Un momento inesperado

Capítulo 50: Lucas

Las cortinas estaban abiertas y la luz del sol entraba a la habitación, por un segundo olvidó donde estaba, sintió el calor del cuerpo de Mariana a su lado, la encontró hermosa, ella dormía tranquilamente. Besó su cabeza y acarició sus cabellos. Se daba cuenta del sentimiento que se formaba en su interior, la paz que sentía junto a ella no podía ser por un capricho. La vez que durmió allí se sintió igual de bien al despertar, pero, ahora que despertaba con ella a su lado, sentía una felicidad indescriptible.

«Supongo que estoy enamorado», pensó.

Tomó el teléfono y le marcó a su madre, se levantó y corrió las cortinas para bloquear la luz del sol, miró a Mariana aún aferrada a las sábanas durmiendo.

—Hijo.

—¿Qué tal pasó la noche el niño?

—Bien, muy bien, le contamos historias y le mostramos fotos de Mateo, estaba muy emocionado, tu padre logró que soltara ese bendito aparato del demonio con el que juega. Te está esperando para que le descargues juegos en la Tablet. Ya despertó, anda en su auto paseando por todos lados, está muy feliz, y yo también, Lucas, gracias, hijo.

—En un rato vamos —dijo de forma descuidada.

—¿Vamos? ¿Estás con Bárbara? —preguntó ella.

—Oh no, pasaré por Mariana y después vamos a casa, ella debe ir a firmar unos documentos y yo la llevaré.

—Hablaremos de ella cuando vengas. —Colgó.

«Esa conversación no será agradable», pensó Lucas.

Mariana se revolvió entre las sábanas y se estiró, lo miró y le dedicó una sonrisa ladina. Le lanzó un beso.

—Debemos ir por Biel —dijo Mariana.

—Lo sé. Báñate mientras preparo desayuno y luego me baño yo. —Besó sus labios repetidas veces.

—Hay dos baños.

—Quiero hacerte el desayuno.

—Está bien.

Lucas terminó el desayuno y se dio un baño rápido, vio a Mariana pasar con una toalla alrededor del cuerpo y se quedó mirándola, ella lo notó y se puso roja, le hizo señas con la mano de que avanzara, él se carcajeó y siguió.

—¿No tienes hambre? —preguntó Lucas.

—No, es que, estoy como aún satisfecha de todo lo que comimos anoche, es eso —dijo con expresión de asco.

—¿Está tan horrible?

—Sí, creí que Biel exageraba, pero esto apenas está cocido.

—Me gusta así y olvido que a los demás les puede gustar más cocido, ven, lo termino de cocinar —dijo, retiró su plato y terminó de cocer la comida de ella.

—¿Esos documentos que firmaremos hoy? ¿Por qué la prisa?

—No hay prisas, pero hay que hacer las cosas cuando hay que hacerlas. Y testamento, quiero que hagas uno.

—Está bien.

—Quiero ver fotos de Biel pequeño, ¿cómo era?

—Tranquilo, era un niño muy tranquilo y muy tierno, se ha puesto odioso últimamente, pero era muy tierno.

Lucas sonreía. Lo llamó su abogado.

—Atiendo esto, Mariana, un momento.

—¿Lucas?

—Sí.

—Están bloqueando el traspaso del fideicomiso, igual deben venir, veremos eso acá. ¿Te parece?

Lucas colgó y sirvió rápido la comida a Mariana, comieron en silencio y, apenas terminaron, salieron a la calle.

—Vamos por Biel y luego a la firma de abogados —explicó. Mariana asintió.

Biel estaba en el jardín paseando en moto, algunos empleados de la casa lo veían y ayudaban, la madre de Lucas lo veía mientras estaba sentada en el jardín. Cuando los vio, su sonrisa se desdibujó y los miró de arriba abajo.

—Buenos días, ¿les ofrezco algo? ¿Desayuno? —preguntó con tono de intriga.

—Estamos bien, mamá, solo venimos por el niño.

—Mami, Lucas —gritó Biel, corrió hacia ellos y los abrazó. Lucas lo alzó y lo abrazó fuerte.

—¿Listo, campeón? Ya nos vamos.

—¿Puedo llevarme la moto?

—Sí ¿por qué no? —respondió Lucas.

—Hijo, conversemos un momento antes de que te vayas —dijo su madre con expresión severa. Lucas miró a Mariana y le pidió que lo esperara un momento.

Entraron al comedor, su madre se sentó mirándolo de forma retadora. Él se acomodó sin complicaciones, no estaba dispuesto a excusarse ni justificarse, era su vida y enfrentaría las consecuencias de sus decisiones.

—Te amo, eres mi hijo. Siempre me ha parecido que eres muy recto en tus cosas, siempre obediente, ahora yo estoy muy decepcionada de ti, de tu comportamiento, ¿qué es eso dejar a Bárbara así sin más? Se iban a comprometer, en un mes lo harías, eso dijiste, ahora no, ya no, la dejaste como si fuera un auto que ya no quieres. No parece cosa tuya.

—Sí, mamá. La dejé. Terminamos.

—Terminaste tú con ella.

—Sí.




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