Una carta al amor

Capítulo 2. El amor y sus complicaciones

Alessandro Cooper

—¿Qué te parece si hoy cenamos juntos amor? —la abrazo desde atrás rodeándole la cintura. No puedo expresar en palabras cuanto amo a Rebeca, ella es la mujer con quién quiero pasar el resto de mi vida, la que quiero para que sea la madre de mis hijos. Ella es perfecta para mí, lo supe desde el día en que la vi por primera vez en aquella fiesta de amigos. Ella sobresalía entre todas las mujeres del lugar. Su belleza opaca a cualquiera.

—Lo siento baby, hoy tengo sesión de fotos y luego una cena con mis amigas, ya quedamos, no puedo cancelar ahora —se aleja de mí, y me gustaría que no lo hiciera, quisiera quedarme pegado a ella toda la vida si fuera posible. Pero algo que he aprendido de ella, es su poca demostración de afecto.

—Está bien mi reina, como tú digas, esperaba que al menos puedas dormir hoy conmigo.

Observa desde la ventana y luego camina de forma tan elegante y sensual a sentarse en mi silla detrás de mí escritorio. Rebeca es perfecta por donde la miro. Es hermosa, una buena mujer. No puedo pedir más a la vida.

—Mi amor, dentro de muy poco estaremos casados y dormiremos juntos cada noche, mejor estar algo separados así nos extrañamos más, ¿No te parece? —camino hasta mi escritorio, inclino mi cuerpo para levantarle el mentón y besarla.

—Yo te extraño cada segundo de mi vida, preciosa. No hace falta estar separados porque te amo más cada día.

Ella me acaricia el rostro. —De igual forma baby, ya falta poco para nuestra boda, aún tengo tanto que organizar, así que debo irme. Debo ver el vestido, aún falta ultimar detalles con la organizadora. ¡Dios! Son tantas cosas. Mi madre me espera para comprar más cosas y hablar con la organizadora.

Se levanta para alejarse, pero la sujeto del brazo volviéndola a pegar a mí. —Te amo, no lo olvides, puedes pedirme lo que quieras, sabes que todo lo pongo a tus pies mi reina.

—Lo sé, cielo, por eso te amo tanto, me consientes mucho.

—¿Cómo no consentir a mi futura esposa? —la beso de forma dulce hasta que se escuchan toques en mi puerta. Odio eso, odio cuando me interrumpen.

—Adelante —exclamo.

—Señor, su padre quiere verlo.

Suspiro hondo al escuchar a mi secretaria.

—Llámame amor cuando estés en tu casa —digo por último antes de dejarla ir.

—Necesito tu tarjeta oro amor —hace un puchero con los labios y se ve tan tierna. Quito de mi cartera para dársela. Le daría todo de mí si fuera posible. Ella me lanza un beso en el aire y camina hacia la puerta.

—Hazla pasar Laura —le indico a mi secretaria.

Rebeca sale y mi padre apenas asiente al verla. No entiendo la actitud de mi padre respecto a ella. Rebeca es una gran mujer. Debería tenerla un poco más de respeto. Pronto será la dueña de todo lo que tengo.

—Explícame porque se cambiaron las empresas proveedoras de los insumos informáticos.

—Gerald me sugirió por la calidad y precio —mi padre furioso mueve su cabeza de un lado a otro.

—Una cosa es que te cases con esa mujer, otra muy distinta es que dejes que su padre haga lo que se le dé la gana. ¿Qué te pasa William Alessandro Cooper, te creí más listo? ¿Pondrás en manos de esa gente tu empresa?

—Esa gente como tú la llamas es el padre de mi futura esposa, te agradecería que le tengas un poco de respeto. Ella no te ha hecho nada. Quiere agradarte, ¿Y tú qué haces? Eres grosero con ella y su familia todo el tiempo.

—Esa familia lo único que quiere es dinero, esa mujer lo único que quiere es tu dinero. Alessandro, Alessandro por el amor de Dios, date cuenta —mi padre abre sus brazos de par en par elevándola en el cielo.

—Padre, basta, tú y mamá me tienen cansado con ese tema. Les guste o no, dentro de un mes me caso con Rebeca y ella formará parte de la familia. Sus padres serán también familia. Es mejor que se vayan haciendo la idea.

—No esperes que la acepte como familia, una cosa es que tú estés tan ciego por esa mujer, otra es que nosotros también lo estemos.

—¿Qué les ha hecho, eh? —grito, me altero desplomándome en mi silla. Papá apoya sus puños en la mesa.

—Su padre no tiene buena reputación, ha robado a la empresa de su propio hermano.

Pongo los ojos en blanco. —Rumores, son rumores, no se hallaron pruebas en su contra. El hermano de Gerald solo quiso inculparlo, quiso manchar su reputación.

Mi padre sonríe irónico negando. —Solo espero, que no estés cometiendo una locura, y no te arrepientas después. Porque te lo estoy advirtiendo.

Suspiro profundo. Esto me tiene cansado en verdad.

—Lo mejor será que ya no te metas en mi empresa —me duele en serio esto, pero mi padre ya se está pasando, llevando esto al extremo solo porque hubo rumores y se comprobó luego la inocencia de mi suegro.

—¿Qué estás diciendo? —reclama indignado. Pero si él no colabora no llevaremos la fiesta en paz.

—Lo que oíste papá. Yo intento que se lleve la fiesta en paz, pero tú no colaboras, hostigas todo el tiempo a Gerald, todo es queja en su contra, no puede trabajar tranquilo.

—¿Me estas corriendo de tu empresa? ¿ estás hablando en serio?

—No quiero que las cosa sean así, pero no me dejas otra elección.

—¿Prefieres a esa familia, a ese tipo antes que a tu propio padre? —me levanto a darle la espalda. La familia de Rebeca no le ha dado motivo alguno para que desconfíen de ellos. Y juro ya no puedo lidiar con esto. Mi padre parece un niño celoso.

—Cuando te hundas en el lodo, cuando esa familia te deje en la ruina, no me llames, porque no estaré ahí para ti, y no esperes que esté presente en tu estúpida boda. Adiós Alessandro, de verdad te creí inteligente, pero ya veo que no. Eres un tonto ciego que se está hundiendo solo.

Giro para decirle algo, pero él sale dando un portazo. Exhalo todo el aire de mis pulmones, apoyo mis dos manos en el respaldar de mi silla. Me siento agotado. No quería esto. No quiero que mi padre se aleje de mí.




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