Biel se durmió y ella pensó en hacer lo mismo, tenía poco trabajo debido a que iría a la casa de moda de Giovanni, quería probar suerte allí, Lucas la motivó. Habló claro con Alberto y la gente de la agencia de publicidad, no le gustaba modelar, no se sentía cómoda, ya no haría aquello. Se recostó cuando escuchó la puerta. Se levantó con flojera y abrió, era Lucas, le guiño un ojos y la abrazó, la alzó por el aire y la besó en los labios, en la frente, y la bajó, los dos reían.
—Te tengo una mala noticia.
—¿Qué pasó? —preguntó Mariana angustiada.
—No consigo a Rosenda. Debió ser la chica del servicio, quizás la movió y ahora no la consigo, morirá sola por ahí, quizás advierta el mal olor.
Ella sintió que sí amaba a ese hombre que tenía frente a ella, suspiró y recordó lo que la atemorizaba al principio. Se abrazó a él y pegó la cabeza de su pecho.
—¿Qué pasó ,Mariana? Creí que no querías tanto a esa tortuga.
—No es por ella.
Él levantó su mentón y la miró a los ojos.
—¿Qué te pasa?
—Te amo, eso me pasa.
Él sonrió con amplitud y besó su mejilla.
—Yo también te amo. Hablé con Eugenio —dijo Lucas, y se lanzó sobre el sofá.
—¿Sí? ¿Y?
—Nada, tendremos esa cena familiar para que tomen la foto que necesitan para la campaña.
—Lucas, no seas así.
—Amor, es eso, no quiero meterte nada en la cabeza, pero ojalá tuvieras malicia, no la tienes, en eso no te pareces a tu hermana.
—No quiero tener malicia, quiero abrazar a mis padres. Sabes, estuve averiguando con Alberto a ver si puedo conseguir información de mis verdaderos padres, sé que están muertos, pero quizás tenían más familia.
—¿Con Alberto? —preguntó con expresión severa sin mirarla.
—Sí. No estés celoso, me arrepiento de haberte dicho que tenía un enamoramiento platónico con él, ahora estás todo gallito.
—No estoy celoso, no dije nada —se encogió de hombros—, solo te pregunté si con él, qué bien. ¿Hasta cuándo te duró ese enamoramiento? Nunca lo aclaraste.
—Cuando me mudé sola, pues por eso. Porque no soportaba estar cerca de él y él con Isabel y eso. —Hizo un gesto de fastidio.
—¡Qué horror! —Se quejó Lucas meneando la cabeza.
—Era solo platónico, como desde que tenía quince años.
—¿Desde ese entonces? No, qué va. ¿Y de mí cuando te enamoraste?
—Ayer. —Rio.
—Mariana.
—No sé, no me di cuenta, pero sí que sé que no se parece a lo que sentía por Alberto, por él era como lo que podía sentir por un artista que me gustara, alguien inalcanzable, en cambio tú, contigo es diferente, a ti te amo. —Hizo puchero.
Él acarició sus labios y los besó.
—Amo esa boquita.
—¿Haremos ese viaje que me dijiste?
—Después de la boda de Alberto e Isabel.
—Pero sí aún falta mucho —se quejó ella.
—Lo sé. Hay algo que debo decirte, debí decirte antes. Sigo con lo de la recuperación del fondo de Biel. Mi padre no está nada feliz conmigo.
—¿Sí? ¿Por qué?
—Digamos que estoy intentando por las malas, el punto es que, bueno, me desheredó.
—¿Qué?
—Nada, eso no tiene importancia, no creas que me importa. Ahora se está metiendo con mis recursos.
—¡Oh Dios! Lucas, ¿y ahora?
—Nada. Me defenderé. Por eso ahora no podemos hacer ese viaje, porque si pierdo contra mi padre, estaré más pobre que un mendigo. —Rio.
—No es gracioso.
—Tendrás que mantenerme.
—No quiero vagos, tendrás que trabajar —rio ella—. Te ríes, pero sé que esto es serio y te afecta sobre todo por tu familia.
Él la miró con melancolía. Su expresión era triste, ella se abrazó muy fuerte a él y lo besó en los labios.
—Voy a estar bien, Mariana.
—Quiero que estés bien. Eres nuestra roca, y necesito que estés bien.
—Quiero quedarme hoy —dijo.
—En la habitación de Biel.
—¡Mariana!
—No quiero que nos vea en la misma cama.
—Que dolor. —Rio.
—No quiero que el viaje se retrase más. —Se encogió de hombros sonriendo.
—Lo haremos pronto, lo prometo, déjame solventar mis cosas —dijo Lucas, y le sonrió con malicia.
Mariana observó que Lucas jugó un poco con Biel, se dio un baño y se metió en la cama temprano, se veía agotado y triste. Lo dejó dormir y preparó sus cosas para el día siguiente. Biel le estiró los brazos bostezando.
—Ya vamos a la cama, bebé.