Tres meses después.
Alberto movía con insistencia la pierna, metía y sacaba las manos de los bolsillos con frecuencia, se tocaba el corbatín, se pasaba la mano por el cabello, Lucas lo sacudió por el brazo.
—Cálmate, parece que te vas a desmayar.
Alberto asintió y frotó sus manos con nerviosismo.
El sacerdote hizo una mueca de risa.
Sonó la marcha nupcial y todos se alinearon quietos al ver las puertas abrirse, Alberto sintió que el corazón se iba a salir de su pecho, no quería hacer el ridículo viéndose demasiado nervioso, pero lo estaba: Isabel lucía un vestido largo corte princesa y sus oscuros cabellos amarrados en una cola baja, rodeada por una cinta brillante, un velo cubría su rostro. Estaba colgada del brazo de su padre y Biel junto a ella, porque el niño insistió en que así quería ir, no entendió de razón ni protocolos, decía que se la iba a entregar a su padrino.
Cuando faltaban unos pasos para que ella estuviera a su lado, su padre se apartó y Biel tomó su lugar, la tomó de la mano y caminó hasta donde Alberto, quien la recibió sonriendo, no se resistió y se agachó a abrazar y besar a Biel, se paró luego junto a Lucas, quien hacía de padrino. Una vez declarados marido y mujer, Alberto abrazó y besó a Isabel, quien lloraba de forma quieta, reían entre lágrimas, las felicitaciones de todos llegaron junto a los abrazos. Lucas cargó a Biel y caminó detrás de ellos.
—Te amo .—le dijo Isabel, cuando abordaron el auto que los llevaría a la recepción.
—Yo también te amo —Sonrió. La abrazó y besó su frente y sus labios.
—Biel fue el más lindo del mundo, me decía, está bien Isabel, vas a estar bien. —Rio.
Alberto soltó una carcajada.
—Lo dejamos hacer mucho lo que le da la gana —dijo Alberto.
—Sí, pero como no, es precioso, inteligente y un amor, es amor puro caminando. Me preguntó si me podía llamar madrina .ahora que me iba a casar con su padrino. —Hizo pucheros.
—Y una buena dosis de manipulación. —Rio Alberto, e Isabel lo acompañó con las risas—. Mariana era su madrina, pero pasó a ser su madre, me parece perfecto que la sustituyas.
El salón era enorme y había mucho ambiente cuando llegaron, hicieron su baile. Recorrió el lugar con la vista, Mariana y Lucas se acercaban con Biel tomado de las manos.
—Felicidades —dijo Mariana y se abrazó a él. Tomó la mano de Isabel.
—Gracias, Mariana —respondieron ambos.
—Gracias, Alberto, por todo, mucho éxito en tu matrimonio.
—Nos va a ir bien, espero. —Rio nervioso, miró a Isabel y suspiró—. ¿Cuándo te mudas?
—La semana que viene, Lucas compró una casa porque a Biel no le gusta su apartamento.
—Sí, me dijo. No pueden complacerlo tanto, imagínate, se pasan.
—Se lo dije, pero Lucas insistió. ¿Y qué hablas tú? Dejaste que Biel te entregara a Isabel y estuvo junto a Lucas en la ceremonia.
Alberto se encogió de hombros y rio. Se alejó de Mariana y saludó al resto de asistentes a la boda, entre ellos a Carlos y Eduardo, amigos de Mateo, los chicos se acercaron a él emocionados.
—Alberto, dime que el niño que llevó a tu novia es Biel Mateo —dijo Eduardo.
—Sí, es él.
—¡Oh! Me imaginé. ¿Dónde está Mariana? No la he visto. La he llamado, pero no nos hemos puesto de acuerdo para vernos. Quiero ver al niño.
Alberto sabía que por mucho tiempo Mariana no quiso enfrentarlos, el hermano de Eduardo murió junto con Mateo y Ana, Eduardo y Carlos sobrevivieron, ella se sintió siempre extraña con respecto a ellos después del accidente. «Eduardo también perdió a su hermano», solía recordarle Alberto. Mariana le dijo que si dos iban a sobrevivir, porque no fueron Ana y Mateo, se lamentó de su pensamiento, pero no quiso verlos más.
Alberto caminó con ellos hacia donde se encontraba Mariana con Lucas. Al verlos, ella cambió su expresión risueña por una expresión nerviosa, se puso seria, miró a Lucas, quien se vio contrariado. Alberto se acercó con cautela y señaló a los chicos.
Carlos abrió mucho los ojos y juntó las manos, Eduardo se fue sobre ella y la abrazó a él, Mariana no lo abrazó de vuelta, Lucas se puso serio y miró a todos con intriga.
—Mariana, qué hermosa estás. ¿Por qué no devuelves mis llamadas? He querido que nos encontremos. ¿Dónde está el pequeño Mateo? Quiero verlo —dijo Eduardo emocionado.
Mariana se liberó de su abrazo y sonrió con timidez, Carlos la abrazó y la besó en la mejilla, Lucas se acercó más y tomó a Mariana por la cintura. Ella se espabiló.
—Hola, sí. ¿Cómo están? Él es mi novio —dijo señalando a Lucas—. Y el hermano de Mateo.
—Su prometido —la corrigió Lucas. Les tendió la mano.
Los dos chicos abrieron mucho los ojos y afirmaron con un gesto, sonrieron con más nostalgia que emoción y se apresuraron a saludar.
—Mucho gusto, Eduardo, amigo de Mateo y Ana —se presentó.
—Hola, soy Carlos.