Una boda cruel

Capítulo 11

Parece que Daniyal siente mi tensión, porque me vuelve hacia sí y me mira a la cara.

— ¿Sucedió algo, Dana? Estás afuera de ti.

— Fuera de sí...

"Tú" eres lo que sucedió, y ahora tengo miedo de no complacerte..."

Miro los penetrantes ojos azules debajo de las cejas negras claramente delineadas, la frente alta y fruncida, las mejillas cubiertas de barba incipiente. De repente, me viene la idea de lo bueno que sería sentir sus caricias, y siento como me caliento, como siempre me sucede con las miradas y palabras francas de Daniyal.

Muy pronto lo veré completamente desnudo, y él me verá a mí, y no sólo me verá, sino que me tocará, me rozará, me acariciará donde dijo que lo haría, como me prometió... Una ola caliente sube por mi columna vertebral y me recorre hasta la punta de los dedos.

No, no me avergüenzo de desnudarme frente a Danyal, por el contrario, él me ha dicho tan a menudo como me quiere, como sueña conmigo, que yo misma quiero quedarme a solas con él lo antes posible. Besarnos hasta el agotamiento, sentir sus manos donde ya estuvieron y en otros lugares a donde nunca las dejé entrar. Ahora podemos hacer cualquier cosa.

Pero estoy tan acostumbrada al Dan virtual que ahora, cuando él, demasiado tangible, tan masculino y sin ocultar su deseo, se cierne sobre mí, quiero huir y esconderme.

Recuerdo las palabras de Olga, que Daniyal es un hombre adulto y bastante experimentado. Mi corazón da un salto mortal y golpea el lado opuesto: Dan me dice que la habitación está reservada por tres días. Al mismo tiempo, logra besarme cerca del escote: fue como si me sentaran en una silla eléctrica, tal descarga pasó por todo el cuerpo.

¿Pero qué va a hacer conmigo durante tres días enteros? Está bien, la primera vez Dan probablemente no espera de mí un gran rendimiento. Pero luego querrá algún tipo de iniciativa de parte de su esposa, y ¿qué se hacer yo aparte de besos?

Y por qué no me molesté en leer algo en Internet, ver videos aunque sea. Bueno, ¿podría al menos haberme entrenado con un plátano? Pero en los exámenes tuve notas excelentes y gané dinero extra en las sesiones de fotos... Tonta…

— Dana, mírame. No respondiste, — dice Daniyal con exigencia.

— Sí, — me dirijo a mi marido, — sucedió. Dime, Dan, ¿tú has tenido muchas mujeres?

— ¿Qué-é-é?, — está tan poco preparado para esta pregunta que incluso da un paso atrás.

— ¿Has tenido muchas mujeres? — Repito con valentía. — ¿Estoy en lo cierto al suponer que tu experiencia sexual es bastante amplia?

Dan me mira con una mirada extraña y luego comienza a reirse. Se ríe largamente, me abraza y se sumerge en mi cabello, finalmente despeinándome, lo que incluso me molesta. Intento zafarme de los brazos que me envuelven, pero no lo consigo. Por fin deja de reír.

— Dana, ¿dudas de mí? Mi muñeca, no pasé ningún examen ni terminé cursos especiales, así que no tengo diplomas ni certificados. Pero te aseguro que puedo hacerlo, puedes no preocuparte, y para asegurarte, te sugiero ahora mismo…

— Yo dudo de mí misma. Que voy a hacer algo mal, — respondo en voz baja y le doy la espalda.

Daniel se pone serio al instante. Suavemente, me gira por la barbilla hacia él y me dice:

— Mi niña. Querida. Tú no tienes que hacer nada. Lo que pasa es que no puedes verte a tí misma. Tú eres capaz de seducir con una sola mirada, nunca he conocido a una chica tan inocente y tan sexy al mismo tiempo. Es solo que ... se puede extraviar la cabeza.…

— Perder. Se puede perder la cabeza.

— ¡Sí! — se inclina muy bajo y agarra mis labios.  Te recuerdo temblando, cuando te beso, todo se me pone tenso. Simplemente confía en mí, soy tu marido. Y sé natural.

Nos besamos en la orilla del lago durante mucho tiempo, me agarro de sus hombros, porque las piernas se me doblan y se niegan por completo a sostenerme.

Daniyal besa apasionadamente, con insistencia, y sus manos son tan insistentes que no soporto y soy la primera en hablar:

— Dan, nos pueden ver, vamos.

Él me toma en sus brazos y se dirige hacia la habitación, y me sorprende cómo sus ojos azules se nublan ahora.

Mi esposo me lleva a la habitación, y me quedo sin habla, he visto tantas flores juntas solamente en el mercado. Pero allí hay de todo tipo, y aquí hay solamente rosas de una misma gama cromática armónica que hace juego con el interior. Aquí está también el gran ramo que me regaló Daniyal.

No tengo tiempo de mirarlo todo a mi alrededor, cuando unos labios duros vuelven a tomar posesión de mis labios, y unos dedos impacientes ya desatan el sujetador en mi espalda.

— Y tú desnúdame a mí, Dana, — oigo una voz sorda, y no sé por qué asiento con la cabeza y empiezo a desabrochar los botones de su camisa.

— Dana, mi niña, ¡qué hermosa eres…

El vestido se desliza de mis hombros, ya me lo están bajando por las caderas, y en un instante cae al suelo convertido en una ola de seda.

— Abrázame, —Dan me levanta en brazos y me lleva a la habitación contigua, que resultó ser un amplio baño.




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