Ese día se presentaría Lucas ante un juez mediador entre su padre y él.
—¿Te acompañó? —ofreció Alberto.
—No, está bien.
—No te ves bien, Lucas, no has dormido nada, estás deprimido, sé que te sientes mal por esto, las cosas…
—Alberto, gracias. Ya saldremos de esto, gracias por todo, me llevo estos papeles.
—Lo siento…
—Todo tiene un costo, Alberto.
—¿Hablaste con Mariana?
—No le di muchos detalles.
—Te agradezco que no la quieras hacer pasar por esto, ha sufrido mucho ya, pero debes hablar con ella cuando esto termine.
—Lo sé —dijo Lucas, y se retiró.
Al llegar al juzgado lo esperaban los abogados, cruzó miradas con Claudio y su padre, entraron a la oficina de la jueza Marta.
—Son tan predecibles y temerarios, sabía que la buscaría de nuevo, esto no es casualidad —comentó Lucas al abogado.
—Sí, tanto mejor. —Sonrió el hombre.
—Lucas, hijo. ¿Cómo estás? ¿Has pensado en volver a la compañía?
—Hola, padre. No, ahora estoy tratando de proteger al hijo de mi hermano y después veré.
Vincenzo bufó y se sentó en la mesa frente a él.
La jueza Marta entró y se sentó frente a ellos con aire divertido.
—Buenos días. La verdad yo les tengo que confesar que siento curiosidad por el caso, porque primero Lucas quería la custodia, después no la quiso, ahora la quiere de nuevo, estoy confundida.
—Ya se va a aclarar todo —la retó Lucas.
—Pasa hasta en las mejores familias, Marta, desacuerdos menores —dijo con altivez Vincenzo.
—Les advierto que hablamos de una persona, no una propiedad, al final el interés del menor es el que va a prevalecer sobre la decisión. Como ya saben, hoy solo vamos a mediar, Vincenzo tendrá que apelar…
—Disculpe, señora jueza. Vamos a ahorrarle tiempo antes de que comience a quejarse —dijo el abogado, la jueza lo miró de mala manera y cruzó las manos delante de ella.
—Dígame.
—Estamos solicitando que usted se recuse de este caso, no participe porque los nexos de su familia con el señor Vincenzo deberían representar un conflicto de intereses.
—¡Qué ridiculez! Tal cosa no existe. ¿Usted es abogado? —preguntó ella alterada.
—Sí, también traigo pruebas de cómo los señores Napolitano, los dos: Claudio y Vincenzo, fabricaron documentos falsos para cobrar una supuesta deuda a Mateo Napolitano, tomaron de forma ilegal sus bienes y acusaron falsamente a Ana Montenegro, después de ver cómo los señores se aprovecharon de sus nexos con usted, señora jueza, y con su esposo, para cometer estos delitos, no solo nos oponemos a que se queden con la custodia, consideramos que se abra una investigación…
—Lucas, detén esto —gritó Vincenzo.
—¿Qué pasa aquí, Vincenzo? ¿Claudio? —preguntó la jueza visiblemente nerviosa.
—Lucas, ahora te quieres lavar las manos y acusarnos…
—Claudio, solo quiero que dejen en paz a Mariana y a Biel, a mí, si retiran la demanda de custodia, retiro todo esto de la mesa. Esto no tiene porqué salir de aquí, esto solo es una mediación, ¿cierto, Marta?
Vincenzo pareció descompensado, se llevó las manos a la cabeza y se veía pálido, Claudio corrió a su lado y lo atendió.
—Necesita agua, un médico —gritó Claudio.
—Padre. ¿Estás bien? —preguntó Lucas.
—Déjanos —gritó Claudio apartándolo.
Las puertas se abrieron e ingresó personal médico. Lo atendieron, Lucas cruzó miradas con el abogado. Le preocupaba su padre, pero nada de lo que exponía era falso.
—Lucas, te vas a arrepentir de esto —lo amenazó Claudio.
—Mi conciencia está tranquila, expuse sus acciones sobre la mesa. Entiendo si no les gusta lo que ven, pero eso son sus acciones.
—¿Claudio? —preguntó Marta.
—Retiramos la demanda —dijo Claudio.
—Espero que estés bien, padre —dijo Lucas, y salió con su abogado del lugar.
Se dirigió al edificio de casa de Alberto, allí lo esperaba ansioso, Lucas no dijo nada al pasar, se echó sobre el sofá y cerró los ojos.
—¿Y? —preguntó Alberto.
—Claudio dijo que retiraría la demanda.
—Bien, imagino que no fue agradable, te ves fatal.
—Mi padre se descompensó.
—Lo siento.
—No quería que las cosas fueran así, pero no me dejaron alternativa.
—Ya te arreglarás con ellos, Lucas, ahora haces lo correcto.
—Me siento muy mal.
—¿Le contarás a Mariana?
—No, no hay necesidad, el abogado se encargará de dejar todo como es debido.