Lanzó una última mirada a Mariana y caminó detrás de su padre. Cerró la puerta detrás de él al pasar a la oficina. Vincenzo suspiró al sentarse en su silla, cerró los ojos y pasó su mano por el cabello.
—¿Puedes explicarme por qué Marta dice que tiene un acuerdo entre tú y esa muchachita?
—Porque lo hay, padre.
—¿Cómo?
—El niño se puso mal, lloró, le dio fiebre. Estaba triste. Me dolió verlo así.
—Y para eso lo tenías, para que lo atendieras y se acostumbrara a ti. ¿Y Bárbara no te ayudó? —gritó.
—Sí, pero aún así el niño extrañaba a Mariana.
—Qué excusa tan pobre, Lucas. ¿Qué pasa?
—No tengo que quedármelo, padre. Podemos verlo, lo hemos visto y hemos compartido con él y está con ella.
—¿Quieres decir que todo este tiempo lo ha tenido ella? ¿Por eso viniste con ella el día que Jonás presentó a Laura?
—Sí. Y todo normal sin problemas.
—Normal sin problemas. Lo está criando una chica de veintiún años. Una niña sin educación, sin cultura, sin nada —gritó.
—Es educada, trabajadora, cuida bien de él y yo la estoy ayudando, todos la ayudamos, le pasaré dinero y pagaré su escuela.
—Si no querías hacer esto, solo debías decirlo, nosotros queríamos quedarnos con la custodia del niño y tú insististe en que no, que eras tú el que se la quedaría, y hasta me gustó la idea ya de verte casado con Bárbara y criando a un niño, pero ahora te encuentro de paseo con esa chica y sin el niño.
—Es su madre, es su madre, entiende. Eso no lo vas a cambiar tú, ni yo, ni un tribunal. ¿Y por qué Marta tenía que decirte nada?
—¿Eres tonto o qué? Marta nos ayudó con la custodia.
—Padre. ¡Por Dios!
—Lucas, no vengas con moralismos ahora. Revoca ese acuerdo ya.
—No lo haré.
—Lucas, no me retes.
—No te reto, no tengo porqué hacer lo que dices, estoy haciendo lo que creo que es correcto.
—¿Correcto? ¿Eres tonto o qué? ¿Qué piensa Bárbara?, con razón estaba así afuera, no creo que esté de acuerdo, lo dudo.
—Terminé con Bárbara. Ya no nos vamos a casar, no somos nada ya, no tiene porqué opinar —soltó con altivez.
Vincenzo se echó hacia atrás y negó meneando la cabeza. Su expresión era de incredulidad.
—¿Cómo? —preguntó casi gritando, hizo un gesto como si entendiera algo—. ¡Ah! Ya entiendo con qué tiene que ver esto. ¿Andas enredado con esa muchacha? ¿Es eso? Como Mateo con la hermana, quisiste vivir la experiencia. ¿Es eso?
—¿Vivir la experiencia? —repitió con desdén—. No se trata de eso.
—Bárbara está celosa, para mí queda claro todo ya.
—Sí, no te voy a mentir, me gusta, y quiero salir con ella —admitió Lucas sosteniéndole la mirada.
—¡Qué horror! Un hombre refinado como tú con esa chica...
—Mucho cuidado con lo qué vas a decir de ella, no te voy a permitir que la insultes más.
—No lo creo, no lo puedo creer, la muchacha te manipuló con su carita de que no quiebra un plato y le dejas la custodia de tu sobrino. No tienes valor, Lucas. Por una aventura, imagino que ya te dejó hacer con ella lo qué querías, y así le pagas...
—¡Padre! Basta, no te expreses así de ella, que no te lo permito.
—¿Qué no me permites qué? Te manipuló. Te manipuló.
—No fue así. Me enamoré de ella y…
—¿Enamorado? ¡Qué ridículo! Esto no debe ser más que un capricho como con la hermana de Giovanni y ya se te va a pasar, volverás con Bárbara.
—No, terminé con Bárbara. Estoy con Mariana y eso no va a cambiar.
—Ella ni siquiera está a tu altura —expresó con frustración—. Mira a Laura, mira a Giovanni, ahora mírala a ella, no encaja con la familia que están formando tus hermanos.
—No me interesan esas tonterías ya, padre.
—Será ahora. Por Dios. ¡Recapacita! Vuelve a tu centro, Lucas.
—No tengo nada que recapacitar.
—Ten una aventura con ella si eso quieres y si crees que eso te dejará satisfecho, pero vuelve a tu centro con Bárbara y Biel. ¿Cómo me haces esto?
—¿A ti? Y sí, justo ahora no me importa, y no me importa enfrentarme a ti por ella, por Biel. No quiero una aventura con Mariana, quiero que sea mi novia, he pensado en ella como mi esposa, sé que es muy pronto, pero nunca me vi así con Bárbara más que por obligación y compromiso, con ella lo siento de verdad.
—¿Qué estas mujeres son brujas o qué? Primero Mateo, ahora tú. De ti no podría esperarlo, Mateo era un adolescente cuando se enamoró de esa muchacha. Tú eres un hombre ya de veintiocho años, con novia, compromiso, una carrera y un futuro. ¿Qué te pasa?
—Que quizás todo eso lo planeaste tú para mí y ahora no lo quiero.
Vincenzo se echó a reír con escándalo. Negó con un gesto y se levantó de su silla.