Caminaba por el pasillo haciendo fricción con los dedos en su entrecejo, iba distraído y tropezó con uno de los miembros de la junta directiva. Levantó el rostro y se encontró la mirada de la mujer, una mirada curiosa y preocupada.
—¿Está todo bien, Lucas? Estamos algo preocupados por ti, últimamente no te hemos visto…
—No, no estoy bien, estoy resolviendo un asunto personal, disculpa.
Avanzó hacia la oficina de su padre. Abrió la puerta sin tocar, Vincenzo levantó la cara e hizo un gesto de desdén.
—Pasa, siéntate. Espero que vengas a disculparte y a explicarme cómo vas a solucionar esto.
—Papá, no, me llamaste diciendo que ibas a por la custodia de Biel.
—Sí, ya que tú no tienes los pantalones para hacer lo que hay que hacer, debo hacerlo yo, Claudio me está ayudando.
—Me lo imagino. Están enfermos, dejen a ese niño en paz, dejen a Mariana en paz.
—¡No! —gritó Vincenzo y se puso de pie. Su mandíbula temblaba—: perdí a mi hijo, lo perdí porque esa mujer lo alejó de nosotros, al menos me quedó mi nieto, lo quiero, se criará conmigo y será tal como yo diga —gritó.
—No es una mascota, es un niño.
—Mi nieto, heredero de todo esto que ves aquí, junto con tus hijos y los de tus hermanos cuando existan, por ahora existe él y lo quiero aquí, viendo lo que será suyo para que no se desvíe como su padre, como tú.
—Excelente, mira, te propongo que le asignes el cargo de coordinador de admisión de personal, sé que tiene cinco años, pero puede hacer un gran trabajo allí —se burló Lucas—. ¡Estás loco! Qué va a estar viendo hacer para acá, es un niño, tiene cinco años. Déjalo.
—Búrlate. No lo quiero con la costurera. No lo quiero viviendo como pobre cuando tiene todo esto.
—Sí, de hecho quería hablarte de eso, claro que no es pobre, tiene un dinero que, independientemente de tu dinero, era dinero de Mateo y le pertenece a Biel, lo tenía en un fondo. No puedo acceder a él ahora.
—Claro que no. Cuando vi lo blandengue que te pusiste con la costurera, sin yo saber que intenciones tenías con ella, lo moví, lo recuperé. Me necesitas para acceder a él, fuiste descuidado.
—Fui descuidado porque confié en ti, en mi padre. Siempre creí que haríamos lo mejor para el niño.
—Lo mejor para el niño es salir del cuchitril donde vive con esa cría y vivir en mi casa con su abuela, y tiene su fondo aparte con el dinero de su padre.
—No lo decides tú, lo decide un tribunal en tal caso.
—Ya el tribunal decidió que tú, pero ya ves, no puedes con la tarea.
—Amañado, hicieron trampa a mis espaldas y te pedí que no intervinieras.
—Lucas. Me estás provocando un dolor de cabeza. Quédate tranquilo, no tenemos que ir a tribunales, revoca el acuerdo con Mariana Montenegro, hazlo con nosotros, haz con tu vida lo que quieras y llevemos la fiesta en paz.
—Eso no va a ocurrir.
—Quieres decir que sí debo pelear por la custodia del niño —lo reto Vincenzo.
—Digo que voy a impedir que sigas con esa absurda idea de quedarte con Biel. Estoy agotado de esto, en lugar de estar felices porque el niño existe, porque está aquí, quieres vivir en guerra, y me lamento de haberte hecho caso desde el primer momento, porque ahora veo lo desgraciado que me veía haciéndole la vida imposible a ella.
—Me queda claro entonces que no vas a cambiar de opinión. Está bien. No te pediré más nada relacionado al asunto de Biel Mateo, se cancela esa conversación, llevemos la fiesta en paz. Vuelve a tus asuntos ahora. Mañana hay una reunión por la construcción del complejo…
—Renuncio.
—¿Qué? —preguntó. Se carcajeó.
—Lo que oyes.
—Hijo. Vamos a hacer algo, tómate unos días, ve a la playa, a la montaña, con la costurera, seguro quieres pasar unos días de distensión, Lorenza y yo cuidaremos al niño, váyanse a pasear y, cuando vuelvas, regresa a tu puesto, atiendes los asuntos que debas atender y seguimos con nuestras vidas. ¿Te parece?
—Padre. Vamos a hacer algo, aceptas mi renuncia y me dejas en paz con el asunto de Biel Mateo a mí y a Mariana. Lo que debía ser un motivo de alegría te has encargado de convertirlo en un dolor de cabeza. Me voy padre. No quiero seguir trabajando aquí. La vicepresidencia puede ejercerla cualquier otro, quizás hasta más capacitado que yo, seguro que sí —dijo con seguridad.
Vincenzo se mantenía impasible. Se sentó y aspiró aire con fuerza. Se echó hacia atrás e hizo un gesto de agotamiento.
—Lucas, no puedes estar hablando en serio, este es el legado de tu familia, lo que eres, tú eres quien llevará las riendas de todo, estoy esperando retirarme pronto, aspiraba que cuando cumplieras los treinta años, dentro de dos años, pudieras quedarte con la presidencia, luego, decidí que ya estabas listo, Lucas, mi aspiración es que en cualquier momento asumas la presidencia, solo esperaba que anunciaras el compromiso con Bárbara para ascenderte.
—Pues nada de eso hay ya, no hay Bárbara y ya no trabajaré para ti.