

Capítulo 43: Mariana

Mariana se quedó petrificada frente a la puerta cerrada, con los ojos muy abiertos, sacudió la cabeza, cerró los ojos, llevó las manos a sus labios y los repasó recordando el contacto con los labios de Lucas, sonrió sintiéndose tonta.

«No me creo el día de hoy, no me creo nada». «Me besó, nos besamos, y me gustó». «¡Ay, Mariana! Más que te gustó, pero si estabas temblando y Dios, ¿quién soy yo? Le dije que me besara y le recordé lo de Bárbara, me sentí muy imponente». Suspiró y se llevó su mano al pecho, aún su corazón latía rápido

«Alberto no estará contento», «Lucas se veía tan bello», «le gusto», «¿y él me gusta? Sí, sí me gusta, claro que me gusta». «¡Dios, qué locura!», «y cómo me defendió en casa de sus padres».

Los pensamientos no dejaban de danzar en su cabeza. Antes de ir a su habitación, regresó a la de Biel, se sentó muy junto a él a oírlo respirar, sonreía como tonta en la oscuridad, no había tenido esa clase de relación con nadie, siempre fue muy tímida y tendía a aislarse, y después cuando estaba con Ana y Mateo estuvo siempre rodeada de sus amigos, pero Mateo la protegía mucho y no dejaba que se le acercaran, a ella no le importaba, se sentía incómoda cerca de ellos, pero con Lucas era diferente, se sentía desinhibida y en confianza, de una forma que ni con el mismo Alberto se sentía.

Revisó su teléfono y tenía mensajes suyos deseándole buenas noches, le aseguraba que estaba pensando en sus labios. Sintió un poco de miedo, no conocía bien a Lucas, no estaba segura de porqué se le acercaba así, estaba también Bárbara y el mismo Biel, si las cosas no funcionaran entre ellos, todo sería incómodo porque siempre estaría Biel de por medio. «Incómoda entre nosotros, ¡ay, Mariana! ¿Qué te estás imaginando ya?», se preguntó sonriendo y se fue a su habitación, se acostó risueña pensando en el beso de Lucas, sus labios, su contacto, cómo la tocó, cómo la veía. «Él no me ve como una niña».

Al día siguiente fue hasta el apartamento de Alberto.

—Lucas me dijo que era mejor dejar todo por escrito lo antes posible —dijo Mariana.

—Sabía que recapacitaría, sabía que dudaba. Lo que no entiendo es cómo su familia no ha hecho escándalo por eso.

—No saben. No sabrán aún, hasta que todo esté listo.

—Mañana mismo iremos a la corte, en un rato llega él para firmar con su abogado. —Sonrió Alberto.

Mariana se puso seria y él no dejó de notarlo. Ella se colocó sus cabellos detrás de las orejas y desvió la mirada estuvo a punto de confesarle a Alberto su beso con Lucas, pensó que no venía al caso y que quizás Lucas lo habría olvidado ya.

—¿Está todo bien, Mariana?

—Sí. ¿Cómo va todo con Isabel? —preguntó ella.

—Bien. Muy bien.

—Ella es muy buena, le agradezco mucho lo que ha hecho por mí.

—Sí, de verdad no sabes cómo siento alivio por ver cómo ha actuado con todo, tuve miedo por un segundo de que no comprendiera.

Tocaron a la puerta, Alberto se levantó para abrir.

—Debe ser Lucas y su abogado.

Mariana abrió mucho los ojos y se revisó la ropa, su corazón se agitó ante la sola mención de su nombre. Lucas entró, ella lo vio saludar a Alberto con más cordialidad que de costumbre, lo acompañaba un hombre de traje que no había visto antes con él, le explicó a Alberto que era su nuevo abogado.

—Entiendo —dijo Alberto—. El abogado de Mariana recibirá todo mañana, no pudo venir.

—No pasa nada —respondió Lucas, levantó la mirada, sus ojos se cruzaron con los de Mariana y sonrió, ella le sonrió de vuelta con una sonrisa de medio lado, mordió su labio inferior y miró a Alberto, quien los veía con intriga.

Lucas se acercó a ella y la abrazó por la cintura, le dejó un beso en las mejillas y le dedicó una mirada muy pícara.

—¿Cómo estás hoy, Mariana?

Ya era una pregunta que había respondido por mensajes al levantarse en la mañana.

—Bien —dijo ella sin decir más, lo miraba como tonta, y suspiró, miró a Alberto, su mirada era ahora más seria y evaluadora.

La presentó con el nuevo abogado sin soltarla. El contacto de su mano sobre su cintura era cálido y por segundos solo sentía que su cuerpo era solo esa parte que Lucas tocaba. Estaba nerviosa más que por Lucas, porque Alberto podía notar algo, sus sentidos estaban algo alterados y hacía rato que no escuchaba lo que hablaban, sus pensamientos fueron interrumpidos por los gritos de Biel.

—¡Lucas! —gritó corriendo hacia él, fue cuando Lucas la soltó para cargarlo y ella recobró un poco la compostura, se sentó y le sonrió a Alberto, quien se mantenía alternando la mirada entre ella y Lucas.

Después de dejar todo por escrito y acordar como quedaría la custodia definitiva de Biel, el abogado se despidió.

—Yo también debo volver. Debo terminar unos trabajos, me llamaron de la agencia de nuevo, debo filmar algo y necesito adelantar trabajo —explicó Mariana.

—Yo te acompaño —comentó Lucas. Alberto mantuvo una expresión adusta.

—Vamos —respondió ella con un jadeo.

—Yo puedo cuidar al niño cuando hagas ese trabajo y podría pasar por ti cuando termines —se ofreció Lucas.




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