Alberto parecía querer decirle algo, pero Lucas mantenía su foco en los papeles delante de él. Revisaba cada uno con afán, uno de los abogados se acercó y le enseño algo a Alberto, lo rechazó y se levantó nervioso, lo miró de nuevo.
—¿Qué pasa, Alberto? Me miras y me miras y no me dices nada.
—¿Mariana no te ha llamado?
—No he revisado el teléfono.
—Bárbara fue a verla.
Lucas puso expresión de temor. Soltó los papeles y tomó el teléfono. Revisó y encontró un mensaje de voz de Mariana. Soltó el teléfono y asintió en dirección a Alberto.
—¿Qué te dijo? —preguntó Lucas.
—Creo que es mejor que la llames. No me dijo qué fue lo que le contó Bárbara.
—Cizaña, seguro le contó de Gianna, quién sabe qué más. No tengo tiempo ahora para eso. Bárbara es inoportuna.
Se levantó y llamó a Mariana.
—Amor. Te tengo abandonada. ¿Qué pasó?
—Bárbara estuvo por aquí —respondió Mariana con un hilo de voz.
—No le prestes atención, quiere molestar, no lo va dejar estar así nada más, hablaré con ella.
—Me dijo que soy adoptada.
Lucas se quedó frío. Tragó grueso y recordó que eso lo comentó con ella. Eugenio Montenegro estaba por lanzarse como candidato a alcalde y su cara había aparecido en la prensa, Bárbara debió verlo y recordar aquello.
—¿Lucas? ¿Por qué te quedas callado? Y dice que tú sabías.
—Mariana, ahora voy a tu casa, estoy haciendo algo importante.
—Eso es otra cosa, no me dices en qué andas, no me cuentas nada. ¿Qué está pasando?
—Amor, mi amor, Mariana, dejaré todo esto acá e iré a casa a explicarte todo, y a darte de besos, lo prometo. ¿Sí?
—¿No te mueres por verme? ¿No me extrañas? ¿Puedes venir?
—Te extraño mucho, muero por verte, pero estoy ocupado. Me haré un espacio e iré. No le des vuelta en la cabeza a eso que te dijo Bárbara. Ya voy. —Colgó.
Lucas lanzó el teléfono contra el sofá. Alberto se sobresaltó.
—¡Pinche, Bárbara! Y yo olvidé ese asunto por completo.
—¿Qué pasó?
—Le dijo que era adoptada.
Alberto se levantó de la mesa del comedor y se llevó las manos a la cabeza.
—Pobre Mariana, debe estar… voy ya mismo.
—Espérate, espérate y cálmate. Ya voy yo. Le dijo que yo sabía. Necesito arreglar esto con Mariana, ella no sabe que tú sabías, no tiene porqué saberlo.
Alberto afirmó con un gesto.
—¿Cómo se le ocurrió sacar eso ahora? —preguntó incrédulo Alberto.
—Se va a lanzar a alcalde el muy sinvergüenza de Eugenio. Bárbara debió verlo en las noticias.
—Por eso Eugenio te buscó tan zalamero. El novio de mi hija es el heredero de las empresas Napolitano. Él muy interesado —comentó Alberto en tono despectivo.
—Lo que no sabe es que ya no soy el heredero de nada, tampoco le respondí las llamadas, es otro inoportuno.
—Yo me quedaré, trataré de terminar acá. Tú ve tranquilo —lo tranquilizó Alberto.
Lucas apretó su hombro y afirmó con un gesto.
—Gracias, Alberto, gracias de verdad. —Su voz se quebró.
—Por nada, hermano. Anda, no me dejes en angustia a la muchacha.
—Voy. Recuerda escanear las copias de los oficios de cuando Mateo estuvo en la clínica por el accidente.
—Listo, sí ya.
Lucas mantenía las manos muy apretadas al volante, había dormido poco y estaba estresado, ahora, además, debía lidiar con los celos y cizaña de Bárbara. La llamó de camino a casa de Mariana.
—Eso fue rápido —respondió ella al tomar la llamada.
—Sabes lo que hiciste.
—Quise tener una charla de mujer a mujer con tu nueva novia. ¿Pasa algo? ¿Se te puso celosa?
—Decirle que era adoptada fue muy bajo, Bárbara, no había necesidad, eso no te correspondía a ti.
—¿A quién entonces? Quizás a ti, pero no se lo dijiste, como le contaste de Gianna creí que le habías dicho que era adoptada, aunque me equivoqué, solo la manipulas para tenerla allí creyendo lo que le dices.
—¿Fue eso? Fuiste a sembrar intriga con lo de Gianna, cómo descubriste que ella ya sabía, le soltaste lo de la adopción, qué básica y predecible eres. No te acerques más a ella.
—Uy, qué miedo, si más bien creo que quiero ser su amiga.
—Bárbara. No te acerques. —Colgó.
Estacionó el auto y subió con calma, en el ascensor trató de relajarse. Estaba muy tenso y no quería preocupar a Mariana. Ella le abrió, tenía los ojos rojos, había llorado, pero tenía una sonrisa tonta en su rostro, se colgó de su cuello y lo besó en la mejilla.
—Te amo, me hiciste falta —le dijo ella al oído, él sonrió.