Un momento inesperado

Capítulo 59: Lucas

Alberto conectó el videojuego para Biel y se sentó en la mesa del comedor con Lucas. Biel insistió que jugara con él, Alberto tuvo que convencerlo de que de verdad estaba muy ocupado, lo besó en la frente y lo dejó.

—¿Es grave? —le preguntó Alberto a Lucas.

—Sí. Me quitó todo. Había hecho algunos movimientos y tengo dinero en tu cuenta y en la de Mariana, ella ni sabe. Y un fideicomiso nuevo que hice para Biel, allí están todos mis ahorros.

—Debe haberse quedado loco cuando vio que lo que te quitó fue poco.

—Sí, él debía saber que yo sé bien que le hizo lo mismo a Mateo, capaz y se invente algún préstamo y me quite el apartamento, los carros, la casa de la playa y el yate. Debe hacerlo, no me extrañaría.

—Pues por qué no los estás poniendo a nombre de Mariana o Biel ahora mismo.

—No sé. Mariana estaba rara esta mañana, no quise comentarle nada. Sí debería. Sabes, a pesar de que me está quitando todo, me emociona poder empezar de cero, hacer algo por mí. Es emocionante.

—Bien. ¿Y qué quieres hacer?

—Estaba pensando en invertir en una agencia de publicidad, ¿conocerás a alguien que quiera ser mi socio?

—Lucas. —Rio negando con la cabeza.

—¡Vamos, Alberto! No es el capital más grande del mundo, pero sé que sabes lo tuyo y ya es hora de hacer las cosas por nosotros mismos.

—No quiero algo convencional, quiero algo que agregue valor, que genere cosas valiosas, una agencia de publicidad puede ser lo más falso y frívolo que haya, bien hizo Mariana de alejarse de ese mundo, fíjate, ella no se sintió cómoda.

—¿Entonces qué quieres?

—Una agencia de publicidad, pero que rompa el molde, que diga la verdad, que fomente mensajes de inclusión y respeto, no trabajaría con cualquiera, solo con los que coinciden con nuestros valores, unirlo a una fundación.

—Alberto, me sorprendes, ¿en esto habías estado pensando todo este tiempo?

—Sí, más o menos.

Sonó su teléfono. Respondió, era Giovanni.

—Lucas, ¿cómo estás?

—Bien, ¿pasa algo?

—Puedes venir al atelier, Mariana no se sintió bien.

—¿Qué tiene?

—Está descompensada.

—Voy.

Lucas suspiró contrariado y dejó a Biel con Alberto, condujo de prisa hacia el atelier. Al llegar corrió hacia la oficina de Giovanni, se cruzó con Gianna que le sonrió y se acercó, Lucas rodó los ojos mentalmente.

—Lucas, tenía mucho tiempo sin verte, me dijo Giovanni que la chica que comenzó hoy es tu novia. ¿Cómo has estado?

—Bien, gracias, veo que tú estás fenomenal, llevo prisa si no te importa —dijo cortante y siguió. Ella lo miró con curiosidad.

Mariana se recuperaba ya sobre el sofá, se veía pálida, él se acercó y la tomó de la mano.

—¿Qué pasó?

Ella se echó a llorar y lo alejó de ella. Se colocó como ovillo sobre el sofá y lloró. Lucas miró confundido a Giovanni.

—Creo que mencioné algo que ella no sabía —dijo Giovanni avergonzado.

Lucas dedujo lo que podía ser.

—¿Puedes dejarnos solos, por favor?

Giovanni asintió y salió de prisa de su despacho. Lucas abrazó a Mariana y besó sus cabellos.

—¿Es por lo de la custodia?

—Otra vez, otra vez lo mismo, pasar por lo mismo, no lo soporto. ¿Por qué? ¿Hasta cuándo? Y tú sabías. No me dijiste nada, puedo perder al niño y ni siquiera estaba enterada. ¿Por qué, Lucas? ¿Por qué me mentiste?

—No quería verte como estás ahora, por eso no te dije, yo estoy ocupándome, me estoy encargando de todo con Alberto, créeme, lo tengo controlado, no tienes que preocuparte por nada.

Ella lo miró dubitativa, sus ojos estaban rojos, así como su nariz y mejillas, se veía muy mal. Se secó las lágrimas y cerró los ojos meneando la cabeza.

—¿Estás seguro?

—Sí, por eso están en mi contra, bloquearon mis fondos, me están atacando. Los obligué a retirar la demanda de custodia amenazándolos con exponer ante el juez lo que le hicieron a Mateo y a Ana, lo de sus cuentas, y todo eso.

—¿Lo harán? ¿Se quedarán así tranquilos?

—Quizás se queden tranquilos por un tiempo, voy a adoptar a Biel.

Mariana lo miró con extrañeza. Se incorporó en el sofá y se acomodó los cabellos.

—¿Eso qué significa?

—Qué seré su padre, seremos sus padres —dijo Lucas sonriendo.

—¿Cuándo lo decidiste? No me habías dicho nada.

Lucas bajo la mirada y soltó un suspiro de alivio, por fin podía decirlo, pero se preocupó por su reacción.

—Lo decidí desde que supe de la existencia de Biel, apenas supe su nombre y tuve sus documentos mandé a preparar todo.




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