Cuando la duquesa Sofía de Baviera recibió el comunicado de la emperatriz, tuvo una de las mayores alegrías de su vida. Leyó y releyó varias veces el documento, hasta que, por fin, llamó a su hija Violet.
_¡Violet! ,¡ Violet!_
_¿Qué sucede mamá? Te veo excitada.
La duquesa abrazó a su hija y la besó en repetidas veces.
_Lee esto.
Violet cogió el documento que la entregaba su madre y empezó a leer, pero a los pocos momentos se sentó en un sofá sin apartar los ojos del documento. Se levantó con los ojos humedecidos en lágrimas
_¡Oh, mamá, qué dicha la mía!_
_Ten en cuenta_ exclamó la duquesa_ que sólo se trata de un proyecto de la emperatriz, sin embargo, creo que Miguel Angel te hará objeto de su amor cuando te vea_.
La duquesa creyó oportuno no revelar el próximo compromiso de su hija Violet con Miguel Angel, hasta no tener la absoluta seguridad de ello. Por eso no le comentó nada a su propio esposo.
Cuando Violet volvió a quedarse sola cogió una almohada con la que, ahogó sus gritos, ella no quería casarse con el príncipe, estaba cansada de la etiqueta de buena hija que pesaba sobre sus hombros. En el fondo siempre sintió envidia por Lilian, por la vida libre que llevaba, por el gran cariño que su padre la procesaba, su mayor sueño era escribir poesía y quedarse en una hermosa casa de campo, casarse con alguien que la quisiera, y llevar una vida placentera cómo la que disfrutaba su madre, no podía parar de llorar, por lo desgraciada que se sentía, sabía que no podía negarse, no quería ni podía fallar a su madre. Pero en el fondo sabía que casarse con ese príncipe sería una cadena de la cuál nunca podría librarse, entonces se dio cuenta, que, no todo estaba perdido, el príncipe podría enamorarse de otra juntó sus manos en su pecho y entre sollozos suplicó que él no se fijara en ella.
Al amanecer, la duquesa Sofía llamó a sus dos hijas a la biblioteca, Lilian atareada en aquellos instantes en el cuidado de unos conejos no apareció al momento, lo que ocasionó que la duquesa la llamase repetidas veces desde una ventana de la biblioteca.
_Sí, mamá. ¡Ya voy!_
Mientras tanto Violet pensativa miraba las columnas de libros que tenía, frente a ella, pensando si en verdad existía un lugar distinto donde ella pudiera ser feliz.
_Y bien, aquí me tienes_ exclamó Lilian con su incomparable sonrisa
_Miguel Angel ha tenido la gentileza de invitarnos a su residencia de verano_
El gesto alegre de Lilian se tornó sombría
_No me gusta su residencia de verano_
_¿No te gusta el lugar o la etiqueta?_ interrumpió Sofía
_No me gusta ni lo uno no lo otro_ comentó Lilian dejándose caer encima de un sofá.
La duquesa se preguntó si era necesario decir a la joven Lilian el verdadero alcance de aquel viaje, pero hizo un movimiento negativo de cabeza, al tiempo que se acercaba a Lilian.
_Vamos hija, siéntate bien y escucha_ dijo en tono afable.
_Es conveniente que nos acompañes, porque allí estarán tus preciados animales y una gran colección de pájaros de diferentes especies_.
_Qué contestas?_ preguntó la duquesa Sofía.
Lilian movió a firmante la cabeza y salió corriendo hacia sus habitaciones, donde, después de abrir un cajón, sacó un libro sobre aves que contempló, extasiada.
Hablaban de los preparativos y fijaron la partida para al cabo de pocos días.
La primavera se encontraba ya muy avanzada y el viaje se realizaría en los primeros días de aquel verano.
A Violet le pareció mucho más hermosa aquel año, la incomparable primavera, que se manifestaba en todo su esplendor en aquellos formidables paisajes de la Alta Baviera. El cielo le parecía más azul y las flores más perfumadas, no podía dejar de imaginar una vida así de pacífica, casada con algún duque, escribiendo poesía mientras sus hijos creían alegres y sin etiqueta alguna.
Violet sabía que no estaba enamorada del emperador Miguel Angel, pero el gran honor que representaria para su familia la posibilidad de convertirse en emperatriz de Austria la hacía totalmente infeliz. Su madre, la duquesa, aun sin hablar, compartía en parte el pensamiento de su hija, y deseaba con toda el alma que transcurriesen con la máxima rapidez los días que faltaban para la marcha.
Por fin llegó el día que con tanta impaciencia esperaban, particularmente la duquesa Sofía y su hija Violet. Los criados iban y venían sin cesar, trasladando los equipajes de las tres personas que tenían que partir.
En el momento de la marcha, la duquesa se dio cuenta de que Lilian había desaparecido. La jovencita esperó el último momento para despedirse de sus animalitos, recomendado a sus amiguitos que no dejaran de comer en su ausencia.
Su padre vio con agrado aquella escena y, acercándose a su hija, la dijo:
_Vamos Lilian, el coche espera, ha llegado la hora de partir. No te preocupes por tus amiguitos te prometo que cuidaré de ellos.
Minutos más tarde, el coche que llevaba a la duquesa Sofía y a sus dos hijas, Violet y Lilian, se perdía en un camino, flanquedao por una espesa y atrayente vegetación.