Un momento inesperado

Epílogo

Lucas.

Un año después.

Alberto y Lucas decidieron abrir la agencia de publicidad, Lucas sería el director financiero y él el creativo, obviamente. Tenían ya tres meses operando y todo marchaba bien, era más trabajo del que imaginó, sobre todo porque nunca trabajó en un lugar distinto a la empresa de su padre. Cuando nació, ya ahí todo funcionaba perfecto, crear algo desde cero resultó caótico pero hermoso.

Alberto seguía siendo su mejor amigo, su hermano, estuvo furioso con él por algo que le dolió y lo creyó una traición, era la necesidad de culpar a otro y no asumir la culpa que era propia, se perdonaron, Lucas sentía que tenía más cosas que agradecerle que perdonarle, fue para su hermano Mateo el hermano que él no fue, estuvo cuando él debió estar, lo socorrió cuando él debió socorrerlo, estuvo junto a él en sus momentos más felices, cuando él debía estar. Después de saber la verdad sobre Biel, lo que Alberto mantuvo en secreto tanto tiempo los unió más y lo ayudó a sanar la pérdida de Mateo.

Aprendió a reconocer a Mateo y conocer a Ana a través de Alberto y de Mariana. Los conoció tanto a través de ellos que, cuando Biel hacía algo, sabía que era una actitud o gesto de Ana o de Mateo, o suyo o de Mariana, porque los imitaba. Haber encontrado a Biel no fue para nada como lo imaginó. No imaginó que conocería a la mujer de su vida, a la futura madre de sus hijos, quien le cambiaría la vida y pondría sus pensamientos bajo gravedad cero.

Sin ellos nunca habría salido de las empresas de su padre, donde era infeliz, nunca habría buscado hacer algo por sí mismo, se habría casado con alguien que le complacía a su familia, pero no lo hacía feliz a él, y habría continuado viviendo una vida sin vivirla realmente. Había renunciado a demasiados sueños ya. No se permitió renunciar a más. Se aferró a ellos con todas sus fuerzas y fue lo que lo salvó, llegaron en un momento inesperado y no desaprovechó un segundo, uno puede vivir una larga vida sin vivirla realmente, o una vida corta, y vivirla intensamente, a veces un instante dura para siempre, y un solo momento lo cambia todo.

Siempre decían que Mateo manifestaba una urgencia irracional por estar junto a Ana, quizás en el fondo sabía que no tendrían tanto tiempo en este mundo, o sabía aprovechar los sesenta minutos de cada hora y cada día para amarla y dejárselo saber.

Lucas sabía que su familia tenía un largo camino por recorrer para sanar y cambiar, lo estaban haciendo bien, el mismo día que Mariana los reuniera en la oficina de su padre y les dijera todo lo que les dijo, su familia la aceptó y le mostró respeto, no era la mejor amiga de Claudio, pero se tratan con cordialidad. Cada dos domingos Biel se quedaba con sus padres desde el sábado en la noche. Lo amaban. Mariana y Lucas le daban la disciplina que necesitaba, más Mariana que él, debía confesar.

—¿Qué haces, Lucas? —preguntó Mariana, asomándose desde adentro de la casa, se giró para verla, su vientre de tres meses de embarazo era pequeño, pero no se cansaba de mirarlo, aún no se lo podía creer. La brisa del mar batía su cabello y le parecía la mujer más hermosa del mundo, «y es mía, mi Mariana».

—Nada, recuerdo cosas solamente.

—Por qué no recuerdas cosas mientras recoges el desastre que hizo Biel en la carpa, Isabel lo está recogiendo, me da pena, yo estoy ayudando a servir la comida.

—Voy.

Mariana, siempre con sus dudas, quería que su relación fuera poco a poco, él no tenía intenciones de ir poco a poco en la vida y ella pareció comprender que no había nada que temer, que solo podían confiar y esperar. Su relación era perfecta, siempre llena de buen humor y amor. Ya Lucas no sentía la necesidad de sobreprotegerla, sabía que era fuerte, más fuerte de lo que siempre sospechó.

El día de su boda fue el primer día que toda su familia estuvo de nuevo reunida sin peleas ni reproches, Mariana estaba hermosa en un vestido blanco con un velo y Biel los acompañaba, a regañadientes, Lucas permitió que Eugenio le entregara a Mariana en el altar, si todos estaban cediendo, él también podía aprender a ceder un poco. Su padre y su madre estaban emocionados, incluso no discutió con Claudio ese día, todo fue perfecto.

—Le sirves primero a Giovanni porque es tu jefe, tan obvia —le dijo Jonás a Mariana.

—Ah, bueno, ahora a ti te toca servirte solo.

—No me dejan acercarme, si no lo haría yo, Alberto no deja que nadie toque su preciosa parrilla —replicó Jonás.

Después de pasar el día en la playa, compartir una comida y perseguir a Biel por toda la casa, estaba agotado, se lanzó en la cama después de darse un baño. Entró Mariana con su pijama y se metió a la cama junto a él, bostezaba.

—¿Muy cansada?

—Sí. Biel no se quería dormir, quiere saber si es niña o niño el bebé. Que le tengo que decir, que por qué no le queremos decir, quiere saber qué le ocultamos. ¿Tú has visto?

Lucas se echó a reír, siempre con sus ocurrencias. La abrazó y besó su cabello. Arruguó la nariz.

—Tu cabello huele a humo.

—No me lo lavé, perdón.

—No importa, mi amor, me encanta incluso cuando hueles a pincho de carne.

Le golpeó en el pecho.

—Tonto, no, ya me baño. —Se movió para levantarse de la cama.




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