Una Deuda, Una Oportunidad De Encontrar El Amor

CAPITULO 37

La semana de trabajo fue complicada. Solo quedaban unos días para la exposición y Mario estaba agotado con los preparativos, los corrales se estaban adecuando con las graderías mientras él entrenaba a los corceles y a los jinetes. Germinia le informaba de los avances respecto a la recepción, presentación, invitados, cuentas. Se la pasaban los tres en la oficina entrada la noche ajustando los presupuestos en pro de minimizar gastos para optimizar ganancias. Al terminar, él acompañaba  a Adel hasta la cabaña donde dejaba la motocicleta estacionada en las mañanas para recogerla en la noche. 

Luego del domingo las noches eran eternas para ambos. En las mañanas ella lo esperaba sentada en el porche de la cabaña con una taza de café que tomaban juntos, con el brazo de él siempre alrededor de ella, mientras planificaban el día. Almorzaban con Germinia en la casona ya que la notaban algo apagada, de esta manera le hacían compañía; no le informaron del nuevo estado de su relación, sin embargo, al conocerla tan bién dieron por sentado que ella o se había enterado o lo había notado por su propia cuenta.

Los obreros los observaban curiosos ya que siempre que llegaba por los cultivos,sin vergüenza alguna, saludaba a la chica capataz con un beso en plena boca, tomándole la mano delante de todos al recorrer el terreno o dialogar con ella. 

- Gracias al cielo mañana es sábado, estoy que no puedo con mi cuerpo- dijo mientras se tiraba en la cama.

- Igual es día de trabajo- sonrió mientras sacaba del pequeño refrigerador una naranja- son casi las 10 de la noche, duerme que mañana hay que madrugar nuevamente.

- Eso de dormir menos de 6 horas diarias no va conmigo, me encanta acostarme temprano como las gallinas. 

- Yo estoy durmiendo menos y no me quejo.-le pasó la mitad de la fruta después de haberla pelado.

- Está muy ácida- dijo la muchacha al probarla- cómela tú. Me siento mal porque estas durmiendo menos que todos. El peso de la responsabilidad te lo has tomado solo para tí.- le indicó un lugar a su lado en la cama para que se sentara.

- Muñeca es mi responsabilidad, por eso solo me dedico a los caballos- se acercó dándole un beso en la punta de la naríz- te imaginas ¿como estaría si no estuvieras a mi lado como la capataz mas mandona y hermosa que existe?

- Estarías acabado- le dio un beso en la mejilla- sin posibilidades- le besó la otra mientras él cerraba los ojos- hundido en el lodo sin saber que hacer- le rozó los labios con los suyos mientras ambos suspiraban.

- Si continúas haciendo esas cosas me terminaré yendo más tarde de la cuenta- abrió los ojos para mirarla de frente tomando su cara entre sus manos y besándola suavemente en los labios- me vas a volver loco.

Continuó besándola, mientras le soltaba la trenza con una mano y le sujetaba de la cintura con la otra. Ella le abrazaba deleitándose en sentirlo cerca.

- Me voy- dijo él con voz ronca tomando entre sus dedos el cabello suelto.

- Que costumbre bendita estas cogiendo en despeinarme y dejarme como loca para irte en paz- sonrió

- Ese aire salvaje que te da el cabello suelto es enardecedor- le besó la frente parándose de la cama- me voy o no dormiré.

En la mañana, con la taza de café en mano Adela se encontraba a la espera de su chico cuando vio llegar el carro. “Julián regresó” Era momento de afrontar las cosas directamente con él. Seguramente se reuniría con Germinia para analizar las novedades, lo relacionado con la muestra equina y por supuesto cualquier cosa extra que estuviera ocurriendo, y eso los incluía a ellos.

Minutos después llegó Mario, parqueando la moto saltó a abrazarla suspendiéndola en el aire.

- Te amo.

- Amor, llegó tu amigo. Vi pasar  el carro.- dijo preocupada.

- Sin afanes, deja que llame a reunión de administradores y veremos en qué actitud se pone. -Le tomó la barbilla para que lo mirara a los ojos- ya esto no es un secreto.

- Me imagino.

- Hablando de habladurías- tomó del mismo vaso de café de ella- La  seño Tere que hoy mismo te lleve a presentarte oficialmente, ya que ella es la que me está cuidando… supuestamente- sonrió despreocupado- ahh, y mañana salimos temprano, a eso de las cuatro de la mañana te paso a recoger, Germinia me prestó uno de los Jeep, lleva ropa para cambiarte que regresamos en la noche.

- Elige una de las dos cosas- igual de despreocupada y tranquila.

- Imposible, si no te llevo hoy, mañana encuentro mi ropa en la calle, y lo de mañana es inaplazable. - Sin más se fue derecho trotando a las caballerizas encasquetándose el sombrero.

- Mira Mario Gómez, no te escapes.

Dejó la taza en el suelo, cerró la puerta y corrió tras él que ya estaba montándose Zeus. Ella hizo lo mismo con La Pintada y salió disparada tras él por los campos, era una hermosa sensación de alegría y libertad; cabalgaron juntos por los campos de cultivo la mayor parte de la mañana; luego ella lo acompañó a los entrenamientos de los jinetes después del mediodía, cuando almorzaron con los obreros de la zona agrícola. Analizaba atenta tomando nota mental de las posturas, el trote del caballo, las órdenes, entre otras cosas; y él la estudiaba bellamente concentrada, dándole importancia a todo cuanto él hacía. Esa mujer los hacía sentir valiosos, pero la joya realmente era ella.

Julian no convocó, según se enteraron antes de salir para el pueblo, desde que llegó se acostó a dormir y no salió de sus habitaciones. Lo que resultó gratificante, ya que las confrontaciones entre ellos se postergaron.

Cuando les vieron llegar al pueblo en la moto, más de uno se hizo señas. Adela llevaba la ropa de trabajo al igual que su novio, porque tenía toda la intención de regresar temprano de cumplir el compromiso impuesto por la casera de él. Al bajar del vehículo él la tomó de la mano orgulloso cual edecán con una reina en pasarela. Ella se envalentonó y levantó el rostro para que todas las que la desdeñaban se quedaran quietas. 




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