Un puente a su mundo

¿Quién eres tú?

No era que lo conocía, o que el fuera muy parecido, o con rasgos similares. Era prácticamente Tanke. Los mismos ojos, el cabello, hasta la altura era similar.
—¿Qué demonios...?
Se preguntó, pero antes de que pudiera pensar nada más, Tanke se abalanzó sobre ella. Alex dio un par de pasos hacia atrás. Estuvo a punto de gritar, pero una gran mano le tapó la boca.
—Tranquila. No hay razón para armar un escándalo. Solo vengo a buscar algo.
Era la misma voz que había escuchado tantas veces en Ayapan. Aún así, le provocó un escalofrío. No podía pensar en nada. Sólo en que quería volver a la vr, como si ahí pudiera estar a salvo. Era un pensamiento muy ilógico, pero nada más le venía a la cabeza.
En ese momento mordió la mano de Tanke. Fue un reflejo, o eso pensó al principio. Tanke apretó los dientes por el dolor, pero no emitió sonido alguno. Alex se soltó, aprovechando el descuido para alejarse de él. Tenía ganas de correr como una loca, pero algo la detuvo en donde estaba. Puso los brazos en guardia y se paró firme.
—Jajaja. —Se burló Tanke—. ¿Crees que puedes vencerme? He matado ratas más grandes que tu... Literalmente.
Alex quería gritar, preguntar que estaba pasando. Por qué Tanke se comportaba así... Por qué estaba en su casa para empezar, pero su boca no la obedeció. Pronto se dio cuenta de que no era solo su boca. Dio un paso al frente y tiró un golpe recto, como si supiera lo que hacía. Tanke lo esquivó moviéndose a un lado. Ella pateó justo donde iba a estar, pero solo golpeó el brazo con el que se cubría. 

Con la sonrisa aún en su boca, Tanke retrocedió un paso y se puso en guardia también. Los golpes volaron al instante siguiente. Alex no tenía control alguno sobre su propio cuerpo, aunque en ese momento lo agradeció por que parecía saber lo que hacía. Los dos contrincantes se movían como profesionales. Sin embargo, Tanke era más fuerte y más alto. Sus golpes eran más contundentes y Alex sentía claramente al cansancio ganando terreno.
«Tiene razón. —Escuchó una voz en su cabeza—. No puedo ganarle. Prepárate.»
Alex se preguntó, aún más confundida, ¿para qué? Pero antes de que pudiera ordenar sus ideas, su cuerpo se tiró al suelo y dio un barrido con el pie. Tanke lo esquivó fácilmente, pero tuvo que alejarse al hacerlo. Ella aprovechó la oportunidad y corrió directo a la ventana. El primer pensamiento de Alex fue que había dejado a su personaje en un mal sitio. Luego vio como saltaba por la ventana y la imagen de ella misma estrellándose contra el piso ocupó su mente por completo...
Mientras caía y entraba en pánico por todo lo ocurrido, la misma voz de antes le habló a su cabeza.
«No dejaré que te haga daño. Pero tienes que confiar en mi.»
Sus manos se aferraron a una caldera de uno de los pisos más abajo. Ésta crujió de forma alarmante pero se sostuvo. Por la ventana de su departamento se asomó Tanke. Parecía dispuesto a saltar igual que ella, pero se lo pensó mejor y volvió a entrar en la casa. En otras ventanas cercanas se encendieron luces. Alex supuso que habían escuchado el alboroto y querían enterarse del chisme.
Su cuerpo volvió a moverse por su cuenta y pateó una ventana cercana. Alex sabía que el dueño de ese departamento casi siempre andaba fuera. El cristal tronó con fuerza en el silencio de la noche. Mientras se colaba en la vivienda escuchó claramente como se abrían varias ventanas cercanas. Esperaba que nadie la hubiera visto entrar o por lo menos que no la reconocieran. 

Alex miró con curiosidad como su cuerpo recorría el departamento buscando algo. Tenía miedo, pero era más que nada por la abrupta aparición de Tanke y porque no sabía que estaba pasando. En cambio, aunque no tenía control de su cuerpo, era una sensación muy alejada del miedo lo que eso le provocaba. De hecho, se sentía como algo familiar. No tenía claro el qué pero era lo único que la detenía de perder la cordura.
—¿Qué está pasando?
Ésta vez su boca si se movió. Lo que le pareció extraño, pues su cuerpo seguía fuera de su control.
—Estás en peligro.
Le respondió su propia voz. Aunque sonaba más... tranquila. Como si lo que estaba pasando fuera cosa de todos los días.
—Por qué. Yo no he hecho nada. ¿Quien era ése? No era Tanke verdad. ¿Quién eres tú... ¡Qué eres tú!?
Al terminar de hablar soltó un manotazo en la cómoda en la que estaba buscando. Eso la sobresalto.
—Escucha. Se que tienes muchas dudas. No sabes que está pasando y eso te pone nerviosa, pero tenemos que salir de aquí y no puedo concentrarme si sigues haciendo tantas preguntas.
Alex estaba sin habla o sería mejor decir, sin pensamientos. Dudaba que fuera buena idea siquiera eso. Su cuerpo suspiró y Alex pudo sentir como se relajaba.
—Responderé una pregunta a la vez, pero antes. ¿Recuerdas cuál es el auto de Felipe?
Era el dueño del departamento donde estaban. Alex estaba confundida, hasta que levantó su mano. Tenía un llavero con botones y una llave de las antiguas. De esas que no usaban huellas digitales. Alex pensó que solo podía estar en el estacionamiento del sótano. Sin que dijera nada, su cuerpo se dirigió a la puerta de salida. Al parecer ella... él... eso, sabía como se sentía, por que le dijo mientras... caminaban?
—Puedo ver tus pensamientos más superficiales, pero solo si no son demasiado caóticos. Tienes dudas, pero no tenemos mucho tiempo. —Se asomó por el ojo de buey de la puerta. No había nadie en el pasillo—. Pregunta. Pero de una por vez.
Alex asintió mentalmente mientras su cuerpo abría la puerta y se asomaba a ambos lados antes de salir muy apresurado.
—¿Quién o que eres? Estoy harta de llamarte cuerpo.
Eso que la controlaba soltó una risita. No sabía por qué, pero eso le alegró el corazón, como si no estuvieran huyendo de su compañero de clan.
—Mi nombre es §∆¥¶Ω.
—¿Qué?
—A cierto... Puedes decirme Nuriel.
—...
—¿Qué?
—O es mucha coincidencia o le robaste el nombre a mi Pj.
—No es un robo... Me gusta ese nombre... Dime como prefieras.
Se notaba un ligero toqué de molestia en la voz de... Nuriel. Alex decidió que no había necesidad de pelear, así que aceptó llamarle por ése nombre. Era mejor que llamarle: "mi cuerpo". Lo que la llevó a la siguiente cuestión.
—¿Eres mujer?
—Eso importa...
Contestó Nuriel mientras abría la puerta de las escaleras para bajar.
—Pues, es que tu... estás...
Se sonrojo, por lo menos, su equivalente mental.
—Ya veo. —Nuriel no parecía preocuparse por eso—. En realidad no tengo género. Piensa en mi como prefieras.
Eso no la tranquilizó. Así que siguió haciendo preguntas. Nuriel bajaba las escaleras de dos en dos. Alex sentía que caería rodando hasta el suelo, pero intentó confiar en que Nuriel sabía lo que hacía. A pesar se eso no podía pensar bien.
—Entonces. ¿Qué eres? ¿¡De dónde vienes...!?
—Espera, espera. Te estás alterando de nuevo. Responderé a todas tus dudas, pero de a poco, ok.
Nuriel respiró profundamente y Alex se calmó un poco.
—Bien. —Dijo Nuriel. Estaban a punto de llegar al estacionamiento—. Supongo que puedo responder a éstas dos preguntas.
»Para empezar, vengo de un lugar muy lejos de éste mundo. Tiene un nombre en mi idioma, pero no lo entenderías. Tampoco hay una traducción al español así que... supongo que puedes llamarlo como todo el mundo lo llama. "Infierno" o "inframundo". Lo que nos lleva a que soy. Bueno, pues como te imaginas, soy un demonio. Aunque en lo personal prefiero el término que usan en Japón, "Akuma"...




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