Una carta para lisa

10. The Office.

“Cambiar al burro de establo no lo convierte en centauro”, y yo no fui menos gloomy después que entré a trabajar en Th. De hecho, todo se repitió igual a como yo estaba en el instituto y, la verdad, como ha sido durante toda mi puta vida, “dime con quién andas, y te diré quién eres.”

Yo era impopular, así que yo no andaba con nadie. Pero lo de burro fue casi literal, ya que yo trabajaba, pues, como un burro, los 31 días del mes, incluyendo febrero, que ya es mucho decir.

Y lo hice con mi sueldito de pasante. Así que hubo hambre a rabiar.

Mis huidas de la casa que, ya te expliqué, eran de mentira (porque yo regresaba en la noche a dormir) me pasaron su horrenda factura, pues yo trabajaba como un esclavo, y la pobreza extrema era mi cobija.

Pero yo no me quejaba. No solo porque estaba chupando como esponja de lo que era mi pasión: artes gráficas del departamento creativo (así que era soportable para mí), nada menos que en la sucursal caraqueña de una de las mejores escuelas del planeta (#3 en el ranking mundial de agencias publicitarias), sino que, además, yo tenía una Shakira que olvidar, y la brutal cantidad de trabajo me impedía pensar en otra cosa que no fuera progresar.

Ese Dios retorcido del que siempre te estoy hablando, me puso en el lugar correcto en el momento justo.

Claramente, yo no había llegado ahí para hacer amigos. Ese fue un error terrible que yo cometí pero que, en mi caso, era inevitable porque, en serio, yo allí no era compatible con nadie.

Yo seguía siendo un perro verde, pero en un planeta hostil lleno de alienígenas que, valga la pena decirlo, eran de una cultura e inteligencia mucho más avanzada que la mía, que era la de ese mediocre planetoide del que yo provenía, que se alimentaba mentalmente de Raphael y Julio Iglesias. Eso no fue de ninguna ayuda.

Si yo logré entrar en Th, fue porque, milagrosamente, 10 años antes cambié mi dieta mental por The Beatles, The Smiths y Pink Floyd. Eso me salvó la vida.

Así que aférrate a Suga y BTS, lisa. Tu familia nunca lo notará ni te lo agradecerá, pero será el secreto del futuro éxito con el que costearás la digna ancianidad de tus padres.

Porque la música expande o achica tu mente, lisa, dependiendo de cómo la alimentes.

Si la hubiera alimentado con Raphael y Julio iglesias, o del dembó actual, no hubiera pasado de empaquetar pollos en Makro, como les pasó a mis hermanos.

Pero yo fue empleado en Th, ganando en un día lo que ellos ganaban en un mes.

(Lamento no poder decir el verdadero nombre de Th. Fue precisamente ahí donde aprendí a evitar problemas que no necesito)

Que sean ellos los que saquen la cuenta. Aunque, en realidad, nunca tuvieron la gallardía de hacerlo.

Si, yo era muy diferente al resto de mi familia, sin duda. No por nada nos llevábamos tan mal. Pero en Th, descubrí que yo no era tan diferente después de todo.

Porque una cosa es ser diferente de nacimiento, y otra muy distinta es saber ser diferente por convicción. Aprender a ser diferente es haber nacido naranjo, pero evolucionar hasta hacerse manzano.

Sí. Yo nací perro verde, tímido y huidizo. Pero yo evolucioné, hasta hacerme una especie inteligente como la que encontré en ese terrible planeta hostil.

Hoy, ya ni ese ni ningún otro planeta me asusta. Estoy preparado para conquistar al mundo. Solo falta ver cuál mundo es el que mi Dios retorcido quiere que yo conquiste.

A lo mejor me hace principito de una roca enana habitada por una rosa y sus espinas. Nada más. Honestamente, me conformo con eso. Conozco a esa rosa, y confieso que me encanta.

El punto es gobernar bien, lisa.

Y el máximo reto de cualquier ser humano es; saberse gobernar sabiamente a sí mismo.

Si tú no te sabes gobernar a ti misma, lisa, ni siquiera podrás gobernar a tu teléfono celular.

A diario veo miles de ejemplos de todo lo contrario, el smartphone es quien gobierna a “su dueño”.

Por eso te digo con propiedad, lisa, que aún no sabes ser diferente, y no deseo que pases por lo mismo que yo pasé. No esperes a estrellarte contra el muro que yo me estrellé, para lograr cambios significativos en tu vida. Aprovecha las ventajas que yo no tuve, y sigue los consejos que nadie me dio. Porque la sabiduría en esa época no existía (menos en la oficina de R. Rasta, ¡por favor!), y no es que yo sea muy sabio que digamos.

Solo asumo que estás deseando lo mismo que a tu edad yo quería: ser mi propio dueño, y no un títere que zarandean al capricho de cualquiera, y menos por dinero.

Lo cual te puede pasar, lisa, si sigues siendo tan vulnerable como yo, a tu edad, lo era. Pues ninguna armazón de titanio resiste a la pobreza y el hambre, y menos si el hambre es de amor.

Pues, en presencia de la oculta trampa, hermosa como una rosa de suave olor, la portezuela de la armadura se abre, la frágil pluma sale en busca de ese tan anhelado amor, y ahí todo se acabó. La araña ha caído sobre nosotros.

Lo único que queda, es ver impasible cómo a mordiscos nos arrancan los pedazos.




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