Una familia sorpresa

Capítulo 6

Anthony
Miré a Ethan beber su cerveza con una ceja enarcada y cara de quien no creía ni una palabra de lo que acabo de decir, no lo culpaba, pero tampoco entendía su expresión.

—¿Me estás diciendo que tienes una hija? —bufó—. ¿Cómo? —bebió de su cerveza—. ¿Cuándo? ¿Y con quién, Ethan?

Podía contarle una historia, decirle cualquier cosa, pero estaba intentando ser sincero aquí, así que simplemente dije la verdad.

—Fue hace años, estaba terminando los asuntos de nuestros padres y… ella trabajaba con el abogado que me ayudó, fue… —negué—, fue algo real, al menos hasta que decidió que era mejor vivir sola que con alguien que aparecía temporalmente.

—¿Y no sabías que tenías una hija?

—No, al parecer prefirió ocultarlo hasta que no tuvo otra opción —bebí mi propia cerveza—, al parecer murió hace unas semanas en un accidente y trajeron a la niña conmigo, así que ahora tengo… una hija y una… invitada no deseada.

—¿Invitada? —mi hermano sonrió—. ¿Decidiste contratar a alguien para cuidar de esa niña?

—No, ya traía una niñera —dije—, una trabajadora social que realmente me odia, me mira como si… fuera un libertino.

—Eres un libertino —concretó Ethan—, pero a todo esto, ¿para qué querías verme? ¿Por qué no me invitaste a casa? Hubiese llevado a Emma y…

—No sé qué hacer, Ethan —fui sincero—, las llevé a la casa que construyeron nuestros padres, está durmiendo en la única cama que había en ese lugar, pero…

—¡Estás viviendo ahí! —mi hermano se puso en pie incrédulo—. ¡Tú estás viviendo a diez minutos de mi casa y me haces venir aquí! —negó—. ¿Por qué, Anthony?

—Tenía que buscar algunas cosas en la ciudad, terminar de sacar las cosas de mi departamento y quería que me dijeras cómo ser un padre.

—No puedo darte un tutorial, hermano —afirmó Ethan—, pero voy a ir a verte con mi familia para conocer a mi sobrina y a tu… invitada. ¿Por qué no me hablas de ella un poco?

—No hay nada que decir —declaré bebiendo mi cerveza—, ahora, vámonos, si no vas a ayudarme no perdamos más tiempo aquí.

—Anthony, no es que no quiera ayudarte, cada niño es diferente, tienes que encontrar tu forma de conectar con tu nueva hija, además, si tienes a una trabajadora social contigo, podría salir mal.

La pregunta se quedó en mi mente un buen rato, luego admití que quizás tenía razón, pasé una mano por mi rostro mientras mi hermano pagaba y me seguía fuera del bar del pueblo. Miré la tarde que empezaba a caer sobre nosotros mientras mi hermano sacaba algunas bolsas de su auto.

—Quiero cenar filetes, patatas rústicas y quizás un buen vino de esos que escondes para Isa —sonrió—, iremos a las diez, le diré a Emma que lleve algunos juguetes para… ¿cómo se llama mi sobrina?

—Beth… Elizabeth —dije casi al instante y mi hermano sonrió.

—Me gusta ese nombre, vete a casa, hombre, trata de pasar más tiempo conociendo a tu hija, quizás eso responda a todas tus preguntas, ¿sí?

Sabía que tenía razón, pero no era capaz de hacerlo, porque volver a casa significaba también estar con esa mujer, que me miraba como si realmente no valiera nada. Quería demostrarle que estaba equivocada, pero al parecer mi hermano no estaba dispuesto a ayudar.

Subí al auto antes de respirar con calma, recordándome que podía con esa mujer, como cualquier otra. Prendí el auto y conduje rumbo a casa, el camino me pareció demasiado corto, así que cuando detuve el auto no quería bajar de él.

La puerta de la casa se abrió justo cinco minutos después, mis ojos se movieron por las largas piernas descalzas de mi nueva inquilina. Llevaba un short holgado color crema junto a una camiseta con dibujo de alguna campaña en favor de los niños.

—¿No piensa bajar?

Bajé mis ojos a sus pies, las uñas de color naranja me hicieron reír y salí del auto dispuesto a decirle un par de cosas, pero ella prácticamente corrió hasta mí, su rostro se plasmó en mi campo de visión al cien por ciento para luego alejarse con enfado.

—Bebió y estaba conduciendo —maldije para mis adentros—. ¡No lo puedo creer!

—Fue una cerveza, con mi hermano a diez minutos de aquí, no es para tanto.

—¡Eso dicen todos antes de morir en un accidente! —me tomó del brazo—. No vuelva a beber, no pienso dejar a Elizabeth con un irresponsable.

La tomé de la cintura, enfadado, tomé su rostro con mi otra mano para obligarla a mirarme directamente a los ojos.

—No soy un irresponsable, usted me desespera y no pienso en cosas coherentes —bajé mi vista hasta el cuello de su pullover antes de mirarla de nuevo a la cara—. Ahora que se puso cómoda, deje de gritarme y ayúdeme, mi hermano viene a comer con nosotros.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.