Mientras tanto en Viena, la emperatriz de Austria, pensaba en la sucesión al trono, preocupándose, en consecuencia, del posible matrimonio de su hijo el emperador Miguel Angel, un apuesto galán, muy querido por la inmensa mayoría de sus súbditos, que le tenían en gran estima, por que a pesar de su juventud, se había revelado, como un auténtico diplomático.
Durante el invierno en el que el príncipe Miguel Angel cumplió dieciocho años, había sido declarado mayor de edad, tuvo que ocupar el trono imperial de Austria, debido a que su padre había renunciado a sus derechos.
Sin embargo, como sucede en la historia de todas las naciones, existían personas que conspiraban y trataban de imponer el terror fuese como fuese, incluso contra el mismo emperador, que tanto se preocupaba por la felicidad y el bienestar de su pueblo.
En el palacio se hacían los preparativos para que la familia imperial pudiese trasladarse a su acostumbrado lugar de veraneo, donde la emperatriz pensó en invitar a varias destacadas personalidades y muy en particular a su mejor amiga, la duquesa Sofía de Baviera.
Pero antes de hacerlo habló con su hijo, Miguel Angel, para hacerle partícipe de los pensamientos y decisiones que había adoptado con respecto a su matrimonio.
_Ante todo_ dijo la gran emperatriz Eva, _quiero que me escuches prescindiendo de todo protocolo_.
_Te escucho mamá_ contestó el emperador, sentándose sentándose en un sillón al lado de su madre.
_No puedo ocultar mis preocupaciones en cuanto a la sucesión al trono, ya cuentas con 24 años, edad suficiente para pensar en el matrimonio, y es precioso, por lo tanto, adoptar alguna resolución sobre este particular_
Miguel Angel no pudo ocultar la sorpresa que le causaban las palabras de su madre, puesto que él no había pensado en el matrimonio.
_La verdad, mamá, es que debo agradecerte, que te preocupes por el provenir de nuestro pueblo y por el mío. Pero lo cierto es_ dijo el emperador, _que no me he fijado en ninguna de las nobles damas que conocemos.
_Lo sabía, y por eso he sido yo la que, estudiando todas las posibilidades y pensando también en tu felicidad, he creído encontrar a la mujer que puede hacerte feliz en el matrimonio_.
_¿Y quién es la elegida?_ preguntó con cierto interés el emperador.
_Una que une a su belleza, un tacto y educación exquisitas. Es joven y hermosa, y no declinaria el honor con que quedaría honrada si formulásemos su petición de mano_
_¿Y no has pensado en mi corazón? _
_Hijo mío, no trato de imponerte mi voluntad. Sé que es tu corazón el que debe elegir, pero recuerda que una buena reina no debe ser elegida para ser amada por tí, si no por tu pueblo. Por otra parte, tú mismo has dicho que hasta el momento no has pensado en el amor, y por ello supongo, que si sigues mis consejos, todo saldrá bien_
Después de un largo silencio que fue roto por Miguel Angel, quien preguntó de nuevo:
_¿A quién te refieres?_
_Quiero que sepas que he estudiado las cualidades de cuantas podían merecer el honor de ser tu esposa, se trata de Violet de Baviera. _
Miguel Angel cerró los ojos unos instantes, tratando de que por su mente desfilasen todas las princesas y damitas de sangre real que conocía, con la esperanza de descubrir entre todas ellas a la chica a que podía referirse su madre. Sin embargo no lo consiguió.
_No recuerdo haberla visto, sin embargo, debo creer en tus consejos, porque sé sobradamente que sólo para mí bien tienes que obrar, y te autorizo para que hables con su familia sobre este asunto, pero con una condición: que no represente para mí un compromiso concreto. Ya te he dicho que tengo un corazón y también tiene derecho a opinar.
_Estoy segura de haber acertado_ terminó diciendo la gran emperatriz.
_Perdóname ahora, porque me espera uno de los ministros_
Miguel Angel se inclinó ante su madre, la emperatriz, que a su vez besó la frente de su hijo.
Cuando la emperatriz se encontró nuevamente a solas, se dirigió se dirigió a un elegante secreter, lo abrió, preparó un pliego que ostentaba el escudo real, y cogiendo una pluma escribió:
Querida :
En primer lugar, vería con satisfacción que os reunieseis con nosotros en la residencia de verano de mi hijo, en segundo lugar he hablado con mi hijo el emperador y ha accedido a tomar en consideración, en un principio mi consejo de que fuese tu hija, Violet la elegida de su corazón. Ya puedes suponer con que alegría te comunico esta noticia.
Saluda cordialmente a tu esposo y a todos tus hijos.
La emperatriz cerró el pliego y llamó a un criado, este se presentó al momento, el sirviente con una gran reverencia tomó el documento desapareció, cerrando la puerta tras de sí.