Lucas se echó sobre el sofá de la sala, admiró todo a su alrededor sonriendo, le gustaba esa casa. Había dormido poco, se levantó temprano para avanzar con proyectos de la agencia de publicidad, a los minutos Mariana se asomó a la sala, lo miraba sonriendo.
—Buenos días, amor. ¿Qué pasa? —preguntó él.
—La niña está despierta y Biel también. —Sonrió haciendo un gesto de resignación, se restregó los ojos.
Se levantó y la abrazó.
—Duerme más si quieres, yo me quedo con ellos.
—Debo amamantar a la niña, no puedes reemplazarme con eso. —Sonrió.
—Estoy feliz de que tengamos una hija en común y que se parezca tanto a ti, hermosa como tú, que estemos criando a Biel juntos, que seamos sus padres, estoy tan tranquilo. Es grande esto —comentó contemplativo.
—Claro que lo estás. —Besó su mejilla.
Lucas la observó entrar a la cocina arrastrándose con flojera. Recordó el día que le dijo que estaba embarazada, ella le había dicho que quería un bebe más y él accedió, lo intentaron, ella decía que no lograba quedar embarazada, Lucas sonrió recordando porque se preocupó de que no pudieran tener hijos, ya habían cometido la imprudencia de decirle a Biel que le darían hermanitos y los presionaba bastante.
Cenaban los dos una noche que los padres de Lucas se llevaron a Biel de paseo un fin de semana a una ciudad con atracciones. Mariana había insistido en preparar la comida. Mientras comían y conversaban sobre cualquier cosa, Mariana le dio la noticia.
—Menos mal, ya vivimos en una casa y no tenemos que mudarnos a algo más grande —comentó ella.
—¿Por qué no te gustan los apartamentos?
—No es que no me gusten, pero no sé si con dos niños, pues nos queda espacio suficiente. —Sonrió de medio lado.
—Sí, cuando tengamos otro bebé pensaremos en eso.
—Pues entonces debemos ir pensando en eso ya.
Lucas abrió mucho los ojos y soltó el vaso de agua que se iba a llevar a la boca. Se quedó sin habla, la miraba sin terminar de creer lo que sus palabras querían implicar.
—¿Estás?
—Embarazada, mi amor, vamos a ser padres por segunda vez. —Sonrió con serenidad. Una serenidad que lo confundió, pero llenó de amor y paz.
—¿Cuánto tiempo? ¿Cómo? Hay que ir al médico.
—Ya fui, sin ti, perdón, no quería que fuera una falsa alarma o que pudiera perderlo, ya tengo casi los tres meses.
—Mentirosa. —Rio Lucas. Se levantó sonriendo de su silla y se acercó a ella para rodearla con sus brazos.
Sintió que Mariana lloraba contra su pecho, confirmó lo que la amaba al escucharla llorar, la apartó y examinó su rostro.
—¿Qué pasó?
—Estoy muy feliz, no me lo creo y solo pienso en la cara de Biel cuando se lo diga.
—Sí, que alivio que ya estás embarazada, no soportaba más la presión de Biel. —Rio.
—Lo sé, no debimos decirle antes de tiempo.
—¿Recuerdas cuando me dijiste que querías un bebé?
—Sí, extrañaba a Biel pequeño, a ti, ver cómo hubieses sido tú como padre con un bebé y quería, quiero, siento tantas ganas de traer a esta personita al mundo.
Lucas sintió algo que nunca había sentido, una sensación de plenitud y felicidad que lo hizo temer un poco, sería padre, tendría un bebé con Mariana.
—Esta es la mejor noticia que he recibido en mi vida.
—Más te vale. —Rio Mariana.
Sonreía solo recordando.
—¿Qué me miras? ¿De qué te ríes? —preguntó Mariana riendo trayéndolo al presente.
—Tramposa, vas a darle biberón. —Rio Lucas observándola preparar la comida de la bebé mientras él se perdía en los recuerdos felices.
—Sí, por si no queda satisfecha. Come mucho. No quiero que te preocupes, estás muy ocupado, concéntrate en lo tuyo, yo me ocupo de ella.
—Vamos, quiero verte alimentarla —dijo Lucas.
Caminaron abrazados hacia la habitación, se detuvieron en la puerta: Biel conversaba con la niña, la bebé lo miraba y bostezaba.
—Ellos no son tus tíos también, son mis tíos y mis papás, no me acuerdo porqué, pero son solo tus papás, en cambio son mis papás y mis tíos, mi papá es bueno, te va a dejar jugar con todo, y te va a enseñar muchas cosas, mi mamá, nuestra mamá, es demasiado hermosa, la amo mucho, me ama, nos quiere a los dos, pero yo soy el mayor.
Mariana y Lucas reprimían las risas en la puerta.
—Yo tengo más papás, mi papá Mateo y mi mamá Ana, ellos también me adoran, me aman, no son tus papás, nada más los míos, pero no importa porque tú me tienes a mí, yo te cuido. Esta casa, verás, la tenemos porque yo quería, yo quise, ahora tienes una casa más grande, estamos muy bien aquí todos. Tienes que quererme, Bianca, soy solo yo, mi mamá Mariana y mi papá Lucas trabajan, somos solo tú y yo, me tienes que querer, yo te quiero…
—¿Qué haces? —preguntó Lucas entre risas.