Un momento inesperado

Capítulo 64: Mariana

Mariana despertó y se sobresaltó, recordó donde estaba y miró a Lucas dormir profundamente a su lado, sonrió como tonta y suspiró, acarició sus cabellos y lo contempló por un instante. No podía tener dudas, y si la tenía, era normal tenerlas, así son las familias. «Familia, somos familia», sonrió pensando en el largo camino que recorrió y en la noche increíble que pasó con él. Besó la frente y la nariz de Lucas, él tenía el sueño muy pesado.

Se dio una ducha, mientras se bañaba sonrió recordando que estaba en Bahía, podía oír las aves que sobrevolaban el malecón, las olas que golpeaban contra las rocas en el puerto, los ferrys cuando atracaban en la orilla, olía el mar salado sobre el olor del fino jabón de tocador, podía imaginar el sol que caía sobre el pequeño pueblo. Al salir del baño vio que aún Lucas dormía, se vistió y sacó las cosas de la maleta de Lucas, le preocupaba no estar cerca de Biel, pero había decidido que sí se quedaría un par de días más, le tenía una sorpresa a Lucas, algo de lo que nunca habló y que nunca se atrevió a abordar, decía que se lo dejaría a Biel para cuando creciera, pero ahora se sentía fuerte, con Lucas se sentía así.

Mientras sacaba las cosas de la maleta de Lucas, encontró una pequeña caja, sintió una punzada en el pecho y la abrió, las piernas le flaquearon, era un anillo con una joya brillante enorme en forma de corazón. Se giró a verlo y aún él dormía, se lo probó y le calzaba perfecto, las lágrimas salían de sus ojos, lo devolvió a la caja, la cerró y la dejó donde la encontró, devolvió algunas camisas que ya había sacado y cerró la maleta, se limpió las lágrimas.

«¿Me va a pedir matrimonio? O sería el anillo para Bárbara. ¿Por qué lo cargaría con él?, Mariana, no seas tonta, claro que es para ti». Estaba muy nerviosa y ahora no sabía cómo actuar delante de él, después de haber pasado la noche con él, eso no le debería importar, pero sentía que no podía controlar sus nervios. Se calmó como pudo y conversó por mensaje de texto con Lorenza, le dejó mensajes de voz a Biel. Lucas se revolvió en la cama y ella se incorporó.

—¿Estás contemplando mi sueño, rarita? —Rio.

—Te crees muy especial. 

Ella se acercó y lo besó en los labios.

—Hueles muy rico recién bañada —gruñó en su cuello.

—Báñate y vístete que te tengo una sorpresa —dijo ella.

—¿Estás bien? La pasamos bien ayer, ¿no? —preguntó con picardía.

Ella se puso roja y bajó la mirada.

—Sí, sabes que sí, ¿quieres un reporte?

Él rio.

—Te adoro.

Después que Lucas se bañó y se vistió desayunaron en el hotel, Mariana miraba nerviosa a los lados, le avergonzaba que el investigador privado la viera con Lucas, como si él lo adivinara, la miraba con curiosidad.

—Debe estar del otro lado, del lado que está el parque, recuerda que andaban con un niño—dijo Lucas.

—¿Qué?

—Sí, ¿qué? Estás mirando a ver si aparece César.

—No, claro que no.

—No seas boba, Mariana. ¡Por favor! —se quejó Lucas—.¿Te avergüenzas de mí? pPero si tuvimos un buen final. Empezamos mal, él lo verá como algo curioso.

—No es eso, deja de decir eso, claro que no me avergüenzo de ti, ni de mí, ni de nosotros.

—Entonces ahora lo buscamos y cenamos con él y su esposa. ¿Te parece?

—Tampoco, Lucas.

Lucas rio y negó con un gesto. Al terminar el desayuno fueron a la inmobiliaria y luego a la notaria, Mariana firmó los documentos y entregó oficialmente la casa, quiso saber quién la ocuparía, era una señora mayor con una hija y su nieto. Ella asintió satisfecha y salió del lugar tomada de manos con Lucas.

—¿Cuál es la sorpresa?

—Mateo y Ana tenían una casa aquí. En la parte turística, está a mi nombre. No quise vivir allí, me resultaba doloroso, no quise venderla por la misma razón, y quería que Biel tuviera algo de ellos, las cosas sí me las quedé, algunas, las que el director de la escuela donde trabajaba Ana me hizo el favor de sacar por mí.

Lucas abrió mucho los ojos y su expresión se puso muy seria.

—Debiste habérmelo dicho.

—Ni Alberto sabía. Casi lo había olvidado. Ese investigador privado debió saber.

—Te dije que yo no le agradaba mucho, llegó un momento en el que me ocultó información.

—Bueno. ¿No te pone feliz? Quiero visitar esa casa contigo.

—Necesitabas el dinero, pudiste venderla, Mariana...

—No me regañes, Lucas, ahí pasábamos muchos momentos buenos —lloró, Lucas la miró compasivo—, no quería arruinar ese recuerdo. Es algo pequeño, tampoco me habrían dado mucho, por eso quise mudarme aquí, a Bahía.

Lucas la abrazó. Besó sus cabellos, tomó su mentón entre las manos y la besó en los labios de forma rápida.

—Vamos, veamos esa casa. —Sonrió.

Se subieron al auto que Lucas alquiló, ella lo guio, sentía nervios por volver a esa casa. Se sintió triste, cerró los ojos y se prometió no llorar, habían muchas cosas de Mateo que quizás Lucas querría ver.




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