Un puente a su mundo

El monstruo de Frankenstein.

Nuriel notó rápidamente de lo que era capaz un cuerpo sintético. En realidad debería haberlo sabido desde mucho antes. Los humanos estaban limitados por su mente pero un cuerpo sintético no tenía una mente que limitar. Mientras corría por la avenida esquivando coches a saltos, pensó en su primer encuentro con Tanke. Sí él usaba un cuerpo sintético entonces pudo haberla detenido sin problemas, no lo había hecho así que solo había dos opciones. Su personaje de Ayapan era idéntico a su vínculo o las dejó ir a propósito. Ninguna de las dos opciones cuadraba y llegados a este punto ya no importaba.

Dejó de lado todo eso y siguió corriendo, casi volando hacia el almacén de Dos. Ese cabrón las había traicionado, pero Tanke tenía razón en algo. ¿Cómo era posible que ella le hubiera creído nada? Cuando terminara con él le daría una buena lección a su cómplice.

Los edificios pasaban a su lado como meros borrones. Si Alex la hubiera visto seguramente su mente pensaría en shehulk de inmediato a pesar de que los colores de cabello y piel no coincidian. Llegó en apenas veinte minutos a Pantitlán, y siguió la avenida Churubusco sin bajar la velocidad. Aún así sentía que no se movía lo suficientemente rápido.

Al fin vio el almacén donde Dos las había llevado. El edificio no tenía ventanas pero desde las rendijas de la puerta y la cortina de metal salía una luz azul muy tenue. Dio el último salto y cuando cayó en la banqueta frente al lugar escuchó una carcajada que venía del interior. Eso la hizo enojar. Sin pensarlo preparó el puño y golpeó la cortina. El metal se dobló y después de un momento cedió. Su golpe abrió un hueco del tamaño de un balón de fútbol. Nuriel agarró los bordes con ambas manos y jaló hasta que el hoyo fue suficientemente grande para dejarla pasar.

Tanke la esperaba parado a un lado de la cápsula de viaje. También vio a Alex, inconsciente junto a una escalera que le había pasado inadvertida la vez anterior que estuvieron ahí. No sabía si ya le habían sacado el alma pero estaba demasiado enojada para pararse a considerarlo. Corrió hacia Tanke dispuesta a hacerlo pagar por todo. Por Alex, por Gama, y por los otros akuma que habían muerto peleando contra esté tipo. Ya llevaba seis, todos habían intentado detenerlo sin éxito. No sabía como había ocurrido todo pero sabía que Tanke debía pagar. No Tanke no, debía llamarlo por su denominación akuma: Alfa.

Cuando supo que uno de los suyos había muerto no quiso aceptar que solo otro akuma podría haber logrado algo así. Eso le dejó a Alfa tiempo para matar a otros y todo por una droga, como cualquier vulgar gánster humano.

Estaba a punto de alcanzarlo pero él dijo algo.

—Gama.

De algún lugar fuera de su campo de visión salió el tipo, Dos, y se interpuso entre ambos. Nuriel no conocía su denominación akuma pero definitivamente no era Gama. Creyó que se burlaban y eso la hizo enojar más. Se preparó y fue a estrellar su puño contra la cara de aquel akuma. Él recibió el golpe y cayó hacia atrás. Nuriel siguió acercándose, sentía que la sangre le hervía incluso si ese cuerpo no tenía nada parecido.

Volvió a atacar pero Dos se levantó y la atrapó en un abrazo, empezaron a forcejear. Nuriel le dio un cabezazo, los dientes de Dos chocaron provocando un sonido seco que hubiera hecho estremecer a Alex de haber estado despierta. Él se recuperó enseguida y presionó aún más. Nuriel quedó inmovilizada a pesar de la enorme fuerza que poseían los cuerpos sintéticos. Tanke se acercó. Le dio una palmada a Dos y le dijo que había hecho un gran trabajo. Luego se dirigió a Nuriel.

—Y tú. Golpeando así a la gente, mira que eres salvaje, pobre Gama, no hace más que su trabajo.

Nuriel rechino los dientes y reflejando todo su enojo y frustración le reclamo a Tanke.

—¿Cómo te atreves a burlarte? Después de lo que hiciste.

Siguió intentando liberarse pero le era imposible. Tanke puso una cara de pena y dijo:

—Tienes razón. Hay que respetar a los muertos. —Abrió mucho los ojos aparentando sorpresa—. Espera, pero Gama no ha muerto. Está ahí mírale. Ha cambiado un poco, fue ligeramente adulterado pero está ahí, más o menos.

—¿De qué hablas? —Preguntó Nuriel confundida.

Tanke se llevó una mano al puente de la nariz y agitó la cabeza de manera teatral.

—Es que tengo que explicarte lo con manzanitas.

Nuriel miró a Dos, este se mantenía cayado y parecía avergonzado. Cuando se dio cuenta de que lo miraba cerró los ojos y giró la cabeza, como escapando de ella. Tanke soltó una carcajada, se contuvo y carraspeó para volver a una expresión seria.

—Esta bien. —Dijo magnánimo—. Te explicaré porque parece que a pesar de todo tu estudio la cabeza no te da para mucho. —Se acercó a ella como si le fuera a contar un secreto y susurró—. Creo que es por el cuerpo sintético, en serio, las luces deberían hacer un control de calidad más estricto. —Volvió a calmarse y le puso una mano en el hombro a Nuriel, como si estuviera en medio de un funeral siguió hablando—. Aquí está Gama, y Romeo, y varios otros pero no recuerdo sus nombres, no eran importantes.

Al terminar de hablar una sonrisa siniestra y burlona se formó sin que pudiera evitarlo...




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