Una familia sorpresa

Capítulo 14

Anthony

—Beth, creo que tu deseo se hizo realidad —parpadeé ligeramente ante esas voces demasiado cerca de mi oído—, la señorita Adriana podría ser tu nueva mamá.

¿Mamá?

Abrí mis ojos como platos justo antes de ponerme en pie de un salto. La mujer dormida a mi lado en el sofá dio un ligero gruñido a modo de protesta, pero la ignoré.

Mis ojos se movieron entonces hasta las dos niñas, perfectamente despiertas, de pie justo frente al sofá, mirándonos con una sonrisa.

—Buenos días, tío —Emma me sonrió—, se van a casar la señorita Adriana y tú…

Abrí y cerré mi boca, miré a las niñas y simplemente admití que no estaba preparado para esta conversación, así que zarandeé ligeramente el hombro de la mujer dormida a mi lado.

—Mmm, ¿qué es lo que suced…?

La mujer dejó de hablar apenas me miró, luego maldijo poniéndose en pie de un salto y su trasero golpeó el suelo justo cuando su mirada cayó en las dos niñas frente a ambos.

—Diablos… —dijo frunciendo el ceño—, diablos…

—Señorita Adriana —mis ojos se movieron hasta Beth—, Emma dijo que usted dormía con mi papá en el sofá, ¿significa que va a ser mi nueva mamá? Quiero a mi otra mamá, pero usted es buena y yo… yo sería feliz, ¿va a ser mi mamá?

Adriana me miró, pero no dije nada, no podía decir nada, ni siquiera sabía que las cosas podrían complicarse de esta manera después de un poco de vino en la cocina.

¡En qué estaba pensando!

Me reproché como si eso fuera realmente a resolver las cosas. Quizás me había equivocado, sí, pero no me arrepentía. Adriana, sin lugar a dudas, era una mujer muy compatible conmigo en cualquier ámbito de la ca…

—Beth, cariño, no soy la… eh… nueva mamá de nadie —salí de mis pensamientos ante aquellas palabras—, yo… solo estaba ayudando a tu tío, ¡sí, eso es! —dijo Adriana apresurada—, tenía frío, así que hicimos una pijamada, pero solo somos amigos.

—La señora Patrish dice que los amigos no duermen juntos —miré a Emma y Adriana habló antes de que pudiera decir cualquier cosa.

—No dormimos juntos —ella me miró—, ¿verdad que solo te ayudé a no tener frío?

—Sí, sin… yo… tenía mucho frío.

—Exacto, por eso lo ayudé, pero mejor vayamos a desayunar —dijo Adriana poniéndose en pie—, vayan a la cocina, iré enseguida, piensen qué quieren para desayunar.

Las niñas asintieron y salieron del salón. Mis ojos se movieron por la mujer en pijama que ya no estaba sonriendo.

—No vamos a hablar de anoche —dijo de repente—, ni de lo que pasó y… Dios, esto fue un tremendo error.

—Fue un error genial, en realidad, nunca antes había sentido tanta química con alguien la primera vez que nos ac…

—¡No lo digas! —me interrumpió en pánico—, no hicimos nada, voy a darle de comer a las niñas, tú vas a ducharte y… y olvídalo todo, ¿sí?

—¡No! —respondí.

—¡Infiernos! —cortó ella antes de salir corriendo del salón hacia la cocina.

Mis ojos se clavaron en su pantalón de pijama y supe que ni en un millón de años podría olvidarme de aquella mujer, aunque ella parecía determinada a hacer lo contrario.

¿Por qué parecía molestarme aquello?




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