Una Deuda, Una Oportunidad De Encontrar El Amor

CAPITULO 34

Nadie reconocía a la jovencita de pantalones cortos, camiseta, tenis y cabello negro estacionada desde hacía aproximadamente una hora en la banqueta de la parada de autobuses intermunicipales. Llegó caminando desde la vía que llevaba a dos o tres fincas. Ahora se encontraba de pié sin perder su lugar en el asiento. Bien podría estar marchandose, sin embargo, nadie la había visto llegar antes y no llevaba una maleta, bolso o morral, solo esperaba.

Era un viernes cualquiera, cerca de las cinco de la tarde. Dos autobuses arribaron previamente desde el sur del departamento y faltaba por llegar el que venía de la capital. Finalmente, cuando llegó cerca de las cinco y treinta, la muchacha se inclinaba para observar entre las personas que descendían con algo de tristeza en la mirada. Mas no se movió. 

De repente su sonrisa se ensanchó cuando al final bajaba un muchacho, todos lo conocían, Mario, el capataz de don Julian. Este a su vez también sonrió y bajó casi que corriendo donde ella se encontraba y de un solo abrazo la levantó del suelo. Las personas alrededor miraban la escena con gran extrañeza, pues a ese hombre nadie le había conocido ninguna mujer que se le hubiese podido acercar con tanta confianza, pues se rumoraba que lo más probable era que dejó su gran amor en la ciudad antes de venir a trabajar con el terrateniente más poderoso de toda la zona, en el mismo lugar donde había crecido. Todas hipótesis sin ninguna confirmación. Más de una admiradora quedó atónita, molesta, decepcionada, desilusionada, frustrada al contemplar la imagen del abrazo del enorme oso sobre la pequeña liebre.

Ver a Adela en la parada fue el regalo más maravilloso que pudo haber tenido después de casi una semana por fuera sin poder verla. No le importó quien observaba o criticaba, la chica de sus sueños estaba allí llenándolo todo, absorbiéndole por completo con su sola presencia. 

- ¡Bájame que me estás maltratando el brazo!- en un tono serio.

- Si vienes a recibirme, no trates de impedir mi alegría- Le dijo mientras la depositaba en el suelo- pero me disculpo no me acordaba de tu herida, a ver cómo sigue- le tomó el brazo y le revisó.

- Ya está bien- ella lo jalonó

- Entonces no te quejes- ambos se miraron en silencio, él llevó sus manos a los bolsillos, ella se las agarraba al frente- Gracia por venir.

- Gracias por alegrarte tanto- bajó la mirada y cuando volvió a verle su expresión tímida ya no estaba- llevo más de una hora acá, Germinia me sacó las cuentas y nada que llegabas, hasta dejé encargado a Anselmo para llegar a tiempo, ya que no sabía cuánto me iba a demorar caminando, para que te demoraras tanto; fijate que todo el mundo me mira como bicho raro y no me gusta que me estén reparando. Ahhhhh y tienes que aclararme que es lo que es con esa enfermera coqueta que te cuidaba, esa bendita oración en tu carta no me dejó dormir, caramba yo sin dormir casi en toda la semana y vienes tú provocándome con esas cosas, si me ibas a escribir para hacerme coger rabia no te hubieses tomado la molestia… - Las palabras de Adela eran un torrente descontrolado que fluía sin posibilidad de detenerse- ¡Y tienes el descaro de estarte riendo!...

- Muñeca- la detuvo bajando la vista hasta el nivel de la de ella- te ves de los más hermosa cuando te pones así de encabritada como caballo salvaje.

- Definitivamente, ahora me compara con un animal, ya te estás volviendo experto en insultoshalagos- cruzó los brazos sobre el pecho.

- ¡Nuevo término!- levantó los brazos al aire feliz por completo- ya deja de ponerte en esas, vamos y me haces pregunta por pregunta, reproche por reproche, todo lo que quieras pero no nos quedemos aquí parados- tomó el morral- ¿ de acuerdo?

- Bueno- sonrió resignada.

Caminaron por diferentes calles mientras dialogaban y reían, entre otros gestos como recepción de mohines y pucheros de parte de ella. La gente los miraba y la reparaban: los hombres aprobaban la belleza de la chica, las mujeres desdeñaban su estatura o falta de arreglo. 

- ¿Por qué te viniste a pie?

- No quería cabalgar hasta acá. Es la primera vez que salgo de Los Laureles, caminar permite conocer, memorizar la experiencia.

- Entonces no vas a preguntar nada!

- Ya dije todo y se que me vas a hacer quedar cual chiquilla tonta. se metió el cabello detrás de las orejas.

- Esta bien, no me importa que te escudes en los reclamos para no aceptar que estabas emocionada de verme- antes de que le interpelara le levantó la barbilla y la detuvo- déjame continuar- ella asintió y retiró su cara de la mano de él por miedo a la gente que los observaba.- Me demoré un poco porque llegué a comprar un teléfono antes de venirme, no te llamé porque deseaba darte una sorpresa. Estoy feliz por ser el sorprendido, verte al bajarme del bus fue lo mas bello que he podido experimentar después de haberte  besado.-sonrió- aunque ya no me dejes hacerlo. Y por lo de la enfermera no te molestes tanto, yo solo tengo ojos para tí, lo anoté porque sabía que te pondrías como un tití.

- Voy a seguir molesta por lo de la enfermera y cada vez que pueda te lo voy a reprochar.

- De eso no me cabe la menor duda. Cambiando de tema, más tarde puedes continuar, mira allí estoy viviendo ahora.- señaló.

- ¿Con quién?- preguntó intrigada

- Es doña Tere, alquila habitaciones, la casa es grande, la mía es la única que tiene ingreso sin tener que pasar por la sala de la casa. Esa.- señaló la puerta marrón.

- ¿Me llevas al lugar donde vives como soltero?- Se detuvo en seco

- Tu fuiste a mi cabaña en Los Laureles- dijo él sin comprender.

- Pero nadie se dió cuenta que entré, además no pasó nada. Acá no, yo no conozco a nadie en este pueblo.

- Yo te saco una silla y me esperas mientras me baño, fueron muchas horas de viaje. Entiéndeme. 




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