Un puente a su mundo

Game over

Nuriel estaba desesperada. Conocía seis tipos diferentes de artes marciales humanos, dos demoníacos; además manejaba a la perfección casi todas las armas, blancas, contundentes o de fuego, que habían existido en toda la historia. Aún así, simplemente no podía superar a Tanke. No sabía por qué. Solo sabía que gastaba y gastaba habilidades sin hacer verdadero daño a su enemigo. 
Él dijo que no se había ganado el cuerpo que usaba, pero ella creía que había algo más. No conocía muy bien éste mundo, el puente, pero sabía que tenía sus reglas bien definidas. Reglas que estaban basadas en el mundo humano, ella ya había conectado varios golpes, algunos en el pecho y la cabeza y Tanke seguía tan campante mientras ella perdía salud a cada segundo. 
No solo eso, sospechaba que estaba jugando con ella, que podía haberla matado hacía mucho. Pero sus sospechas y divagaciones no le servían de nada. Se levantó jadeando, recordó la advertencia de Alex a Dos y se mantuvo quieta esperando a recuperar se. 
—¿Aún quieres jugar un poco más? —Preguntó él de manera burlona. 
Nuriel no se dejó llevar por la provocación. En su lugar preparó sus armas. Las habilidades flotaban al rededor de cada una, todas estaban grises por el enfriamiento. Estaba en una mala situación, pero mientras  Tanke siguiera jugando con ella, aún podía llegar Alex y entre las dos lo vencerían. 
Entonces él sonrió confiado, como si supiera algo que ella no. Enseguida cargó con el escudo al frente. Ya lo había visto hacer eso, a Dos y el tipo seguía aturdido. Esquivó rodando hacia un lado. Tanke se detuvo en seco, levantó el escudo y cuando Nuriel terminó su acción evasiva, lo estrelló contra el suelo. La onda de choque que generó impactó a la akuma y la aturdió. 
Cayó al suelo, no sentía ningún efecto, solamente no podía moverse, eso era lo peor. Escuchaba los pasos de Tanke acercándose. El tin tin del metal golpeando contra si mismo, pero no veía nada. Solo podía esperar la derrota, indefensa y medio ciega. 
Tanke lo había conseguido. La había humillado y cuando Alex volviera de su misión el consumiría su alma. Se estaba desesperando, algo que no le ocurría desde que se enteró de la muerte de Gama. Estaba tan absorta que no se dio cuenta cuando los pasos se detuvieron, ni siquiera porque le habían estado retumbando en los oídos. 
Por eso, cuando vio al frente a esa mujer con el cabello alborotado como fuego, que de un lado brillaba dorado y al otro era negro como el carbón, se quedó perpleja. Se preguntó quién era, y por que la ayudaba. Solo reconoció a Alex cuando ella le ofreció una mano para ayudarle a levantarse y la miró a los ojos. Ahora eran uno negro y el otro blanco pero reconoció en seguida los ojos café que había visto al entrar al puente. 
Nuriel intentó agarrarla y apoyarse pero su mano la atravesó como si fuera una ilusión. 
—¡Huy! —Exclamó Alex, preocupada—. No me di cuenta de que estabas aturdida. 
Hizo un ademán, la tierra bajó ella tembló ligeramente y sintió un hormigueo que le cubría el cuerpo. Después de eso pudo ponerse de pié. 
Alex sonrió y a pesar de que su personaje se veía total mente diferente, le pareció estar viéndola como la primera vez. Cuando ella ayudaba a los pnj. del zeltonar a vengar a sus muertos y supo que desdé ese momento comenzó a quererla. 
Los de su raza se jactaban a menudo de ser los únicos seres realmente vivos y aún así muchos de ellos, aún siendo inmortales, tenían actitudes pasivas, apenas unos meros espectadores de kas vidas humanas. Alex en cambio estaba ahí al frente, llena de pensamientos confusos pero decidida a hacer lo que debía. 
—Jajaja. 
Ese era Tanke, estaba a unos metros, recargado en su escudo; por su cuerpo se notaban relámpagos en miniatura que lo recorrían. Los identificó como una de las seis habilidades que ella le había enseñado. Estaba por decirle a Alex que no podrían derrotarlo, que huyera mientras le ganaba tiempo. Pero ella miraba al enemigo con una cara de póker. Recordaba ese estado de las secciones de entrenamiento, solo se ponía así cuando estaba realmente concentrada. Nuriel no podía quedarse atrás así que adoptó su propia pose de batalla. 
—Escúchame. —Dijo Alex con una nota dominante en la voz—. Escoge dos posturas, las que te parezcan más fáciles y olvídate del resto. ¿Ves los círculos de colores?
Solo hasta que Alex los mencionó Nuriel tomó conciencia de ellos, supuso que así era como Tanke la estaba venciendo. Asintió aunque Alex no apartaba la vista de él. 
—Evita los de color rojo, amarillo y sobré todo los negros. Si puedes has que él toque los azules. Yo seré tú apoyo, solo preocúpate de atacar. 
Tanke seguía riendo, los rayos se desvanecieron y el se puso en guardia. Nuriel atacó, él la recibió con el escudo. Por un momento creyó que la cosa iba a seguir como antes pero entonces él saltó hacia atrás. Ella intentó seguirlo pero Alex le dijo que mirara el suelo. Justo frente a sus pies había un círculo negro. Su compañera llegó a su lado y otro círculo, esta vez blanco, las rodeó a ambas. Sus puntos de salud empezaron a recuperarse poco a poco. Desde donde estaban pudo escuchar claramente a Tanke chasquear la lengua. 
—Creo que no puedo con las dos. —Dijo, aunque aún seguía sonriendo—. He de reconocer que superaste mis expectativas Alex. Mira que hacer una diferencia tan significativa con cuarenta niveles menos. 
Agitó la cabeza dando a entender que no podía creerlo y siguió hablando.
—En fin. Preferiría no hacerlo pero no me dejan otra opción. ¿Cómo le llaman? ¿Dos? Que ridículo nombre. Seguro se te ocurrió a ti, verdad Alex. 
«¿En qué momento nos escuchó llamarlo así?» Pensó Nuriel.
Tardó más en hacerse la pregunta que en contestar la. Nunca lo había hecho. Giró rápidamente y alcanzó a ver como el tipo hacia ademanes para desconectar se. Su personaje parpadeó y en seguida le llegó un mensaje que solo pudo ver en una esquina de su campo de visión.
“Tu compañera de grupo se ha desconectado” 
Después de eso Dos pudo desconectarse y desapareció del lugar como si nunca hubiera estado ahí. La carcajada de Tanke fue lo siguiente que escuchó. 
—Jajaja. No puedo creer que hayan confiado en él. Sobre todo tú Lizeth, la mentirosa más grande de la historia.
Nuriel lo miró, estaba aturdida y solo pudo quedarse viendo como Tanke se desconectaba igual que los otros. Aunque dijo una cosa más antes de eso.
—Ya sabes dónde estamos. Te prepararé una bienvenida. 
En seguida desapareció en medio de una carcajada...




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