Mariana lo miraba de soslayo, temblaba y su mandíbula estaba tensa. Él quería disimular, pero su cuerpo lo traicionaba. Biel se quedó dormido y ella sobó la pierna de él.
—¿Seguro que estás bien?
—Sí, Mariana, ya te dije que todo está bien.
—Apenas me dio chance de recoger las cosas, salimos corriendo de casa de tus padres. ¿Discutiste con tu madre?
—Hablamos.
—Está molesta por mí, seguro se dio cuenta de que traías la misma ropa de ayer, llegaste conmigo, se debe hacer ideas. ¡Qué pena!
—No te preocupes mucho por lo que piense mi mamá.
—Lucas, estás tenso, claro que te pasa algo, no me excluyas, quiero apoyarte.
—Quiero mantenerte alejada de todo el drama con mi familia, ¿sí? Yo lo resuelvo, tú sigue siendo tan linda y ya. —Rio y la besó en la mejilla con un beso sonoro, ella sacudió la cabeza.
Lucas colocó el manos libres y marcó un número. Parecía no oír y lo puso en altavoz.
—Alberto, buenos días.
Ella lo miró incrédula.
—Dime, Lucas.
—¿Puedes, por favor, llegar a la oficina de los abogados ahora? Voy con Mariana hacia allá.
—Listo, voy entonces, nos vemos allá. —Colgó.
—No me puedes decir a mí, pero arreglas mis asuntos con Alberto. ¿Por qué no participo yo de eso? ¿Por qué me excluyes? ¿Es por machismo o algo?
—Amor… —dijo y sonrió. Ella se sorprendió de que la llamara así—. No se trata da nada de eso, es solo que quiero evitarte todo lo feo, tedioso y aburrido del mundo, él se ofreció a ayudar, que lo haga, está feliz de hacerlo, y tú no tienes que estar pendiente de esas cosas, solo del niño y de mí, de tu trabajo y tus cosas.
—Me gusta que me digas amor, pero no me vas a distraer.
—Ya, Mariana. Quiero darte de besos ya, eso quiero. ¿Detengo el auto? —Rio.
—¡Loco! —Rio y miró por la ventana. Se sentía más inquieta y preocupada sin saber qué pasaba, porque algo pasaba. Debía esperar a hablar con Alberto, si él no hablaba, hablaría con Isabel.
Bajaron a Biel dormido y subieron por el ascensor. Lucas lo mantenía cargado y la miraba sonriéndole de vez en cuando, en la recepción del bufete de abogados había algunos muebles y Lucas acostó a Biel allí sobre las piernas de Mariana, lo acomodó sobre ella y le dejó un besó en los labios.
Lo vio entrar a la oficina y ella se quedó del lado de afuera, estaba molesta con él, no le gustaba que la tratara así. Sonrió pensándolo: «Somos una pareja, me gusta tanto, es bello, ojalá todo funcione». Vio pasar a Alberto. Ella lo llamó, Alberto se acercó con cautela.
—¿Ya está adentro Lucas?
—Sí. ¿Qué pasa, Alberto? ¿Pasa algo?
—Nada, previsiones que está tomando Lucas.
—¿Previsiones sobre qué?
—Debo ir adentro.
Mariana se sintió frustrada, trató de calmarse. Al rato los vio salir a los, dos caminaban de un lado al otro y conversaban entre ellos concentrados, ambos revisaban sus celulares y hacían más llamadas, iba a levantarse cuando Biel se incorporó.
—Mami, quiero ir al baño.
—Al baño, ¡eh! Vamos.
Mariana caminó con él hacia los baños, Lucas y Alberto no la notaron, Biel iba somnoliento. Se pegó de la pared para tratar de oír lo que conversaban.
—Estoy llamando, pero no me responden, debe ser por la diferencia de horario —comentó Lucas.
—Eso debió ser antes, no te preocupes, esto no se cambia de un día a otro.
—¿Tú crees? Porque me preocupa que sea una acción reciente, apenas ayer… —se interrumpió al verla—. Mariana.
—Llevo al niño al baño.
—Ve, claro.
Cuando Biel terminó de usar el baño, salió con él tomada de mano, Alberto y Lucas la esperaban.
—Alberto te llevará a casa, debo ir a la compañía. —Besó su frente y su labios. Mariana miró a Alberto, quien se mantenía con expresión tranquila.
—Adiós, Lucas —se despidió Biel.
Caminaron en silencio hasta el estacionamiento. Mariana se subió al auto después de ubicar a Biel en la parte de atrás.
—¿No me van a decir qué pasa? De verdad no.
—Lucas no quiere preocuparte.
—No entiendo, Alberto, lo apoyas o no, no quieres que esté conmigo o sí.
—Mariana, te voy a ser sincero: No sé qué pretende Lucas contigo, quiero creer que tiene buenas intenciones, espero que sea así. No interferiré más con eso, igual no me haces caso.
—Te agradezco la confianza porque no es solo sobre él, yo también quiero una relación con él.
—Me sorprende que no pensabas así cuando llegaste a la ciudad, tú promesa a Biel —le recordó.
—Lucas no es un extraño.
—Lo era hasta hace poco, y noto que asumes que será para siempre.