Adriana
La puerta sonó justo diez minutos después de que Anthony desapareciera y ni siquiera había logrado que mi corazón comenzara a latir con normalidad. Había visto cómo me había mirado aquel hombre y quizás, puede que habría dejado que hiciera cualquier cosa que se le antojase si me lo hubiese propuesto.
¡Aquello se me estaba saliendo de control!
O mejor dicho, aquel hombre me estaba sacando de mis casillas. Caminé hasta la puerta negando mis pensamientos y abrí la puerta de la casa para quedarme congelada ante el hombre de pie ahí.
—¿Es usted la trabajadora social? —aquel hombre se acercó y besó mi mejilla con tranquilidad—. Soy Ethan, el he… hermano de Anthony.
—¡Papi! —miré hacia esa voz infantil detrás del hombre y mis ojos se encontraron con una niña—. ¿Dónde está mi prima secreta? Dice Isa que le ayude a bajar las cosas del auto.
El hombre en la puerta me miró, luego se encogió de hombros y se dio media vuelta. La niña en el porche entró en casa y me tomó de la mano en forma de saludo.
—Hola, soy Emma, quiero ver a mi prima.
No supe qué decir y la niña no esperó respuesta, simplemente caminó dentro de la casa. Una vez más me quedé boquiabierta en medio del salón y solo me moví cuando vi regresar al hombre guapo junto a una mujer que llevaba un bonito vestido premamá. De repente me sentí demasiado fuera de lugar. Aquella sin duda era una familia y eran la familia de Beth, no la mía.
—Usted debe ser la asistente social que trajo a la hija de Anthony —la mujer tomó mi mano con una sonrisa—. Soy Isabella y… lamento mucho que estés viviendo con Anthony, pero es buena gente.
—Oh, bueno, yo…
No sabía qué decir ante aquellas palabras, la mujer hizo un gesto despectivo mientras su marido pasaba también a mi lado para entrar en casa y ella me tomó de la mano con una pequeña sonrisa.
—Realmente quiero que me cuentes cómo llegó Anthony a tener una hija, pero me alegro de que esto haya sucedido, ese hombre… no sabe cómo dejar de estar solo o entablar una relación emocional duradera.
—Oh, bueno, en realidad yo… solo estoy buscando el interés de la niña, no tengo… no tengo mucho que opinar en esto.
—¿Cómo no vas a tener? —dijo ella llevándome consigo—, si estás aquí haciendo este lindo gesto por esa niña que ni siquiera es de tu familia, eres alguien importante.
—Gracias —dije feliz de escuchar esas palabras gratificantes—. ¿Quiere entrar? Anthony estaba tomando una ducha, así que no debe tardar.
—Oh, bueno, entonces podemos conocernos un poco más, soy Isabella, su cuñada.
—Un gusto, Isabella —dije nerviosa—. Soy Adriana.
—Isa, puedes decirme Isa.
Declaró la mujer y la acompañé a sentarse junto a su esposo en el sofá. El hombre, que había abierto una cerveza, me sonrió, haciéndome sentir realmente incómoda ante el silencio que nos abarcó.
—Y bueno, trabajadora social, cuéntenos cómo llegó aquí, a nuestra familia.
—Ethan, se llama Adriana y no seas tan directo.
—Oh, no hay problema —intervine con prisas—, en realidad soy trabajadora social, así que… puede decirme así.
—Bien, cuéntenos sobre la niña.
—No sé si pueda brindar información sobre Elizabeth, los expedientes y casos son…
—Es mi sobrina, puede decirme lo que quiera —declaró aquel hombre—, además ya mi hija debe estar sentada con esa niña en algún lugar de esta casa, así que no veo por qué debería callarse la información.
—¡Ethan, no le hables así a mi invitada! —la voz que vino desde mi espalda me hizo respirar mucho más calmada—, podría darnos un reporte negativo.
Pude notar la molestia en ese comentario, pero no dije nada, lo observé sentarse justo a mi lado ante aquella pareja feliz y Ethan miró a su hermano antes de mirarme a mí.
—Sabes que eres el tipo de mi hermano, ¿verdad? —mi boca se abrió ante aquellas palabras—, pero él no es de los que se casa y usted parece serlo, así que no le recomiendo dejarse engatusar.
—¡Ethan! —la mujer a su lado lo golpeó—. Discúlpalo, Adriana, tiende a ser un poco… brusco con sus palabras.
—No piensa —dijo el hombre a mi lado—. No le tomes en cuenta a mi hermano, es un idiota.
—No tanto como tú. Quiero conocer a mi sobrina, ¿dónde está?
—Estaba con Emma, en la habitación, parecían… ocupadas —declaró Anthony—. Tu hija estaba diciéndole algo de ir juntas al colegio —suspiró—. Oh, y gracias por inundar mi habitación con muñecas, hermano.
Sonreí ante aquellas palabras y admití para mis adentros que aquella familia era un poco rara, pero sin lugar a dudas había amor aquí. Podía sentirlo, mi pecho se encogió un poco ante la idea de que después de estos meses volvería a mi fría vida y, si no descubren este pequeño engaño, probablemente volvería a ver niños ir de un lado a otro sin hacer nada más que acompañarlos.
¿Cuánto tiempo pensaba vivir así?
Me cuestioné. Había aplazado mi propia vida durante años, me era imposible conseguir un hombre realmente válido para tener un hijo y quizás debía pensar en tener uno por mí misma porque los años seguían pasando, me hacía mayor y estar viviendo con un hombre que sin lugar a dudas cumple todas mis expectativas, al menos físicamente, solo estaba haciéndome sentir más desesperada.
—Traeré algo de picar —dije poniéndome en pie de prisa—, así Anthony puede contarles sobre… Beth.
No les di tiempo a negarse u opinar, salí corriendo de aquel salón, sintiéndome demasiado sofocada por mis propios pensamientos y deseos.
#385 en Novela romántica
#156 en Novela contemporánea
amor odio humor, vaqueros caballos romancedevaqueros, hijo inesperado
Editado: 05.05.2026