Una familia sorpresa

capítulo 10

Anthony

A pesar de realmente estar disfrutando de la compañía de mi hermano y mi cuñada, no podía dejar de mirar la expresión de la mujer sentada justo a mi izquierda en el borde de la mesa. Parecía demasiado incómoda, había comido en silencio como si realmente no quisiera estar aquí e intenté descifrar el porqué.

Sin dudas Adriana debía supervisar esta visita, una mujer embarazada bebiendo un poco de vino, mi hermano huraño como él solo atacándonos con sus palabras y mi sobrina haciendo a Elizabeth comer directamente de su plato como una mamá pequeña eran sin duda algo para apuntar.

Sin embargo, ella estaba ahí, con su vista clavada en el plato mientras picoteaba sin realmente tomar nada del plato con su tenedor. Un golpe en la mesa desde la parte frontal me hizo alejar la vista de ella.

—Toni, voy a traerte un par de cosas mañana para la niña —mis ojos se movieron a Isabella—. Las cosas en el restaurante están bien así que no me necesitan —suspiró— y como tu hermano no me deja trabajar… creo que podría venir a pasar un rato con mi nueva sobrina.

—Oh, bueno, yo… yo no tengo problemas, tengo asuntos pendientes en la ciudad y la granja, no creo que esté aquí mañana, pero…

—Oh, mucho mejor, tiempo de chicas —Adriana alzó la vista ante ese comentario y sonrió incómoda.

—¿No quieres que mi mujer venga, asistente social? —dijo mi hermano mirándola—. ¿Qué le sucede?

—Lo siento, pero creo que me voy a retirar —dijo Adriana en respuesta—, tienen postre en la heladera, tengan buena noche.

Ella se alejó, dio un beso a Beth en la frente y se despidió de Emma antes de salir del comedor. Mi cuñada y mi hermano me miraron con demasiadas preguntas para las que yo no tenía respuesta.

—Creo que fuiste grosero, querido —musitó Isabella cruzándose de brazos—, te he dicho un millón de veces que no seas tan brusco.

—Te estaba mirando con enfado, ni siquiera creo que quisiera hablarnos, ha pasado la cena en silencio.

—Quizás porque tú no has dejado de apuñalarla con preguntas y suposiciones, Ethan.

Miré a mi hermano discutir con su mujer mientras carraspeaba para llamar su atención, dejé mi tenedor en el plato antes de beber un sorbo de agua.

—Creo que iré a ver qué le pasa, por lo general… suele criticarlo todo, todo el tiempo.

—Sí, Toni, ve, ella parecía realmente… incómoda.

Asentí, salí del comedor justo como había hecho Adriana y ni siquiera tuve que llegar a la habitación. Ella estaba sentada en el porche, sus manos descansaban sobre su regazo mientras miraba directamente hacia la oscuridad más allá de las luces del jardín.

—¿Sucede algo? —la mujer sentada a mi derecha se sobresaltó—, perdón, no quería asustarte.

—No, no… yo… lamento haber sido tan grosera y salir así de la cena… pero… es que no debería estar ahí.

—¿Por qué no? —dije sentándome a su lado—, está viviendo aquí e incluso anda descalza por mi casa, ¿qué más da venir a la cena donde ha sido invitada?

—Es más complicado que eso —dijo ella negando con su cabeza—, yo soy solo… solo la trabajadora social a cargo de Beth, esa es tu familia, así que debí haberme retirado desde un principio.

—Mi hermano es un poco idiota —dije con cansancio—, pero es buena persona, es solo que… le cuesta ser cariñoso —sonreí—, es como un chihuahua, pero realmente no hace daño.

Adriana sonrió ante esas palabras y algo dentro de mí se estremeció. La mujer sentada a mi lado se cruzó de brazos, abrazándose a sí misma antes de hablar con algo parecido a la tristeza.

—No me fui por lo que dijo su hermano, en realidad —ella sonrió distraídamente—, no sé cómo actuar en situaciones familiares —me miró—, nunca tuve una familia real o una cena familiar, creo que me abrumó y me dio algo de envidia —se puso en pie negando con su cabeza—, pero me alegro de ver que Elizabeth sí va a tener una buena familia —suspiró—, bueno, me iré a su… habitación a terminar mi informe, tenga una bonita noche.

Ella intentó alejarse, pero la tomé del brazo, tiré suavemente de este, haciéndola caer justo sobre mis piernas y la miré directamente a los ojos mientras mi mano se movía por sí sola para acariciar sus mejillas.

—Me debe una copa de vino —dije—, su informe puede esperar, venga adentro, usted es parte de esta familia —fui sincero—, al menos hasta que decida irse.




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