La familia imperial se había instalado ya en la residencia de campo, un lugar apacible y muy apropiado para el descanso.
Los alrededores eran maravillosos y todo invitaba al reposo: los umbrosos bosques, las apacibles orillas del río, las verdes alfombras vegetales que cubrían los valles y prados y, sobre todo, un incomparable cielo azul.
Todo el aparato palaciego de Viena había sido trasladada a la casa de campo, y el palacio veraniego era un hormigueo de gente de todos los estamentos sociales, puesto que, desde el primer ministro hasta el más humilde de los sirvientes, se afanaban en los trabajos peculiares de cada uno de ellos.
El coche que conducía a la duquesa Sofía y a sus dos hijas estaba apunto de rendir viaje, al alcanzar las primeras casas. El cochero paró El carruaje en una especie de plazoleta en la que había una fuente de agua, con el fin de darle a los caballos unos merecidos momentos de descanso.
Lilian sin pensarlo más se apeó.
_Por Dios, Lilian_ exclamó la duquesa _ ¿Dónde vas?_
_Quiero dar de beber a los caballos, que están muy cansados_
_Para eso están los cocheros_ intervino de nuevo la duquesa.
Pero Lilian, llevada por sus impulsos, corrió hacia la fuente y cogiendo un balde de madera que llevaba un muchacho, lo llenó de agua y lo presentó a los sedientos caballos.
En aquel momento un lujoso carruaje apareció por el lado opuesto.
Un carruaje que fue inmediatamente identificado por la madre de Lilian, que, apeandose del coche, dijo:
_Ahí está la emperatriz_
Violet dejó el carruaje colocándose al lado de su madre, Lilian permaneció en su labor de proporcionar agua a los caballos.
Cuando la emperatriz vio a su mejor amiga, mandó detener el coche.
_¡Sofía!_
_¡Eva! ¡Cuánto me alegro!
_Violet! ¡Eres mucho más bonita que la última vez que te vi!_
La emperatriz y Violet cambiaron entonces los más cariñosos saludos.
Los dos coches se pusieron en marcha, tomando ambos distintas direcciones.
La duquesa Sofía y sus dos hijas tenían ya reservadas varias habitaciones para instalarse cómodamente.
El administrador del hotel puso al servicio de las ilustres viajeras dos camareras que, desde el primer momento, se desvivieron para atender con la máxima exactitud las más insignificantes órdenes recibidas.
Lilian fue la primera que, aun sin la ayuda de nadie, colocó más o menos bien ordenadas sus cosas, sin preocuparse demasiado de si sus trajes se arrugaban o no.
Desde el amplio ventanal de su habitación, amueblada con un gusto exquisito y en la que dominaban los tonos azules, contempló la verde campiña, que se mostraba en todo su esplendor, muy especialmente al borde de un recodo del río, cerca del cual serpenteaba una bien cuidada carretera.
Lilian se orientó rápidamente, dirigió la vista a donde se encontraban las cañas de pescar y pensó que una visita al lugar que había descubierto sería sumamente atractiva.
Ante aquella visión, se fue a los aposentos de su madre, la duquesa, a la que encontró junto con su hermana Violet, la cual contemplaba una y mil veces sus vestidos, pensando con cuál de ellos causaría mejor impresión al emperador , al que vería seguramente aquella misma tarde en su residencia veraniega, donde por invitación de la gran emperatriz tenían que asistir para tomar el té.
La duquesa Sofía, conocedora de las más refinadas normas sociales y palaciegas, daba su justo consejo a la que tenía que convertirse, sin tardar, en la emperatriz de Austria, y por eso no es de extrañar la atención que prestaba a la indumentaria de su hija Violet.
_Si no te importa, mamá _ dijo Lilian _, iré a dar un paseo por los alrededores _.
_¿Pretendes salir sola? _ preguntó horrorizada, la duquesa
_Aquí nadie me conoce _ comentó Lilian.
_Precisamente por eso mismo _ aseveró su madre _ no es conveniente que te tomen por una simple campesina. No olvides que eres hija de un Duque. Cuando yo lo crea conveniente, ya saldremos a dar un paseo _.
_Pero _ terció Violet _ no será antes de mañana, por que esta tarde tenemos que visitar a la emperatriz _
_Si, Violet _explicó la duquesa _ dentro de poco nos será servido el almuerzo, y por la tarde se impone la visita a la emperatriz _
Lilian quedó pensativa y se sentó sin decir palabra en un mullido sillón, pero si madre adivinó su pensamiento
_Ya sé que no te gusta el protocolo, no te preocupes sólo iremos tu hermana y yo _
_Entonces _ Lilian levantó la cabeza con rapidez _, yo podré irme a pescar un rato _
La joven asintió con la cabeza.