Un momento inesperado

Capítulo 62: Lucas

Lucas suspiró hondo y se internó en el ascensor de su edificio, no se sentía de ánimo para hablar con Alberto sobre el asunto, trataba de entender a Mariana, pero le dolía mucho su actitud y eso nublaba su juicio, pensó que más tarde podía tranquilizarse y cambiar de opinión, en eso confiaba, y decidió darle un momento para que, como decía su padre siempre: encontrara su centro. Se echó en su cama pensando en todo lo que había pasado desde que hizo ese viaje para buscar a Biel.

«Lo que hiciste, Mateo». Sonrió pensando en su hermano, escribió un texto a sus hermanos y se quedó dormido. Despertó con la alarma, recordó su situación con Mariana y le escribió igual un mensaje de buenos días, lo miró, no le dio al botón de enviar y lo borró.

«Va a ser incómodo porque quiero saber de Biel», pensó. Se duchó y condujo a casa de Claudio. Su hermano lo miró con recelo y se subió a su auto. Miró por la ventana, la cerró y se giró hacia él.

—Lo siento. No estoy de acuerdo con la decisión de mi padre, pero entiendo que Mateo la haya pasado mal, lo siento.

—¿Por qué te disculpas conmigo? —le preguntó Lucas con tono parco.

Claudio suspiró y no respondió. Pasaron por Jonás, se subió a la parte de atrás del auto, saludó sonriente.

—Papá quiere hablar contigo, piensa que pueden arreglar las cosas, quiere que vuelvas a la compañía —dijo Claudio.

Lucas soltó un jadeo y sonrió de medio lado, lo miró y negó meneando la cabeza.

—Lo siento, yo, eso no va a ser.

—¿Puede dejarlo estar? El hombre es orgulloso, pero te necesita.

—No me necesita, puede contratar a alguien para hacer ese trabajo.

—Te quiere a ti, tú eres su hijo.

—Me desheredó.

—Sabes que va a revocar todo eso.

—No me interesa.

—Esa muchacha te tiene…

—No hables de ella, Claudio, por favor, ella no me tiene nada, estas son decisiones que estoy tomando solo.

—¿Pasará algún día que ustedes no peleen? —preguntó Jonás.

Todos se mantuvieron en silencio. Al llegar al cementerio bajaron con cautela, Lucas suspiró al pisar la grama verde, era temprano, pero sol era intenso a pesar de que hacía frío. Jonás llevaba flores que colocaría sobre la tumba de Mateo y Ana, estaban enterrados juntos, los tres rodearon la tumba, Claudio rompió a llorar enseguida mientras Jonás acomodaba las flores. Lucas pensó que no llevó nunca a Mariana allí, ella nunca se lo pidió ni hablaron de eso, pensó que sería bueno que Biel visitara la tumba de sus padres. Alberto la visitaba, ella por alguna razón no iba allí.

Lucas aspiró aire con fuerzas y lo soltó. Lloró un poco inclinado sobre la tumba de Mateo. «Gracias», le dijo mentalmente y lo mismo sobre la tumba de Ana. Se sintió diferente con respecto a las veces que fue antes, sentía que conocía a Ana y que su relación con Mateo era diferente. Jonás colocó la mano sobre su hombro.

—¿Crees que es posible cambiar la relación con alguien después de que esa persona muere? —preguntó Lucas.

—Claro, te puedes reconciliar con su recuerdo, ellos están muertos, pero nosotros no, y vivieron dejando tras de sí un montón de cosas, vivencias, ideas, hijos. —Rio.

—Sí, como Biel.

—Sí que es un caso ese niño, me recuerda mucho a Mateo físicamente, pero no es como Mateo.

—No, Mariana dice que es muy parecido en su carácter a Ana.

—¿Cómo permitimos que toda esta locura se repitiera en primer lugar? —se quejó Jonás con amargura—, con Mariana, contigo. ¿Si no te hubieses enamorado de Mariana, le habrías quitado el niño?

Lucas se levantó y lo miró a los ojos, soltó un suspiro.

—Lo mismo me preguntó ella.

—¿Y?

—No sé, objetivamente hablando, ella lo cuida muy bien, si hubiese sido otra que lo maltratara o no lo cuidara como era debido, quizás, pero no sé, todo fue muy extraño, aun queriéndola estuve dispuesto a quitárselo porque la cuidaba de mi papá y de Claudio, para mí no había una opción diferente a no hacer la voluntad de ellos. No sé, Mariana fue muy especial.

—¿Fue?

Lucas cerró los ojos, alzó la cabeza y regresó la vista a Jonás.

—No quiere que sigamos.

—¿Por qué?

—Creo que entró en pánico, con lo de la custodia, la adopción, no sé.

—¿No hay oportunidad de que vuelvan? ¿Nada?

—Sí, la haré entrar en razón, está confundida ahora, ha madurado mucho, pero al final es una chica, tiene tu edad, no sé en qué esté pensando, tampoco quiero acosarla, dejaré las cosas como están por un momento nada más.

—¿Qué quieres decir que soy un crío? Necio. Me gustas más con ella, eres menos pedante e insoportable. —Rio Jonás. Lucas rio con él, Claudio se acercó a ellos.

—Y tú, Jonás, deberías estar con quien quieras estar, hacer lo que quieras hacer —comentó Lucas en tono reflexivo

—Estoy con quien quiero estar, en serio, casualmente mi papá la aprueba, como a Giovanni, ahora con lo que quiero hacer, bueno, quiero terminar de graduarme y ver si me tocará sustituirte. —Rio.




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