Una boda cruel

Capítulo 14

Por poco nos quedamos dormidas las dos. Me despierta una llamada de Satima, que pregunta si es necesario comprar algo más por el camino. Nos levantamos de un salto y empezamos a correr por la habitación, y una vez más se me encoge el corazón: un piso alquilado se ajusta a la definición de "hogar" mucho mejor que una habitación de hotel.

Pero cuando llega Satima, feliz y radiante como si fuera su boda, seguida de los estilistas, empiezo a relajarme poco a poco. También empiezan a llegar mensajes de Daniyal uno tras otro, parece que lo han dejado tranquilo durante un tiempo.

Las manipulaciones con el cabello me tranquilizan, como a cualquier mujer normal. Y cuando me veo en el espejo con mi vestido de boda, vuelvo a sentirme una novia feliz.

El peluquero me coloca el velo y admira su trabajo. Ya las tres chicas estamos con peinados, la maquilladora termina de retocarle las pestañas a Satima.

—No, todo está pagado, — sacude la cabeza el peluquero cuando Olga intenta pagar.

— Entonces que sea una propina, mi hermana fuerza al hombre a tomar el dinero. Y cuando la puerta se cierra, suspira. — Esto es contagioso, Dana. ¡Me estoy convirtiendo en una despilfarradora!

— Vamos a tomar un café, chicas, — sugiere Satima, — tenemos media hora todavía.

— ¿Y según la costumbre, qué suelen hacer los familiares de la novia mientras el novio está en camino?, — pregunta Olga mientras el camarero trae café y unas galletas pequeñas a la habitación.

— Visten a la novia, se toman fotos con ella, están pendientes de la llegada del novio, —enumera Satima, acercando su taza.

— Igual que hacemos nosotras, — se ríe Olga, bebiendo el café con cuidado, para no dañar la pintura de los labios.

— Me gustó mucho tu boda con Daniyal, Dana, — dice Satima, — también me gustaría tener una así. Era tan hermoso y conmovedor cuando te esperaba junto al arco y tú ibas hacia él por el camino. ¡Él tenía tal expresión en el rostro!

— Si nuestro padre estuviera vivo, entonces él hubiera llevado a Dana al altar, o más bien al arco. En general, hubiera entregado la novia al novio de mano en mano, —Olga termina su café, — hubiera sido aún más hermoso.

— ¡Tú también vas a tener una hermosa boda, Satima! — tomo a mi amiga de la mano, ella en respuesta sonríe agradecida.

La pantalla del teléfono parpadea: llama Rustam, él es el padrino principal de la boda y ahora llama para avisarnos de que van saliendo.

— Bueno, chicas, ¡que Dios nos bendiga!, — dice Olga con decisión, levantándose con la mirada de un comandante en jefe.

Escuchamos la caravana antes de que podamos verla, parece que todos los autos en la columna activaros sus cláxones.

No podemos resistirnos a mirar por la ventana, y casi me caigo cuando veo tantos autos. Daniyal se baja de un enorme Cadillac blanco como la nieve con un corazón de rosas rojas en el capó; a la luz del sol, parece que el coche está cubierto de brillo. Dan mira hacia arriba, buscando la ventana adecuada, y las tres retrocedemos con una carcajada.

Ellos suben en un santiamén al piso, porque unos minutos después se abre la puerta y entra Rustam con dos amigos de Daniyal: Irbek y Murat. Y luego…

Entra Él, como la vez anterior, mi corazón comienza a saltar por todo mi pecho. ¿Cuándo me acostumbraré a su mirada?

Dan parece cansado. Parece que a mi marido lo tiene harto esta preparación para el espectáculo que nos espera. Pero al verme, sus ojos se iluminan, las arrugas en la frente se suavizan, la mirada se vuelve más cálida. En las manos de Daniyal, hay un lujoso ramo de rosas blancas, al igual que en la primera boda.

¡Quiero que esta puesta en escena, innecesaria para los dos, termine lo antes posible! Estoy tan cansada y atormentada sin mi esposo, y él también está atormentado sin mí, lo veo bien. Después de Daniyal, entran mujeres y hombres, pero no veo a nadie más, sólo a él, a mi amado.

Daniyal tampoco me quita los ojos de encima, se acerca a mí, me entrega las flores y trata de tocarme las manos. No me abraza ni me besa, no es costumbre aquí, ya me han advertido. Ya conquistamos el derecho de no repetir la ceremonia de los anillos.

Le dije a mi esposo que no necesitaba ningún otro anillo y que este no se lo daría, y Dan estuvo de acuerdo.

Él dobla la mano en el codo, yo pongo la palma cubierta por el el mitón sobre su codo. Daniyal me cubre la mano con la suya, y no hay temor ni emoción en el gesto, sólo la habitual confianza y expectación masculinas.

Él también quiere que este día termine pronto y que todo vuelva a su lugar. Exhalo con alivio y sigo a mi esposo.

La caravana avanza, haciendo sonar los cláxones sin cesar. Uno de los autos en la caravana tiene techo corredizo, el auto se mete en la fila vecina, dos chicos salen por el techo solar y vierten champaña sobre nuestro Cadillac. Daniyal se ríe y los saluda, seguro también son sus amigos o primos. Todavía confundo a las mujeres, qué decir de hombres a los que ni siquiera me han presentado.

Me paso todo el camino reflexionando si es bueno o malo tener una familia tan grande, y decido que es una cuestión de costumbre. Y mejor, como siempre, es el auro medio. Tener tantos parientes como Daniyal, es demasiado, pero no tener a nadie, como Olga y yo, tampoco es bueno.




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