Biel jugaba en el suelo de su habitación y ella lo miraba desde la cama, se sentía triste ese día, era el cumpleaños de su padre, está vez no envió mensaje de texto ni correo. Los extrañaba. Se sentía sola, a pesar de que Alberto e Isabel siempre estaban con ellas y él mismo Lucas, quien tenía días sin visitarla.
«Ya se habrá aburrido de mí», pensó. Le dejaba fríos mensajes y hacía llamadas cortas para preguntar por ella y saludar a Biel, no hubo más: «Te extraño», «moría por verte» o «moría por besarte». Incluso Jonás la visitó más junto con Laura. Visitaban a Biel, pero ella ya se estaba acostumbrado a la compañía de personas, a no estar sola siempre. Alberto era una tumba, no decía nada al respecto.
Tocaron a la puerta y se levantó ilusionada pensando que podía ser Lucas, hacía solo tres días que lo había visto, pero extrañaba su contacto, su voz, sus mimos. Se dio cuenta de que sí estaba perdida por él. Abrió la puerta, sin embargo, era Bárbara quien estaba de pie frente a ella.
—Bárbara.
—Mariana. ¿Podemos hablar?
—Sí claro. Pasa —respondió con dudas.
Bárbara llevaba un conjunto blanco de chaqueta y pantalón corto por encima de los tobillos, sus cabellos rojos sueltos. «Es una mujer bella y elegante», pensó Mariana, se sintió intimidada por su presencia.
—¿Puedo? —Señaló el sofá, repasaba el lugar con la mirada—. Muy lindo tu apartamento.
—Gracias. ¿Quieres algo de beber?
—No está bien. Tranquila. ¿Y el niño?
—Jugando en el cuarto.
—Antes de irme quiero saludarlo.
—Seguro.
—Bueno, te preguntarás qué hago aquí. Te explicó, estamos en pleno siglo XXI, somos mujeres, trabajadoras las dos, estar peleando por un hombre me hace sentir algo incómoda, quería arreglar las cosas contigo para poder avanzar.
Mariana se preocupó, hacía días que no veía a Lucas, estaba distante y frío, y ahora aparecía Bárbara en su casa diciendo que quería avanzar. Pensó lo peor, pensó que habían regresado como pareja, estaba al borde de los nervios.
—Sí, estoy de acuerdo —contestó con timidez.
—Discúlpame por mi comportamiento pasado, los insultos, las amenazas y todo. Lo siento mucho, Lucas y yo nos íbamos a casar, solo esperaba que me propusiera matrimonio en cualquier minuto, iba a pasar, estaba segura, él lo iba a hacer y apareciste tú. ¿Espero que me entiendas?
—Sí, claro —dijo. Sintió alivio al oírla usar el tiempo pasado para referirse a ellos.
—Tú podrías pasar por lo mismo. Sabes, un día, Lucas se enredó con alguien, habíamos discutido, sí, y estábamos separados temporalmente, pero siento que me engañó, con la hermana de Giovanni, así de la nada un día se veían y se enredaron, él cortó por lo sano con ella por Claudio, para no dañar la relación de su hermano, evitar problemas en la familia, lo que quiero decir es que Lucas no es un santo.
—Él me comentó sobre esa chica.
Bárbara pareció sorprendida.
—Qué bueno que fue sincero. No fue la única. Lucas es enamorado. Así es él. Lo otro que te quería decir es que ya lo dejaré en paz. No lo andaba persiguiendo ni nada, sé retirarme cuando no me quieren, tengo dignidad y no me gusta arrastrarme, si él no me quiere, pues me voy, no pasa nada, así que no hay rencor, sigan adelante, yo me aparto, no pasa nada.
—Bárbara, no sé qué decirte, no sé. Yo no lo busqué ni nada.
—No digas nada, Yo entiendo. Eso pasa, agradezco que él fuera honesto y me apartara, y no que me montara los cuernos, claro el problema con Lucas es que es así de honesto siempre, le gusta alguien, termina conmigo de forma temporal, tiene su aventura y regresa. Porque eso de ser infiel no le va.
Mariana entendió el mensaje que le quería dejar.
—Sí pues. Es el tío del niño a quien estoy criando como mi hijo, el niño siempre estará por encima de cualquiera.
—Te admiro sabes, te tengo un poco de envidia, eres tan sencilla, fuerte, tú sola con ese niño, después de perder a tu hermana, ustedes dos solas en el mundo. Porque sé que sus padres murieron y bueno, cosa triste la vida que has tenido y sigues allí fuerte, para adelante. Entiendo la admiración de Lucas por ti.
—Mis padres no murieron —dijo Mariana confundida.
—Claro, lo adoptivos no, me refiero a tus padres biológicos.
—¿Padres biológicos? No soy adoptada.
Bárbara echó la cabeza para atrás e hizo un gesto de asombro que a Mariana le pareció fingido.
—Lo siento, no sabía que no sabías. Creí que Lucas te había dicho.
—¿Me había dicho qué? —preguntó con la mandíbula tensa. Su cuerpo temblaba.
—Cuando Lucas buscaba a Biel, buscó a tus padres, ellos les explicaron que eran tus padres adoptivos, que una vez que cumpliste los dieciocho años ellos ya pues no querían saber nada más de ti.
Lágrimas recorrieron las mejillas de Mariana. Se las limpió sin disimulo y bajó la mirada, no podía ser cierto lo que ella decía, estaba ardida y por eso inventaba aquello.