Mariana lloró mucho esa noche, pero de algún modo se sentía en paz, vio dormir a Biel tranquilo, ajeno a las peleas y disputas absurdas en su nombre. Al día siguiente fue a donde los padres de Lucas, le pidió a Alberto que la llevara, iba con Biel, Alberto intentaba descifrar qué le pasaba haciéndole preguntas, aunque ella solo las evitaba, hasta que él entendió que no hablaría. Los recibieron en la oficina de Vincenzo. Biel se quedó en el parque jugando con las empleadas. Estaba Vincenzo, Lorenza, Claudio, Jonás y Lucas, quien estaba apartado de sus hermanos y padres, la tensión entre ellos era obvia. Lucas la miraba con tristeza e intriga, y ella simplemente evitaba su mirada.
—A ver, Mariana Montenegro, ¿qué tienes para decirnos tan pero tan importante? —preguntó Claudio con sarcasmo.
—Sé que tienen intenciones de pelear por la custodia de Biel otra vez, solo porque Lucas acordó conmigo la custodia, pero es mi hijo, así ustedes se lancen al piso a hacer pataletas, es mío, yo lo crié, lo cuido, él me quiere y también los quiere a ustedes, son su familia, aunque Mateo no los quería en la vida de Biel, creo que merecen estar en su vida, quiero que me expliquen cuál es la necesidad de quitármelo, ¿por qué lo tienen que tener ustedes y no yo?
El ambiente era tenso. Vincenzo la miraba con atención, Lorenza bajó la mirada.
—Insistes en que Mateo no nos quería en la vida del niño, a Lucas lo manipulaste con eso, a nosotros no —dijo Claudio.
—Entiendo porqué te quieres engañar. Debe doler que él no los quisiera en su vida, pero no los quería, Biel nació y no quiso compartir esa noticia con ustedes, y fue el día más feliz de su vida. Mantuvo al niño fuera de los medios para que ustedes no se enteraran. Lo traumatizaron con su persecución loca y absurda.
—Mira muchachita —espetó Vincenzo.
—Déjala hablar —gritó Lucas.
—Sí, la misma persecución de la que soy víctima yo hoy, o Lucas ahora. Vivo donde mismo, el niño está todos los días allí, pueden verlo, compartir con él, todos podríamos estar bien, pero eligen perseguirme, hacernos la vida imposible, deben estar locos.
—¡Cuidado! —dijo Vincenzo.
—Sí, locos. No les tengo miedo, no me voy a esconder, no necesito a Lucas o Alberto para defenderme, han jugado sucio con la justicia, me dejaron claro porqué Mateo decidió lo que decidió. Voy a leer un correo que él me mandó días antes del nacimiento de Biel.
Mariana sacó su teléfono y lo desbloqueó. Lorenza jadeó y se llevó las manos a la boca.
Mariana, gracias por ocuparte de mis redes sociales, sabes lo que me abruma leer todas esas notificaciones, leer todos esos mensajes, no es de gratis: te pagaré. Cancelé todos mis compromisos hasta una semana después de la fecha de parto de Ana. Uno nunca sabe y quiero estar ahí, no quiero perder nada, ni un segundo. Te adjunto el cronograma como quedó para que lo subas en las redes, como solo tú sabes hacerlo, cuñadita, gracias.
Le escribí a Alberto, quiero que venga para el nacimiento de Biel Mateo, y ya seriamos todos, sé que Ana va a volver sobre el asunto de decirle a mi familia, ayúdame a convencerla de que no es buena idea, temo que ella a mis espaldas se los diga, se siente mal porque dice que Biel está naciendo sin familia, está loca ¿verdad? Estamos nosotros tres y llegará Alberto, no necesitamos a nadie más. Me da miedo cómo puedan reaccionar, no quiero ni encontrarme con la sorpresa de las cosas que dirán de mi hijo, o de mí, o de Ana, no quiero que me desprecien a mi hijo, me moriría de pena, prefiero que ni sepan que existe…
—¡Basta ya! No sigas leyendo eso —chilló Lorenza mientras se cubría los ojos llenos de lágrimas.
Mariana levantó la vista y todos lloraban, Lucas se mantenía con la mirada perdida, llorando con los brazos cruzados sobre el pecho, le dolió verlo así. Vincenzo lloraba amargamente con el rostro entre las manos sobre su escritorio. Claudio se levantó y lo abrazó. Alberto apretó su mano y le sonrió débilmente.
—Está bien, Mariana —susurró Alberto.
Ella guardó el teléfono y se secó las lágrimas.
—Pueden examinar el correo como quieran, les daré acceso. El punto... el punto es que quería que supieran que sí, él no los quería en su vida, pero no porque los odiara, sino porque temía que ustedes lo siguieran lastimando con su odio.
Vincenzo levantó la mirada y la examinó con atención, se limpió las lágrimas.
—No lastimen a Biel. Era lo que temía Mateo. Por favor. Entren en razón. Él se habría puesto muy feliz de ver que ustedes sí aman a Biel, lo adoran, me siento feliz de ver que lo aman porque sé que eso habría hecho feliz a Mateo y a mi hermana. ¿Por qué quieren dañar lo bonito que sienten? ¿Por egoísmo? ¿Porque no soy lo que ustedes quisieran?
Mariana se levantó y Alberto la imitó.
—Gracias —dijo Lorenza—. Gracias por decir eso. Mi hijo no nos odiaba.
—Claro que no, era muy bueno, los extrañaba, pero ustedes lo alejaron, están haciendo hoy eso con Lucas. No lo hagan —dijo entre lágrimas.
—¿Qué piensas hacer con el niño? —preguntó Vincenzo secándose las lágrimas.
—Lucas y yo lo vamos a adoptar, compartiremos su custodia. Son bienvenidos a elegir alguna fiesta que quieran pasar con él. Como su padre, Lucas podrá decidir conmigo todo lo relacionado a él, ustedes solo podrán sugerir y opinar.