Un posible tal vez.

CAPÍTULO 3 | Tuyo.

CAPÍTULO III.

Tuyo.

JULIA.

Es un extraño que parece un conocido. Es un completo desconocido que parece una parte de mi. Tan extraño que llega a ser familiar.

—¿Qué te pasa? —sacudí un poco mis ideas.

—No es nada… —sonreí sujetando con fuerza la taza que parecía familiar.

—Amiga, deja de pensar en ese idiota, deja que vaya por la vida como lo que es, un imbécil barbero. Porqué claro, ahora que te ve feliz y radiante, y con un gran puesto —sonreí—, quiere volver contigo.

Reí por la verdad que cargaba su lengua.

Mi atención cambió a la campana de la entrada, no dejaba de sonar sin parar, parecía que la misma persona entraba vez tras vez.

Al prestar atención vi de quién se trataba; una vergüenza me cubrió el rostro en un segundo, tan solo recordar la noche que me vio tan vulnerable me deja más que roja, me deja pálida. Evité salir más de tres noches al día de hoy solo para no encontrarlo en el camino.

Traté de volver a la conversación de mi amiga Avril, pero me era imposible tomarle el hilo teniéndolo a escasos pasos de mi, pidiéndome la orden en mi oído.

—Di algo, hicimos lo imposible para salir, y ahora no dices ni pío… Julia, ¿cuándo saldremos otra vez si tú teléfono no sirve?

Quería ser una gelatina en ese momento, derretirme con el calor de mi vergüenza, salir sin ser vista y formarme con el frío de la calle.

—Julia.

—Vamos por pizza, yo invitó —susurré sin querer ser escuchada por él.

Poco sirvió. Apenas me levanté y él ya estaba enfrente mío. Sus ojos un tanto redondos me veían directamente a mi, mi corazón no paraba de latir, las personas parecían desaparecer, mi mundo se veía borroso y la única imagen que tenía era él dejándome su abrigo.

Bajé mi rostro apenada, él no lo hizo, mantuvo la vista fija en mí, lo hizo hasta lograr verme de nuevo a los ojos.

—¿Te vas? —Asentí—. ¿Por qué no te quedas?

Entrelace mis manos, jugué con el borde de mi camisa, atraje toda la atención a ella y sus tontos dibujos animados.

Él vió mi vergüenza; soltó una carcajada que él mundo logró entender, solo para mí.

—Tengo que irme…

—¿Esta noche? Nos vemos está noche…

~✬~

—Claro que no.

—Claro que sí, es que no viste su sonrisa cuando te diste la vuelta.

—Y no quiero verla —apreté mis labios con fuerza, dejando los ojos en blanco.

Avril no se molestó en decir y decir más, mientras que hablaba de nosotros como un cuento de hadas, girando a mi alrededor en un ritual que ella misma se ha inventado en estos momentos.

—Llegamos —dije deteniéndola de sus vueltas infinitas.

—Bien… —se acercó a mi, amenazó con ese par de ojos avellana y terminó con un golpe a mi hombro—. Me cuentas todo el próximo viernes.

—No lo haré, porque no iré —recalque.

—Sí, no irás, como si no conociera ese par de mejillas —aparté mi rostro de ella, quise tocar mis mejillas pero con el simple hecho de escucharme ya me convencía.

—Nos vemos el viernes —avance unos pasos más.

—¡No olvides respirar y parar! —gritó para toda la cuadra.

~✬~

HAZEL.

—Señor —escuchó a Daysi, dejó de lado mi trabajo y en un arrebato de vergüenza dejó caer el detalle.

—No era mi intención —avergonzada toma del suelo aquello que cayó.

—¿Podría preguntarte algo?

—Con total confianza.

Qué rara sensación; mi estómago da vueltas y vueltas, un nudo me impide decir una simple palabra, mis manos sudan, ¿qué pasa conmigo? Me siento como el niño pequeño que todos sobreprotegen.

Aquel que muchos me han dicho que soy.

—¿Qué harías si un hombre que apenas y conoces, te hace la invitación de asistir con él a una cena familiar que tiene mucho significado en tu familia? Crees que sería algo precipitado, tal vez un poco raro, ¿o simplemente lo tacharias de loco? —Sonreí.

—Depende… Sería algo raro si aquel joven o hombre lo conociera por simple vista, tal vez cruzando miradas o rutas por las mañanas o tardes. Aunque un poco loco si la cena pesa demasiado en significado. Pero algo precipitado si no estoy preparada para algo nuevo, por más pequeño, o de gran importancia… En mi persona necesitaría sentirme preparada para lo que nos jugará el futuro.

~✬~

—¿Y si me ve raro? —lance mi pelota de nuevo—. ¿Y si no acepta? Se burlaran de mí… —deje de lado todo.

Fuí a mi escritorio, ver aquel detalle sobre mi trabajo, ¿cuándo fue la última vez que puse algo sobre mi trabajo? O a alguien.

Un golpeteo en el pecho no me dejaba pensar con claridad, respire hondo y volví a hacerlo ves tras ves, toque mi pecho convenciéndome que no moriré como un imbécil.

Anduve por mi habitación buscando algo que distrajera mi mente, que hiciera ruido en mí, pero falle, falle al ver la ventana, al escuchar sus palabras frescas aún en la habitación, perdí todo al sentirme vulnerable. ¿Qué pasa conmigo?

Es una completa desconocida que no quiero conocer; una mujer que parece una tormenta en primavera, tan cálida, pero tan impredecible, alguien capaz de quebrarte con una mirada, pero decidida a formarte de nuevo con palabras.

Tomé mi teléfono buscando los mensajes de esta mañana, no hacía falta que vinieran a mi habitación como los años anteriores. Siempre la misma respuesta; no iré. No iré. No iré.

Todos los años, a la misma hora, con la misma respuesta, pero con el mismo final, terminado yendo por petición de mi madre, soñando con encontrar una mujer rubia, o pelinegra que me haga entender el sentido de la reunión, pero sobre todo, que cumpla con los estereotipos de mi madre.

Está vez faltaba mi respuesta, aunque claro, muchos lo suponian. Pero aún había un espacio en blanco, o bueno, dos… Mi mesa, junto a la familia más cercana, justo como toda la vida después de cumplir los dieciséis.




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