Una Deuda, Una Oportunidad De Encontrar El Amor

CAPITULO 29

Las fiestas del pueblo duraron todo el fin de semana, por tal motivo, la casona pasó prácticamente vacía. Adela recibió un mensaje de sus dos compañeros de administración: “ no le abras la puerta a nadie a menos que escuches nuestra voz.” 

Recibía los alimentos en la puerta de parte del ama de llaves, suministro de agua y hasta un libro que le envió Mario para que no se aburriera: Cien años de soledad.

Calmar sus pensamientos no era sencillo, no le daba ni para abrir el libro. La falta de información respecto de su situación eran grandes generadores de hipótesis, ideas, locuras. En la tarde del primer día inició la lectura: “Muchos años después frente al pelotón de fusilamiento el coronel Aureliano Buendía …” 1* LLegó a Macondo, conoció los temores Úrsula respecto de su amor insestuoso y las colas de puerco, las locuras de José Arcadio Buendía, medio genio medio fanático; se confundió con el ir y venir de la historia y la repetición permanente de nombres. Lo dejó hasta cuando José Arcadio hijo se marcha con la joven del circo en busca de su propia aventura de vida.

“Mi propia aventura de vida, sin derechos, con oportunidades a medias, con y sin familia. Con y sin amor. Ojalá pudiera huir de todo con la capa de un circo a manera de camuflaje.”

Arrojó el libro en la cama y se tiró a dormir, tratar de recuperar algo de fuerzas después del trasnocho. 

Misma rutina el siguiente día, hasta que a eso de las cuatro de la tarde cuando escuchó pasos acercarse a la puerta, el anhelo de ver al capataz casi le incita a cometer una imprudencia, se detuvo cuando vió que no tocaban sino que intentaron abrir el cerrojo en repetidas ocasiones. Cayó tratando de hacer parecer que la habitación estaba vacía. Se armó con su revolver y se colocó detrás de la puerta en atenta espera.

La voz de Germinia llegó fuerte.

- ¿Qué intentas hacer María?

- Nada, precisamente te estaba buscando.

- Mentirosa. Deja a la señorita en paz. En esa casa nadie hurga.

- Aún te continúas creyendo la dueña y señora!

- No me creo nada, soy una más del trío de administradores que Julian posee en la actualidad y cuido de sus intereses.

- Y de los tuyos- subió la voz- sigue creyendo que algún día te va  a prestar atención vieja insípida.- Adela sonrió, la prepotencia de la mujer no la dejaba ver lo evidente.

- Eso no es asunto tuyo, asesina, se que tu lo hiciste, olvídate de dejarte el camino libre, si creíste que con la muerte de Aleida te lo ganarías te equivocas. No me largo, no me retiro, mi presencia siempre le va a recordar la suya. Aléjate de aquí, o te denuncio por invasión a propiedad ajena.

- ¡Soy socia!.

- ¡Pero no invitada!

Al escuchar pasos alejarse, Adela se asomó con cuidado.

- ¿Podemos hablar?

- Aún no señorita, mañana Julian se reunirá con los tres, está tomando decisiones. 

- No quiero hablar de eso, sino de ustedes, ¿que me ocultas?

- En otra ocasión le aclararé las dudas. Hasta mañana.

Pasaron las tan anheladas fiestas patronales del pueblo, generalmente las festividades terminaban en día Lunes, sin embargo, para los tres mandos fuertes de Los Laureles la cita con el dueño era lo más importante.

Sentados los tres frente al escritorio de Julián se asemejaban a un grupo de estudiantes traviesos a punto de recibir su castigo. 

- ¿Me explicas lo sucedido Mina?- Los capataces se miraron atónitos, Mina, una diminutivo de cariño salió de la boca de Julian Santoya dirigido a su ama de llaves.

- Adela fue atando cabos de conversaciones sueltas, tocó explicarle lo sucedido con Aleida; de alguna forma creímos que tenía derecho ya que la forzaste a esta farsa de matrimonio. Además, cuenta con nuestra versión de los hechos referente a la autora del asesinado de mi hermana. Le advertimos que no dejara saber de tu farsa para evitar celos de tu querida María- el tono era irónico, el aludido iba a intervenir pero ella lo detuvo- no me interrumpas. La idea era inicialmente que Adela subiera antes de su llegada, pero los socios estaban admirados con ella, por primera vez ven una mujer en el cargo de capataz de una hacienda en esta zona. Mario y yo no nos dimos cuenta del tiempo y cuando vimos que la mujerzuela esa llegó nos fue difícil esconder a tu esposa, ya que estaba precisamente supervisando una ronda de los guardias por un para de borrachos (esa situación era completamente cierta). Fue entonces cuando se presentó la oportunidad de desviar la atención de tu queridisima socia hacia una confusión simulada con tu capataz. Pero la señorita aquí presente- Adela tenía los nervios de punta, tantas verdades y mentiras en una sola narración con una coherencia tan lineal eran producto de una mente calculadora, esto la alarmó, ¿hasta donde podía llegar la amante?¿era de fiar?- Hizo algo que no me esperaba, al verte con ella fue a provocarla muy a pesar de todas las advertencias que recibió,

Adela quedó atónita, sabía de qué manera proceder. Si miraba a su tormento de ojos azules temía delatarse, si miraba a Germinia no recibiría respuestas. Estaba completamente aturdida.

- O sea querida, que no lo puedes controlar todo, ni a esta chiquilla- sonrió satisfecho- Pero no te creo del todo. ¿Qué ganaba simulando interés por el capataz aquí presente?¿ Me vas a decir que él no se ha enfrentado dos veces a otros por defenderla? ¿ Explícame eso?




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