Bárbara la miró de forma retadora, saludó a Giovanni, Claudio, Jonás, Laura y a Isabel, ignoró a Alberto y a Mariana. Pasó junto a ella, la apartó de un manotazo y se colgó del cuello de Lucas, le dio un beso en los labios y se abrazó a él.
—¿Te gusta cómo quedó todo, mi amor? —preguntó con zalamería.
Mariana se quedó estática. Lucas y ella cruzaron una mirada de confusión, él no la rechazó de forma abierta, pero la apartó ligeramente.
—Sí, impresionante —respondió.
Mariana se lamentó por la situación, él le aseguró que ella no haría eso, «pero seguro estaba molesta porque Lucas la dejó», pensó. «¿Y si no la dejó?», sopesó también, decidió ignorar sus sentimientos y pensamientos y concentrarse en el niño, por quien finalmente estaba allí. Cruzó los brazos sobre su estómago y miró al frente. Alberto se le acercó y colocó la mano sobre su hombro. Mariana pensó que le sacaría en cara la situación.
—No estás sola acá, para que lo sepas. Te lo recuerdo —dijo y sobó su hombro. Ella le dedicó una sonrisa y dibujó un: gracias con sus labios. Alberto le devolvió la sonrisa con expresión tranquila.
—Los niños llegaron —anunció una empleada.
—Vamos a presentarlos —dijo Bárbara, se separó de Lucas y corrió con la empleada hacia afuera. Llevó a Lucas tomado de la mano y él miró a Mariana con mirada desesperada, parecía querer justificarse o algo, ella desvió la mirada y lo ignoró.
—Lo qué traes hoy puesto, ¿también lo hiciste tú? —preguntó Giovanni con una media sonrisa.
Ella parpadeó nerviosa antes de contestar, era un hombre físicamente imponente, muy atractivo, con una sonrisa pícara y maliciosa, con fuego en los ojos, parecía querer decir algo, insinuar algo, y ella se sentía incómoda cerca de él, y era la pareja de Claudio quien la odiaba.
—Sí. Todo lo que uso lo hago yo —respondió titubeante.
—Está muy bien confeccionado lo que haces. Estoy impresionado.
—Cierto, creo que es tu fortaleza, Mariana, la confección es muy profesional —comentó Laura.
Ella asintió.
—Pero vamos a sentarnos, que dentro de un rato esto será una locura con los niños corriendo por todos lados —dijo Jonás.
Mariana se sentó junto a Alberto e Isabel, no quiso voltear a ver si veía a Lucas. Miró a Claudio, quien la veía de arriba abajo con desdén. En la habitación ya solo Claudio la hacía sentir incómoda, el resto era amable o neutro, salvo Giovanni, que la miraba con insistencia con una mirada misteriosa.
Unas empleadas se acercaron a ellos con bebidas y platillos. Mariana rechazó todo, Jonás se levantó a ayudar con las bebidas, regresaron los padres de Lucas a la sala con Bárbara colgada del brazo de Lucas. El ambiente se puso pesado de inmediato, evitaba mirar a Lucas, se sorprendió celosa y molesta por verlo abrazado con Bárbara. Ella la miraba con una sonrisa irónica.
Recordó que, cuando ella llegó, Lucas sostenía su mano y la tenía abrazada a él, «debió notarlo, debió ser por eso que se puso así y me mira como me mira», pensó Mariana.
—Ya sé de dónde te conozco —gritó Giovanni—. La campaña de ropa alternativa de Free Woman, esos trapos horrorosos en gris y colores fríos.
—Sí —respondió Mariana a secas.
—Ya, un rostro muy bonito, tu ropa es más linda que esa, deberías lanzar tu propia marca —comentó.
—Trato de convencerla de eso, pero no quiere salir del apartamento —dijo Alberto.
—¿Por qué?
Todos se miraron y Mariana cayó en cuenta de que era por el niño, pero no podía decir eso allí, Alberto se dio cuenta de su imprudencia.
—Porque vivió hace años aquí, pero ahora no se mueve como antes. Es cuestión de que se acostumbre —comentó Lucas.
—Sí, es eso, la ciudad ha cambiado algo —comentó Mariana.
—No, niña. Levántate y haz algo por tu vida, te dejaré mi tarjeta para que vayas a verme, puedo hacer algo por ti y por mí, no trabajo de gratis y no me gustan los fracasos, huelo el éxito, ya Laura está trabajando conmigo. —Sonrió.
—Sí, Mariana, te va a gustar —comentó ella.
—Giovanni es dueño de una casa de moda, Mariana —le aclaró Alberto.
Ella asintió y le sonrió.
—Casi es una delincuente esta chica, Giovanni, nos ocultó al niño, lo mantuvo escondido, no sé si quieras trabajar con ella —dijo en tono despectivo Claudio.
Giovanni bufó.
—Negocios son negocios.
—La familia es la familia —le replicó Claudio.
—¡Supéralo! —le espetó Giovanni.
—Basta, Claudio, no puede referirte a ella así —le dijo Lucas.
Claudio lo miró de forma despectiva.
—No me robé a nadie. El niño quedó huérfano y yo me ocupé. ¿Por qué ustedes ni sabían del niño? Decisión del padre —respondió Mariana con tono retador, que la sorprendió a ella misma. Sus orejas ardían.
—Algo más te querrás robar, novios entonces —comentó Bárbara con burlas. Todos se miraron entre ellos.