Una familia sorpresa

Capítulo 3

Adriana
No me fui, se suponía que debía dejar a la niña en casa de su tutor y dejarlo todo; sin embargo, no estaba segura desde un principio de que no sería capaz de hacerlo, por eso pedí mis tres meses de vacaciones retrasadas antes de venir aquí.

¿Había sido una buena idea?

No, estaba segura de eso, pero no podía dejar a aquella niña en cualquier lugar con un completo extraño. No cuando yo misma viví por dos semanas con un completo extraño que intentó… intentó las cosas más bajas.

Alejé esos pensamientos y dejé caer una vez más en el sofá, pasé una mano por mi falda, sintiéndome extrañamente ansiosa por ver cómo sería vivir con un hombre como Anthony o con una pequeña niña hasta que esta tuviera la estabilidad que ella jamás tuvo.

—¿Piensas quedarte sentada ahí toda la vida? —el hombre en cuestión apareció desde la derecha—. Si vino para eso, puede irse.

Lo miré durante un segundo, luego tomé tontamente la carpeta cerrada frente a mí y sonreí con una falsa calma.

—Estoy trabajando —respondí—. Hago una… supervisión inicial del domicilio.

Él alzó una ceja.

—¿Sentada en el sofá? —negó, sentándose a mi lado—. Sabes que la niñita sigue sentada en las escaleras del porche, no quise pedirle que entrara.

—Primero, superviso desde donde sea que quiera y, segundo, déjala, le va a tomar un tiempo adaptarse, cuando esté lista entrará.

—Bueno, entonces quizás debas supervisar mi habitación.

—¿Cómo? —sentí mi cara arder ante aquellas palabras.

—Quiero decir… quizás quieras ver si la cama está bien para que duermas.

—¡No voy a dormir con usted! ¿Qué clase de propuesta es esa, señor?

El hombre frente a mí sonrió con malicia, se inclinó sobre el sofá y ni siquiera me miró mientras hablaba.

—Creo que se confunde, señorita. No tengo más camas en este lugar, mañana podría conseguir una, pero hoy —sus ojos se clavaron en mí— tú y la niña dormirán ahí, yo en el sofá, ¿comprende?

Abrí y cerré mi boca, avergonzada. Claro que era esa la única razón por la que un tipo como este me haría ese tipo de propuestas, soy todo lo que los de su clase no buscan. Me puse en pie con nervios y asentí.

—Sí, sí, vayamos a ver la habitación, quizás… sea lo mejor.

—Segunda puerta a la derecha —dijo señalando al pasillo a la izquierda—. Yo me quedo aquí vigilando que esa niña no se vaya del porche.

Pude decirle que no hacía falta, que ella prefería que él la acompañara a la habitación, pero aquello solo la avergonzaría más, así que caminé lejos de él. No tardé mucho en encontrarme frente a la puerta de la habitación que se suponía era de aquel hombre, dudé, pero entré, prefiriendo estar ahí que en el pasillo donde él me viera.

—Oh, wao…

Susurré al entrar en aquel lugar, era amplio, una habitación perfectamente decorada con una ventana que llegaba desde el techo hasta el suelo y dejaba ver hacia un increíble valle salteado de árboles y pasto de color verde.

Había pensado que vería ropa sucia tirada o una cama desarreglada, pero en realidad estaba frente a una habitación agradablemente decorada, que olía de alguna forma atrayente.

Mis ojos se movieron a la cama, una cama en la que sin duda se podrían hacer muchas cosas, cosas insanas que ella no tenía por qué estarse imaginando.

—La cama es cómoda —dijo una voz tras de mí y salté del susto—, sé que no va a querer salir de ella una vez se suba.

¡Aquellas palabras habían sido dichas para molestarme!

¡No había duda de eso!




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