Un momento inesperado

Capítulo 65: Lucas

Esa tarde llegaron al hotel, ella no habló más durante el camino. Mariana sonreía tontamente. Al subir por el ascensor, tomados de mano, se cruzaron de nuevo con César y su familia, iban de salida, Lucas miró a Mariana con curiosidad, ella saludó con una sonrisa y no soltó su mano, sonrió satisfecho.

—Nos vemos de nuevo —dijo Lucas con expresión divertida.

—Sí, ya vamos de salida. Esto nos encantó, es turístico, pero hay paz, no es como esos sitios llenos de chicos haciendo fiesta todo el día —comentó César.

—Nos gustó mucho —confirmó la mujer.

—¿Y el niño? —preguntó César.

Lucas y Mariana intercambiaron miradas cómplices.

—Con mi mamá —respondió Lucas—, ella lo cuida mientras nosotros cerramos unos asuntos por acá.

—¡Excelente! Saludos, que estén bien —se despidió con naturalidad.

—¿Viste? Aún estás roja, pero no moriste ni nada —se burló Lucas.

—Se me formó un nudo en el estómago, lo ignoré —confesó, recostó la cabeza de su hombro y rio.

Abrió la puerta de la habitación y Mariana se cruzó de brazos frente a él.

—¿Qué?

—Quiero mi anillo. —Sonrió.

Lucas estalló en risas.

—No, está noche, como lo tenía planeado, solo que ahora sé la respuesta.

—Puedo cambiar de opinión —se burló ella.

—No lo vas a hacer.

Tomó su rostro en sus manos y la besó con un beso suave sobre sus labios, luego fue con más intensidad, ella lo apartó y sonrió mirándolo a los ojos, escaneando su rostro, él sintió un nudo en la boca el estómago. Caminó hacia donde estaba su maleta y sacó la pequeña caja, la abrió y se la mostró, sonrió al ver que el rostro de Mariana se iluminó.

—¿Me permites? —dijo moviendo la caja y tomando su mano. Ella asintió, sus manos estaban frías y temblaban.

Tomó el anillo con el brillante y se lo colocó, ella sonreía y eso lo hizo sentir feliz, porque en el fondo estaba asustado y preocupado porque ella manifestara dudas, le dijera que no y se distanciara, pero parecía convencida y emocionada. «Me corresponde sin reservas también», pensó.

—¿Te gusta?

—Me encanta, Lucas. Nunca uso prendas, pero este no me lo quitaré.

Se colgó de su cuello y lo abrazó.

—Bueno, nos ahorramos mucho tiempo, podemos quedarnos el rato acá. —Rio Lucas.

—Tremendo —se quejó ella riendo.

Al día siguiente regresaron en el helicóptero a la ciudad, Biel les dejó mensajes de voz exigiendo que regresaran por él.

—¿Quiero que se muden conmigo? —dijo Lucas.

—¿Ya?

—Sí, nos podemos casar cuando quieras, pero ya quiero que vivan conmigo. Recuerda que Biel debe ir al colegio también, tú comenzarás a trabajar con Giovanni; Alberto y yo tenemos un proyecto que nos demandará mucho tiempo.

—Está bien —respondió seria.

—¿No estás de acuerdo?

—No es eso, es solo que no sé —confesó con una mueca de frustración.

—Vamos a estar bien. Te lo prometo.

Llegaron a casa de los padres de Lucas. Biel se abrazó a Mariana y la besó en las mejillas, abrazó a Lucas.

—¿Qué me trajeron?

—Nada, la verdad nada.

Biel chasqueó la lengua y torció los labios hacia abajo con expresión de tristeza.

—Pero Lucas compró algo para mí —le dijo Mariana con picardía.

—¿Qué? —preguntó Biel con interés colocándose las manos sobre las caderas después de ajustarse las pequeñas gafas.

Mariana estiró la mano y le mostró el anillo, Biel tomó su mano y lo examinó, abrió mucho los ojos.

—Es impresionante, brilla mucho, es bonito.

—¿Sabes qué significa? —preguntó Lucas.

—No.

—Le pedí que se casara conmigo y aceptó —explicó Lucas sonriendo.

Biel se llevó las manos a la boca y abrió más los ojos. Se echó a reír.

—¿Sí se van a casar?

—Sí —confirmó Mariana con una sonrisa.

—¿Me van a comprar una cama nueva? —preguntó.

—¿Por qué quieres una cama? Tú tienes una, en mi casa tienes la de carro también. ¿No te gusta? Iremos a vivir allá. ¿Qué te parece?

—No quiero, no me gusta tu casa, Lucas, es oscura, fea.

Lucas miró a Mariana y se encogió de hombros.

—¿Dónde quieres vivir entonces?

—Fácil —dijo extendiendo el sonido de la á—, aquí, está casa es más grande y más bonita, tengo mi casa y mi parque.

—Nada de eso, Biel. Puedes olvidarte de eso ya.

—Podríamos comprar una casa, déjame pensarlo —propuso Lucas.




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