Una boda cruel

Capítulo 21-1

Danyal

Él no la tocaba, trataba de no inhalar su olor echando la cabeza hacia atrás. Y ella no lo tocaba. Sin besos, sin toques innecesarios. Pero la memoria hacía explotar el cerebro con imágenes de la vida pasada, donde había una chica con ojos grandes llenos de amor y confianza. Su olor fluía de la subcorteza y causaba recuerdos tan dolorosos que quería gritar de dolor.

Este olor perforaba todas las barreras que se levantaban en el interior para no volverse loco por el sentimiento de culpa, y ahora Dan se sentía desangrado. Los fantasmas de sus manos rodeaban su cuello, sus labios vagaban por su cara en busca de sus labios, él trató de atraparlos pero no los encontró. El dolor ya no lo abandonaba, pero ahora él le estaba incluso agradecido.

Le pareció que ambos gritaron. Y entonces Dan comprendió con una claridad aterradora lo que no podía entender antes, y eso que Olga se lo advirtió correctamente: "Vive... si puedes". Él no puede, hace tiempo sabía que no podía. Y solamente ahora se dió cuenta de que hace tiempo que no vive.

— Ya esá. Discúlpame, —se levantó, deshaciéndose de la protección que no llegó a ser necesaria. — Puedes enviarles una foto.

Salió caminando como ciego por otro espasmo, que lo retorció en una espiral hasta nublarle la vista. Llegó a la puerta y salió del apartamento. Tenía que haberlo hecho hace tiempo, ¿por qué le dió largas tanto tiempo?

 

***

 

Dana

— Bueno, vamos, ahora mismo, ¡ayuda, Dasha!

La conciencia se desvanece y me abandona, luego de nuevo todo a mi alrededor toma forma. Reuno mis fuerzas.

— ¡Bien hecho! ¡Bravo!

— ¡Dana, un niño, el primero, míralo!

— Moreno.…

 Y sus ojos serán azules como los de su padre.…

— ¿A dónde?, no te duermas, Dana, ahora vamos a parir a la niña. ¡Abre los ojos!

— No puedo.…

— Puedes. — Olga y yo definitivamente no podremos parirla. — Sostenla, Olga ... Dasha, escucha, la niña es muy pequeña, necesita ayuda. ¡Concéntrate!

— Realmente no puedo.…

— No llores, Dana, por favor, no llores…

— ¡Empuja, Dasha!

Y de nuevo, todo se desvanece...

 

***

 

Danyal

Ya en el auto, Danyal sacó del bolsillo un anillo: el de Dana, que ella le dio a Rustam, y el suyo, que la pequeña Aisha encontró. Se puso el suyo en su dedo anular, y el de ella ni siquiera le entró en el dedo meñique, ella era muy delgada. Simplemente lo apretó en la mano. De nuevo volvieron a golpearlo los recuerdos: él lanza el anillo al suelo, mientras Dana presiona su mano y su frente contra el cristal del automóvil.

Estaba de pie y vio cómo se la llevaba el todoterreno, y tenía que haber corrido, arrastrarse detrás de ella, no dejarla ir. Si él hubiera sabido que ella no se iba sola, sino con sus hijos.

"No la amaba entonces, solo la deseaba". Y por eso se fue, llevándose a los niños con ella, así fue.

"Ahora la amo. Más que a mi vida".

"Vive con eso. Si puedes".

"No puedo".

Dejó de mirar el velocímetro cuando la flecha superó la marca de los cien kilómetros por hora, simplemente hundió el pie en el aceledador y se dirigió hacia el extremo occidental de la ciudad. Los arcos de piedra del viaducto del ferrocarril se vieron por delante.

Danyal sonrió satisfecho, llegamos. Presionó el pedal del acelerador hasta el tope, el automóvil rugió como una bestia herida y voló hacia uno de los pilares.

 

***

— ¡Eres mi chica de oro! — Olga me abraza, agotada y medio muerta.

— ¿Cómo es? Enséñamela

— ¡Roja de tanto gritar! Fue difícil para ella.

— No es tan morena como su hermano, Mira.

— Nada, se le pasará y será como tú, Blancanieves.

Nacieron tus hijos, Daniyal. Solo que tú no lo sabrás.…

 

***

 

Danyal

No perdió la conciencia de golpe. Lo abandonaba poco a poco, se ensombrecía con manchas turbias, llenando todo a su alrededor del olor empalagoso de la sangre. Dan miró la cabilla de acero que sobresalía de su pecho y respiró, respiró profundamente, libremente, aunque el aire salía con un silbido, como de una caldera de vapor rota. Pero ahora podía respirar a pleno pulmón.

Ante sus ojos apareció una costa, bañada por las olas del mar. ¿De dónde apareció un mar en Zurich? Ni siquiera un mar, todo un océano, y las olas son como deben ser. El océano ya se extendía hasta el horizonte, y luego el horizonte se encabritó y Dan la reconoció: pipeline*, la ola más mortal del mundo.




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