Un momento inesperado

Capítulo 63: Mariana

Tocaron a la puerta, se asomó y vio que era Lucas, suspiró, su corazón dio un vuelco, le gustó verlo, pero se sentía incómoda. Abrió.

—Buenos días —dijo él sonriendo.

—Hola, buenos días. Ya busco a Biel —dijo rápidamente.

—Bien, quiero verlo, pero también quiero verte a ti.

—Pues aquí ya me ves.

—Mariana, no quiero esos juegos, no me gustan.

—Pues ya busco a Biel —dijo sin invitarlo a pasar, aun así él pasó y se sentó en el sofá con mirada desafiante.

Biel salió de la habitación bostezando y despeinado, se sentó junto a él en el sofá y se abrazó a su pecho, cerró los ojos.

—Hola, Biel.

—Hola, Lucas. Tengo sueño.

—¿Se siente mal? —preguntó Lucas.

—No, tú papá le dio una Tablet con un chip telefónico con datos móviles, estuvo viendo vídeos en internet hasta que me di cuenta.

Lucas rio.

—No es gracioso, me mintió, la trajo escondida y no estuvo bien.

—Yo hablaré con mi papá. Y tú, Biel: ¿Qué es eso de traer cosas a escondidas a la casa? ¿Qué es eso de no dormir? —lo regañó reprimiendo una sonrisa.

—¿Ya eres mi papá? —preguntó Biel abrazándose más a él.

—Te quiere manipular —advirtió Mariana.

—Ya lo soy si quieres, no legalmente aún, pero eso no significa que no pueda ser tu padre ya. ¿Quieres?

—Sí quiero. —Rio Biel. Se abrazaron. Lucas sonreía.

Mariana los vio sonriente, se sentó junto a ellos.

—Bien, Biel, ¿cómo metiste esta Tablet a la casa? —preguntó Lucas.

—La guardé en mi bolso, es mía, la metí en mi bolso, no me la robé, no hice nada malo —se defendió.

—¿Y por qué no me dijiste? Sabes que no te dejo jugar con esas cosas antes de dormir, mírate cómo estás, sabes que estás castigado y te la daré en horas muy específicas, es más, no te la daré, solo jugarás con la que te dio Lucas, está la guardaremos.

Biel hizo puchero y se encogió de hombros, miró en dirección de Lucas buscando apoyo. Lucas ladeó la cabeza y asintió.

—Todo lo que dijo tu mamá. —Rio.

—¿Puedo dormir? —preguntó Biel.

—Eres muy vago, menos mal hoy es domingo, anda —lo regañó Mariana.

—No, mi papá Lucas que me lleve —dijo riendo.

—¡Ay! Este niño está consentido después de viejo —se burló Mariana y besó su cabello. Biel le lanzó un beso al aire.

Lucas lo alzó y lo llevó a la habitación. Mariana lo vio salir de la habitación y acercarse a ella con cautela.

—¿Desayunaste? —preguntó Mariana.

—No, pero estoy bien.

—Te puedo servir algo.

—Está bien.

Mariana le sirvió el desayuno. Se sentó junto a él mientras bebía café.

—¿Por qué estás en la calle tan temprano sin desayunar?

—Fui al cementerio temprano —dijo Lucas, Mariana se puso seria.

—Entiendo.

—Quisiera que Biel fuera.

—No veo porqué no.

—¿Y tú?

—No necesito verlos ahí.

—Entonces no te afecta, puedes acompañarnos algún día.

—Se vendió la casa de la bahía —anunció Mariana para desviar el tema.

Lucas abrió mucho los ojos.

—Debo ir a hacer el papeleo. ¿Puedes quedarte con Biel?

—Mejor que eso, dejamos a Biel con Alberto e Isabel o con mi mamá, y yo te acompaño a Bahía.

—Solo voy a firmar unos documentos. Es más, pensé en llevar a Biel, a él le gustaba esa casa creía yo, pero me dijo que no, que no la extraña y que no le importa.

—¿Cuándo vamos?

—¿Vamos? ¡Lucas! Sí quiero que nos demos un tiempo. No sé porqué no entiendes.

—Tuve un sueño: caminaba por el centro comercial, la chica que me acompañaba insistía sobre un par de aretes de oro, no me gustó y seguí buscando, la mujer hizo un gesto de fastidio, me decidí por un juego completo de anillo, zarcillos y collar. Tomé el regalo finamente envuelto y lo llevé hasta casa de Alberto. Al llegar, Biel se lanzó sobre mí, vi a Jonás con Laura y Giovanni con Claudio en la sala, Isabel corría de un lado a otro atendiendo a la gente mientras tú conversabas con Alberto. Me acerqué.

—Feliz cumpleaños —dije, te abracé y te dejé un beso en la mejilla, me miraste a los ojos. Acomodaste la solapa de mi chaqueta y me sonreíste.

Te entregué la caja, la abriste expectante y sonreíste al ver las prendas, no parecías impresionada, te veías hermosa en una braga azul pastel. Me fui y seguiste con el resto de los invitados, dejaste mi regalo sobre la mesa del comedor. Salí, esperaba el ascensor cuando escuché tu voz llamándome, traías una pecera en la mano.




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